Miércoles 14 de Agosto de 2019

Mayor conciencia procrecimiento

Fijar la fecha de inicio de la depreciación instantánea puede promover la concreción de inversiones.

El Gobierno ha anunciado una indicación a la reforma tributaria que fijaría como fecha de partida del beneficio de depreciación instantánea el 1 de octubre próximo, independientemente de cuándo se apruebe la iniciativa. El texto original permitía, por dos años, depreciar en el país inmediatamente el 50 por ciento de la inversión realizada; en el caso de la Región de La Araucanía, la depreciación se elevaba al 100 por ciento. Sectores de oposición han mostrado su acuerdo con esta medida, pero han pedido aprobarla de manera inmediata y separada del resto de la reforma. El Gobierno, sin embargo, ve su proyecto tributario como una transformación comprensiva, donde cada parte expresa una visión de conjunto. Por ello, es poco factible que acepte tal petición.

Dentro de la lógica política, era anticipable esa primera reacción por parte de una oposición que ha cuestionado diversos aspectos de la reforma del Ejecutivo y buscado tensionar el debate. No es probable, sin embargo, que la ciudadanía tenga mucha tolerancia a la prolongación de este tipo de discusiones; antes bien, ella espera que el debate tributario se zanje razonablemente y sin extenderse en demasía. Más aún ahora, cuando el crecimiento se ha debilitado como resultado de una economía mundial desacelerada por factores como la guerra comercial entre China y Estados Unidos, pero también por elementos internos, como la lenta recuperación de la inversión y la falta de reformas suficientes para aumentar la eficiencia de la economía chilena. Precisamente, fijar la fecha de inicio de la depreciación instantánea puede promover la concreción de inversiones, pues existe evidencia en cuanto a que los incentivos que generaría estaban llevando a demorar decisiones de inversión en ciertos sectores productivos, a la espera de la aprobación de la reforma. Al despejarse el horizonte con la fijación de una fecha, esas inversiones podrían materializarse. Cabe recordar que este mecanismo opera aumentando contablemente los gastos y reduciendo así las utilidades tributables, lo que disminuye la carga impositiva y eleva los flujos de caja. Ello genera un incentivo para adelantar inversión o desarrollar proyectos que antes eran poco atractivos.

Con este anuncio se ratifica la señal que antes —en entrevista con “El Mercurio”— había entregado el ministro de Hacienda, en cuanto a la decisión de la autoridad de impulsar más resueltamente una agenda que promueva el crecimiento, adicional a la que ya se desarrolla a través de iniciativas valiosas, como las oficinas GPS y Open o la propia reforma tributaria, pero que no han logrado conformar una batería suficientemente agresiva. Antes, entre fines del año pasado y comienzos de este, hubo un período en que las autoridades parecieron no darle suficiente importancia a la desaceleración que se insinuaba. Es cierto que la situación internacional ha cambiado rápida e inesperadamente, pero aun así habría cabido esperar una agenda más proactiva. Hubo, en cambio, una innecesaria distracción discutiendo si las cifras iban a ser mejores que las anticipadas por los analistas. Hoy está claro que es muy difícil que el crecimiento anual alcance el 3 por ciento y no puede descartarse que se sitúe más bien cerca del 2,5 por ciento. Eso obliga, entonces, a poner un mayor foco en promover el dinamismo, buscando nuevas formas de incentivar la competencia. La portabilidad financiera anunciada hace poco va en esa dirección, pero, junto con ella, debería haber un espectro amplio de iniciativas similares. Por ejemplo, Perú dictó recientemente el decreto que concreta la liberalización del cabotaje marítimo, reforma que en Chile aún no se ha podido llevar adelante.

Hay, entonces, posibilidades —si las autoridades se lo proponen— de desarrollar una agenda más intensiva que promueva el crecimiento. Ello permitiría dejar atrás un clima de expectativas desalentadoras y una cierta percepción en cuanto a que el país no estaría disponible para sortear las barreras que limitan la posibilidad de dar un salto relevante en productividad y crecimiento.

Incógnita italiana

Tras la jugada de Salvini, todas las opciones parecen abiertas.

Una vez más, Italia enfrenta un período de inestabilidad política y de incertidumbre sobre el futuro del gobierno, lo que causa inquietud en los mercados y en la Unión Europea.

