Viernes 19 de Abril de 2019

Demian Hernández:

Con ustedes, una nueva estrella

Protagonista de la cinta chilena “Tarde para morir joven”, el joven actor profundiza en cómo fue rodar en el universo de la directora Dominga Sotomayor, su acercamiento a las artes visuales y musicales y su tránsito de identidad de género después de terminar esta premiada cinta que se estrena el 25 de abril. Por Ernesto Garratt Viñes.

emian Hernández dice que no usa mucho el celular que ahora maneja —un modelo antiguo de iPhone— y que, antes de él, tenía uno de esos Motorola prehistóricos, que se abren y cierran.

De seguro, con ese teléfono sencillo y que solo sirve para llamar sería mucho más feliz. Pero las cosas han cambiado para este joven de 20 años desde que debutó como protagonista en “Tarde para morir joven”, nueva película de la directora chilena Dominga Sotomayor, que se estrena en cines la próxima semana. Ahora, Demian necesita estar al tanto de entrevistas y viajes, y sobre todo de las noticias que ha generado este laureado filme nacional —por el que Sotomayor ganó el premio a la Mejor Directora en el Festival de Cine de Locarno—, ambientado a inicios de los años 90 en la Comunidad Ecológica de Peñalolén.

Ahora, Demian requiere estar hiperconectado para hablar de algo que parece todo lo contrario: la saludable desconexión que hay y que se respira en la hermosa película de época que protagoniza en los nostálgicos años 1990, sin celulares, sin redes sociales ni intermediarios digitales para mandarse recados o comunicar qué le gusta a uno y qué no. Y para hablar de eso, el novel actor deja su móvil sobre la mesa del restorán Silvestre, del Barrio Italia, y no lo mirará durante toda la entrevista.

Su rol como Sofía, una adolescente que comienza un viaje de descubrimiento dentro de la Comunidad Ecológica de Peñalolén en “Tarde para morir joven”, es un viaje fílmico de bella factura que, para él, también ha sido el primer paso de un periplo artístico que nunca calculó ni menos planificó.

—Soy una persona que le gusta el cine a veces, pero mi relación con él es muy nueva, no me interesaba mucho antes, la verdad —dice.

A la película llegó porque una persona conocida de Dominga Sotomayor le contó que la directora estaba buscando jóvenes para su película, y que creía que él podría calzar para alguno de los personajes. Luego de reunirse varias veces con la cineasta, finalmente ella le pidió que encarnara el rol protagónico: una niña de 15 años, con madre ausente y aparentemente normal dentro de la comunidad.

—Es una niña rebelde, con el pelo corto, y es poco comunicativa. Una persona bien fría que conoce a un hombre, Ignacio (interpretado por el actor Matías Oviedo), se enamora de él y se enfrenta a su primer amor, a encontrarse con el deseo. Ignacio representa algo muy ajeno a la comunidad: es una persona que vive en la ciudad. Siento que representa un poco los anhelos de Sofía de escapar de este lugar, a pesar de que esta comunidad se plantea como un lugar de libertad y de salir del sistema… pero que para Sofía es como una burbuja.

Tiempo después de las filmaciones, el actor comenzó su proceso de transición en su identidad de género.

—Cuando tomé el personaje estaba en un momento muy incómodo de mi vida respecto a mi cuerpo, pero no tenía claridad. Pero apenas terminé el rodaje empecé a hacer esta transición —cuenta Demian—. No te puedo contar la típica historia de que cuando era niño me gustaba la ropa de hombre, o que me gustaban los juguetes de hombre, porque eso es muy ambiguo, no dice nada sobre el sentir de una persona. Para mí, la relación con el género es como una relación que tengo con mi cuerpo; es algo más allá de cómo me vista o cómo me presente o cómo me relacione con mi entorno. Es cómo yo logro conectarme con mi cuerpo y es una relación muy íntima. Entonces, al menos en ese momento, no lo tenía muy claro, porque siempre me han gustado cosas muy femeninas, tengo gestualidades femeninas, entre comillas; me gustan mucho las cosas de mujer, y las cosas de hombre también. No sé, me da lo mismo que sean de hombre o de mujer, no es tan relevante.

Durante todo este proceso, Demian Hernández ha encontrado una ventana en sus estudios musicales. Hoy, compone y usa su propia historia para encontrar qué decir en sus letras y música.

—Estoy haciendo composiciones básicas, muchas maquetas. Este proyecto habla mucho sobre mis procesos, mi identidad, mi perspectiva de mundo, entonces, quiero ser muy consecuente con este proyecto y trabajar con disidencias, con gente queer, que tampoco tenga tantas posibilidades ni el mundo tan abierto, porque el de la música, como todos los mundos, es un medio muy machista. Yo estudio música, y tengo que decir que no tengo ninguna compañera mujer, y ni hablar de gente trans, o de gente diferente; estoy en salas de clases con puros hombres. Entonces quiero armar este proyecto y darles espacio a esos personajes que no tienen tanta cabida en la música

—En este curso de puros hombres, ¿encuentras que has sido aceptado como eres, como artista, como persona?

