Martes 2 de Julio de 2019

Salud mental adolescente:

14 años la edad de la alerta

Las psicopatologías que afectan a los estudiantes no parten en la universidad, sino antes: estudios han determinado que, en promedio, ocurre en esta etapa, que coincide con una serie de hitos del desarrollo individual. De ahí que un innovador proyecto encabezado por académicos de la Universidad de Chile buscó intervenir en esta fase, para prevenir trastornos mayores.

Por Sergio Caro. Ilustración Francisco Javier Olea.

Hace un par de meses, la noticia de que casi la mitad de los estudiantes universitarios —46 por ciento, según una encuesta de la Universidad Católica de Temuco— habían presentado síntomas de depresión y ansiedad generó alto impacto, ya que junto con mostrar una alta prevalencia —una investigación previa de la Universidad Austral registró un 27 por ciento de depresión severa— coincidió con protestas de alumnos que denunciaban sobrecarga académica. Sin embargo, los problemas empiezan antes, como señala la psiquiatra Vania Martínez, directora del Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (Imhay), que integran profesionales de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Ella explica que en estudios internacionales (como uno que abarcó ocho países, donde participaron universidades como Columbia y Harvard) se ha detectado que un tercio de los alumnos de educación superior tenían antecedentes de problemas de salud mental, de lo que se llegó a determinar que los 14 años es la edad promedio en que se manifiestan los primeros síntomas de psicopatologías que, sin una intervención oportuna, se pueden convertir en enfermedades severas en la adultez.

—Lo que se ha visto en los universitarios de primer año es que un tercio han presentado algún problema de salud mental antes, y cuando se les pregunta a qué edad comenzaron, la mayoría menciona 14-15 años, lo que coincide con el aumento en la prevalencia de cuadros de depresión y ansiedad—, afirma la doctora Martínez.

Según un estudio epidemiológico realizado en 2012 por un equipo de investigadores encabezado por el doctor Benjamín Vicente, director del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de Concepción, en Santiago la depresión severa afectaría a un 6,9 por ciento de los adolescentes de entre 12 y 18 años. Un 7,4 por ciento sufría de ansiedad y un 8 por ciento de trastorno disruptivo. El académico de la Universidad de Pittsburgh Neal D. Ryan estableció en 2005 que antes de llegar a la edad adulta, entre el 14 y el 25 por ciento de los jóvenes habrá experimentado al menos un episodio de trastorno depresivo. Para uno de los especialistas de mayor trayectoria en psiquiatría infantil y juvenil en Chile, el doctor Hernán Montenegro, los conflictos tienen que ver con la evolución del concepto de la adolescencia, algo relativamente nuevo, ya que solo a partir del siglo XX se le considera una etapa del ciclo vital del sujeto, en cambio hasta la Revolución Industrial se pasaba de niño a adulto cuando biológicamente se era apto para procrear. Hoy, el adolescente necesita además cumplir con determinados cánones sociales:

—La patente de adultez culturalmente la otorga la sociedad: ser reconocido como adulto significa independencia económica. Pero se necesita estudiar más para llegar a competir en la vida (y eso va generando) una moratoria entre sentirse adulto por la madurez biológica y el reconocimiento social de esa etapa.

Medición

Para el psicólogo educacional Mauricio Abarca, la adolescencia constituye “en términos fisiológicos, el cambio más grande del ser humano (después del nacimiento). Tu cuerpo está cambiando, estás luchando contra el sistema, tu entorno y contigo mismo”, a lo que se suman contradicciones como la búsqueda de pertenencia a un grupo y a la vez querer ser único. El profesional se desempeña en uno de los ocho liceos del área norte de Santiago que participaron en una experiencia pionera desarrollada por Imhay, el proyecto Fondecyt “Cuida tu ánimo”, orientado a detectar y tratar precozmente los problemas de salud mental.