Era cosa de tiempo para que la populista coalición de gobierno se derrumbara. Los aliados, la Liga, de derecha, y el heterogéneo Movimiento 5 Estrellas (M5-S), tenían en común el rechazo al establishment y a la interferencia de Bruselas en la política italiana. Pero no mucho más. La competencia en las elecciones europeas de mayo develó la incompatibilidad de proyectos. Matteo Salvini —el líder de la Liga, que ha hecho de la lucha antiinmigración su bandera— considera que la alianza colapsó por diferencias irreconciliables. Puede que sea así, pero ese éxito electoral le hizo ver la oportunidad de modificar la relación de fuerzas con sus aliados en unas elecciones frescas, en las cuales podría encumbrarse a Primer Ministro.

Si en marzo de 2018 el M5-S obtuvo 33 por ciento y la Liga el 17 por ciento, los números se invirtieron en mayo pasado, y las encuestas incluso le asignan ahora entre 36 y 38 por ciento, lo que le daría una buena mayoría (en Italia hay un “bono” que le otorga el 55% de la Cámara al partido que obtenga más del 40 por ciento de los votos). Para que eso ocurra, el actual Ejecutivo, encabezado por el independiente Giuseppe Conte (designado por el M5-S), debe ser derribado por el Parlamento.

En efecto, Conte necesita que ambas cámaras le den un voto de confianza; si no lo hacen, cae el gobierno. En ese caso, las elecciones no son automáticas, puesto que el Presidente, Sergio Mattarella, podría intentar que se formara un “gobierno institucional” con la tarea urgente de aprobar un presupuesto afín a las metas que le impone la UE (para evitar que entre en vigor automáticamente un IVA del 25%) antes del 31 de octubre, y postergar las elecciones al menos hasta 2020.

Tanto el M5-S como el Partido Demócrata (PD, de izquierda moderada) no quieren un gabinete de Salvini, pero necesitan tiempo para recomponer sus filas. El PD está dividido entre los que apoyan comicios ya, y los que, como el ex Premier Matteo Renzi, prefieren el “gobierno institucional”, sin la Liga. Al M5-S no le apetece aliarse con el PD ni con Renzi, a quien combatieron con dureza cuando gobernaba, por haber negociado con Bruselas las políticas de austeridad, pero sopesan el mal menor. Una primera señal la dieron ayer, al unirse con el sector de Renzi para derribar en el Senado la propuesta de Salvini de haber debatido inmediatamente la censura contra Conte. Así, la idea de elecciones ahora ha sufrido un traspié, mientras parecen mejorar las perspectivas del “gobierno institucional” .

En ese escenario, Salvini —que pasó de la izquierda a la derecha extrema, al incorporarse a la Liga del Norte y transformarla en partido nacionalista antiinmigración y euroescéptico— ha adelantado que podría aliarse con el ahora eurodiputado Silvio Berlusconi, líder de Forza Italia (9% de los votos en mayo), y con los Hermanos de Italia, grupo nacionalista extremo. Pero además ha formulado al M5-S la tentadora oferta de apoyar su propuesta más emblemática, la de una reforma para reducir el número de escaños parlamentarios, a cambio de adelantar la elección.

De este modo, hoy todas las opciones parecen abiertas.

Situación económica argentina

Sin el auge de las materias primas, el espacio para que el kirchnerismo replique su esquema macro del pasado es muy pequeño.

Dramática ha sido la reacción de los mercados a los resultados electorales en Argentina. Al cierre de ayer, el principal índice bursátil había caído un 32% desde el cierre del viernes, mientras que el peso argentino se transaba en mercado minorista a 58,3 por dólar (y a 55,65 en mayorista), reflejando una caída de 25%. A su vez, el riesgo país —medido como el exceso de rendimiento exigido por inversionistas a los instrumentos de deuda del gobierno argentino— se elevó sobre el 17%, cifra solo superada a nivel mundial por Venezuela.

La magnitud e intensidad de estas correcciones dan cuenta de la sorpresa del resultado de las primarias del domingo, que trasunta una alta probabilidad de que el kirchnerismo vuelva al gobierno en las elecciones de octubre. La experiencia económica durante la gestión de Néstor Kirchner y Cristina Fernández es vista con profunda distancia por los mercados financieros internacionales y por los mismos argentinos, que han corrido a proteger sus ahorros en dólares ante la posibilidad de límites a la compra de divisas y temores a la inflación. Los controles de capitales, la manipulación de las cifras estadísticas, un aumento sostenido en la pobreza y caída en el crecimiento, un alto déficit fiscal y la alta inflación son algunas muestras del desastre económico de la época kirchnerista.