—No sé si aceptado es una palabra que me guste mucho. No sé si quiero que me acepten tampoco, o no sé si quiero buscar aceptación, pero al menos siento que el respeto es algo básico, y no me interesa que me acepten, que les caiga bien a las personas, que me entiendan, porque quizás me aceptan, pero yo creo que nadie me entiende. De repente llego con algunos vestidos medios raros a la U, con unas pinturas medio extrañas, y la gente queda como: “Uuh, no sé qué onda esta persona, me dijo que era hombre”. Se espantan.

—Y tú, ¿cantas en las canciones?

—No canto porque me guste cantar, o porque me sienta cantante. Canto porque me gusta decir lo que escribí. Y con respecto al cine, me gustaría hacer otro personaje alguna vez. Me encantaría hacer el personaje de un hombre trans, sería lo máximo. En verdad, estaría abierto a cualquier proyecto, pero que hablara de temáticas que me importan, lo trans, lo queer.

Nacido y criado en Santiago de Chile, Demian Hernández cuenta que nunca había debido viajar tanto como durante la promoción de “Tarde para morir joven”. Entre los 13 y 16 años trabajó en modelaje publicitario, pero nunca debió timbrar su pasaporte como por estos días.

Para dar forma a su rol de Sofía, la adolescente que busca su destino en “Tarde para morir joven”, dice que usó mucho un método de improvisación, que, a pesar de lo azaroso que pueda sonar, fue ordenado y planificado.

—Siento que (el rodaje) fue bien improvisado, la verdad; no pensé cómo iba a construir mi personaje, no tenía una idea de cómo iban a ser las cosas. Dominga tampoco me pasó el guion. Recién lo hizo en la fiesta de fin del rodaje, cuando ya se había acabado todo. Ahí me dijo: “Ya, puedes leer el guion”. Parece un método de dirección improvisado, pero no. Hicimos trabajo actoral, nos preparamos antes de cada escena; había dos chicas que hacían coaching actoral y que nos guiaban también en cómo llevar las emociones —cuenta, y agrega:

—En ese tiempo entrenaba mucho, porque quería estudiar danza. Más que con el cine, me relacionaba mucho con las artes escénicas, con la relación con el cuerpo, el estar en escena. Me interesaba la actuación y me interesaban mucho las herramientas que te puede dar la actuación, entonces lo vi como una oportunidad para aprender y ampliar mi conocimiento, como un estudio, como un aprendizaje.

La actuación no es una prioridad, dice, pero tiene claro que sí le gusta el arte en general.

—No tengo claridad de lo que quiero hacer, pero me gusta eso, en cierto sentido: no saber qué quiero hacer con mi vida. Igual tengo algunas nociones. Ahora estoy estudiando música, pero no tengo un proyecto fijo que esté viendo la luz en una grabación. Soy bien estudioso, siempre estoy aprendiendo algo, siempre estoy estudiando, componiendo o leyendo. Me gusta picotear un poco de todo. Estoy en formación todavía.

Para su proyecto artístico, Demian Hernández ha encontrado apoyo de su entorno familiar en un cien por ciento. Sus padres lo apoyan y, de hecho, sus hermanas mayores han sido de alguna manera una influencia artística.

—Mi hermana mayor estudió cine y trabajó en la primera película de la Dominga, “De jueves a domingo”. No llegué por mi hermana al rodaje, llegué por otra circunstancia, fue más que nada coincidencia. Otra de mis hermanas estudia literatura y así… tengo un primo que estudió cine.

Demian Hernández sigue sin mirar su celular. El aparato telefónico descansa inerte sobre la mesa. Hablamos de esto: quizá hay una frivolidad extrema en la actualidad asentada en las apariencias de las redes sociales. Él dice que no cree que sea algo bueno o malo. Simplemente es. Y reflexiona con su punto de vista.

—Me relaciono mucho desde las imágenes. Me gusta ser imagen, me gusta verme, encuentro que la imagen es un lugar donde uno puede buscar cierto poder, puede llegar a ciertas cosas, y puede ser una muy buena herramienta. No creo que sea malo o bueno per se el guiarse por las apariencias; uno aprende a vivir con esas cosas si las lleva de la mejor manera, porque puedes ser muy superficial y, vivamos en la época en la que vivamos y vivamos en el lugar donde vivamos, igual van a haber personas superficiales siempre. Uno puede usar la imagen, pero puede ponerle un contexto, y le puede poner un fondo a la imagen.

Lo dice con convicción: es importante usar las imágenes para producir mensajes que puedan cambiar mentalidades.

Entonces, Demian toma su móvil.

—Este es el primer celular bacán que tengo —dice.

—¿Eran más simples tus teléfonos antiguos?

—No tanto, pero nunca me importó. Como hasta los 16 años tenía estos ladrillos. Igual ahora me encanta Instagram, me gusta mucho seguir a gente que me inspira en cosas todos los días, ver fotógrafos, entonces paso mucho tiempo allí y me encanta postear cosas, fotos. Estoy mucho más en Instagram de lo que me gustaría. Estoy súper atrapado, es como: “Necesito salir un poco de esto”.

—Pero, vamos, tienes 20 años.

—Igual no me queda otra. No me puedo restar de mi época tampoco.

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