Durante dos años (2017-18) se trabajó con alumnos de primero a tercero medio (“la etapa donde deberíamos apuntar a prevenir”, afirma la doctora Martínez). De un universo de 3.312 estudiantes, se evaluó a un 61 por ciento (2022) para determinar quienes podían ser parte de esta investigación, ya que por tratarse de una iniciativa que buscaba prevenir, se hacía necesario excluir a quienes ya presentaran problemas o estuvieran bajo tratamiento. En esta primera etapa se obtuvieron resultados como que un 25 por ciento presentó sintomatología depresiva mínima (poco riesgo de desarrollar depresión) y un 19 por ciento entre moderadamente severa y severa. Asimismo, el 16 por ciento señaló haber sido diagnosticado alguna vez con depresión. Un 28 por ciento registró riesgo de consumo de alcohol y otras sustancias y un 13 por ciento presentó riesgo suicida. El 10 por ciento declaró estar en tratamiento psicológico y un 3 por ciento estar con fármacos antidepresivos.

Luego de esta primera medición, quedó un universo de 947 alumnos que voluntariamente, y con autorización de sus apoderados, participaron en el programa, divididos en dos grupos. Todos utilizaron la plataforma web “Cuida tu ánimo”, de contenidos educativos (videos, animaciones) orientados a informar sobre problemas de salud mental. Asimismo, usando una clave de acceso, una de las partes accedía a responder cuestionarios en línea, en los que se identificaban señales de alerta para monitorear posibles psicopatologías. En estos casos, los jóvenes podían interactuar mediante chat con psicólogos y psiquiatras. Si se trataba de un problema mayor, se le derivaba a ser atendido presencialmente por un profesional. A los alumnos que quedaron fuera de la investigación también se les ayudó con atención.

El psicólogo Abarca lo compara con ir sacando fotos del estado de ánimo de los jóvenes, donde se podía ir midiendo variables como niveles de ansiedad y estrés, hasta condiciones más críticas como la ideación suicida (que no es lo mismo que suicidio). Abarca resume así la experiencia de participar en el programa:

—“Cuida tu ánimo” vino a hacer un escaneo general, que me dice de este listado de alumnos, ponle ojo porque esta es una situación que puede terminar con problemas mayores.

La directora de Imhay destaca la confidencialidad que para los usuarios significó funcionar a través de internet, un factor importante, dado el estigma que aún se asocia a la salud mental y que por ende limita la búsqueda de ayuda, ya que los afectados generalmente consideran que sus síntomas son pasajeros o que deben resolverlos por sí mismos. El proyecto aún no ha terminado, ya que el equipo se encuentra analizando los datos registrados durante los dos años de intervención. Sin embargo, resultados preliminares señalan que en seis meses sí hubo disminución en la sintomatología, medida a través de cuestionarios PHQ (Patience Health Questionaire), donde se establece una escala de 0 a 27 puntos para clasificar la sintomatología depresiva desde mínima o sin síntomas hasta severa. Al inicio del programa, los dos grupos participantes tenían 8,6 puntos (de 5 a 9 es sintomatología leve). El grupo control se mantuvo igual, mientras que el grupo intervenido bajó a 7,5. Vania Martínez explica que estadísticamente, un punto es significativo porque demuestra que la intervención tuvo el resultado esperado de reducir la sintomatología, considerando además que la prevención es lo más difícil de hacer en medicina.

Prejuicios y cambios

En “Cuida tu ánimo” se detectó que un 49 por ciento de los alumnos cree que la depresión es un signo de debilidad. El doctor Montenegro pone como ejemplo de los prejuicios en torno a la salud mental a los padres que prefieren acudir a un neurólogo, cuando se les recomienda llevar a sus hijos a un psicólogo o psiquiatra. Para la doctora Carla Inzunza, jefa del programa de la residencia de psiquiatría infanto-juvenil de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, es un error pensar que los menores están ajenos a los problemas de salud mental, ya que la complejidad de la sociedad actual deriva en que se presenten patologías desde edad temprana. La competitividad del sistema escolar puede generar por ejemplo problemas de ansiedad y el cambio en la vida familiar (hoy los niños están más solos porque ambos padres trabajan) implica menos contención.

—A los 7 años (un niño) no puede entender lo que le está pasando, solo ve que no se saca las mismas notas que sus demás compañeros, lo que le produce menoscabo (...). Si eso persiste en el tiempo, se puede amplificar—, explica la psiquiatra, por lo que si no hay una intervención oportuna, es fácil llegar a desarrollar una psicopatología ya a contar de la infancia.

Con mayor razón en la adolescencia, donde converge el desarrollo físico y emocional con la etapa donde el joven debe definir su futuro laboral. Hernán Montenegro lo define así:

—El sistema escolar es individualista y competitivo, solo se preocupa del desarrollo cognitivo y hace caso omiso del desarrollo emocional y social. Nunca se enseña a convivir. (Se basa en) premios y notas para que compitan por el primer puesto, y no ayuden al compañero para que no los supere en el ranking.

En nuestro país, los 14 años —cuando en promedio aparecen las patologías mentales— coinciden con el ingreso a la enseñanza media, que a menudo implica un cambio de establecimiento. El psicólogo Mauricio Abarca observa que a su liceo llega un contingente muy heterogéneo, lo que puede hacer más estresante el primero medio, ya que hay una nivelación donde los alumnos que no se adapten no van a poder seguir al año siguiente. También, aunque hay grupos que se conocen de otros establecimientos, cambiar de colegio implica conocer nuevos compañeros:

—Se generan amistades y también conflictos, que antes no se visualizaban tanto porque no estaban ahí digitalmente.

El profesional alude a las redes sociales, en particular a las páginas denominadas “confesiones”, donde se traspasan conflictos de la vida real y a menudo se genera ciberbullying, del que un 6 por ciento de los estudiantes declaró haber sido víctima en el último año.

La psiquiatra Vania Martínez explica que en esta etapa se producen cambios a nivel de desarrollo cerebral y del pensamiento, que pasa de ser concreto a uno de tipo hipotético-deductivo, donde empieza a reflexionar sobre el pasado y a pensar en el futuro:

—El adolescente cambia sus gustos, está más irritable, tiende a alejarse de la familia. Para los padres es difícil detectar si el cambio está dentro de lo esperable, del desarrollo normal de la adolescencia.

En ese sentido, define algunas señales de alerta para tener en cuenta ante posibles patologías:

—Es esperable que no se sientan seguros con su autoimagen, pero no que a raíz de eso empiecen a bajar de peso bruscamente o que (esto) le impida socializar con otros. También se espera que a esta edad estén irritables, pero no que peleen en todo contexto. Tampoco que se verbalice que la vida no tiene sentido, para qué nací o derechamente que haya conductas de hacerse daño.

La doctora Inzunza también alude a la ideación suicida, haciendo la diferencia con el concepto de muerte que es normal que se presente en esta etapa del desarrollo del pensamiento:

—Es normal que (el púber) enfrente que la vida tiene un fin. Te puede pasar que leíste a Nietzsche o que un amigo diga que pensó en morirse, o me puedo angustiar porque las cosas no me resultan (...). Es distinto pensar que la muerte es solución.

Agrega que además de la depresión, la bipolaridad es un factor de riesgo, que se asocia a personalidades inestables. Coincide en poner atención a la identidad corporal y en que los trastornos de conducta alimentaria, que si bien siguen presentándose mayoritariamente en mujeres, se observan más que antes en hombres:

—Es otro nicho donde debo aceptarme y genera mucho ruido, tiene que ver con patrones culturales, estereotipos de ser delgado o estéticamente bello. (Pero) sentirme bien con mi cuerpo termina siendo un fin en sí mismo, más que comprender lo que significa, que tiene que ver con un estado de equilibrio integral, es más importante estar sano física y mentalmente que ser delgado, que es lo que se vende.

Volviendo a la experiencia de “Cuida tu ánimo”, la doctora Martínez destaca las positivas opiniones de los estudiantes que participaron, que entre otras cosas valoraron tener un espacio para desahogarse, y también manifestaron que les gustaría que se trataran otros temas aparte de la depresión, como el bullying y el consumo de alcohol. En tanto, el Ministerio de Salud incluyó la página del programa en su guía de Recomendaciones para la Prevención de la Conducta Suicida en Establecimientos Educacionales. La experiencia también podría servir de base para desarrollar consultorías a distancia, en apoyo a equipos de atención primaria, para paliar en parte la falta de especialistas en salud mental en el sistema de salud. El equipo además espera perfeccionar la plataforma tecnológica, para que sea una aplicación de celular. Y ya se trabaja pensando en adecuar el programa para aplicarlo en los universitarios.

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