El gobierno de Mauricio Macri prometió corregir buena parte de esos desequilibrios durante su cuatrienio, y aunque en los primeros años las señales fueron positivas, el esquema macroeconómico aplicado —centrado en una corrección gradual del déficit fiscal— dependía excesivamente de la benevolencia con que los mercados trataran a los deudores argentinos, partiendo por el propio gobierno. En la medida en que la economía mundial creciera y que Argentina pudiera exhibir un avance decidido en sus reformas, la hipótesis era que el ajuste gradual permitiría equiparar la recuperación de los equilibrios macroeconómicos con la estabilidad social.

Ello no ocurrió. El avance lento en el ajuste de las cuentas fiscales y una serie de torpezas en el manejo institucional —como la intervención al manejo de la política monetaria en diciembre de 2017— terminaron por debilitar, y finalmente pulverizar, la credibilidad de los mercados y de los mismos argentinos respecto de la capacidad del gobierno para enderezar la situación económica. La devaluación del peso a partir de mediados de 2018 descarriló la convergencia de la inflación, y la agresiva política monetaria del Banco Central terminó por generar una profunda recesión. La inflación sobre 50% y la caída en el producto explican la debacle electoral del gobierno, aun teniendo al frente a una coalición cuyo legado económico es nefasto.

Hacia adelante, la dupla Fernández-Fernández tendrá un desafío inmenso en caso de triunfar. Sin el auge de las materias primas que aceitó su modelo populista, y que permitió también el auge de otros gobiernos de ese signo en la región, resulta inviable la aplicación de políticas de gasto fiscal expansivas sin llevar a la hiperinflación. En ese sentido, el espacio para que el kirchnerismo replique su esquema macro de los años anteriores es muy pequeño. El candidato Alberto Fernández ha insinuado que la llave para la recuperación está en permitir una baja sustancial de tasas de interés y una depreciación del peso que vuelva competitivas a las exportaciones argentinas. No deja de tener razón. Con tasas cercanas al 75%, la posibilidad de recuperación económica es nula. Lo inviable, ciertamente, es una política de baja de tasas y flotación cambiaria sin un fuerte ajuste fiscal y una creíble independencia de la autoridad monetaria que ponga atajo a la espiral inflacionaria que ello podría desatar. Desafortunadamente, la responsabilidad fiscal y el respeto por la autonomía del Banco Central no forman parte del legado de los gobiernos kirchneristas. Habrá que ver si esta vez es diferente.

Argentina y la izquierda chilena

¿Quién podría defender unos supuestos “ideales del socialismo”, si por tercera vez el programa de las izquierdas se concretase en carne y hueso en la misma persona?

Durante la noche del domingo pasado, el red set nacional celebró con entusiasmo.

A medida que se conocían las noticias que le daban una amplia ventaja a Fernández y Fernández sobre Macri, se instalaba en las reuniones del socialismo criollo ese grato sentimiento de superioridad que otorgan los votos, esa brisa suave que aliviaba la amargura de una derrota aún fresca en Chile.

Una vez más, el eslogan de las izquierdas latinoamericanas parecía recobrar toda su fuerza: “dirigentes del mundo, uníos”. La sensación de haber comenzado a recuperar desde Buenos Aires y para el mundo, viste, una posición de preeminencia, hinchó los corazones de los izquierdistas criollos.

Pero… pero ellos también saben reflexionar. Y después de un instante de euforia, al detenerse en una más ponderada consideración del triunfo kirchnerista en primarias, aparecieron nuevas preocupaciones. El red set es red, pero no nerd.

Si parece que Cristina puede renacer desde las cenizas —desde el fango, más bien—, ¿por qué no Michelle? Sí, Bachelet III, qué maravilla y ¡qué miedo!

Qué miedo para las izquierdas chilenas, ya que si se encandilaran de nuevo con la diosa del socialismo nacional, estarían una vez más condenando a todos los mortales a una vida siempre alejada del Olimpo. Ximena Rincón, Ricardo Lagos Weber, Heraldo Muñoz, Óscar Landerretche, José Miguel Insulza y demás humanos: olvídense de la posibilidad de acceder a un recinto reservado solo a Ella. Socialistas: piensen en liderazgos que hoy ronden los 25 a 35 años de edad, porque mientras haya Bachelet disponible, todos los que pertenezcan a la generación de la expresidenta quedarán eclipsados. Ustedes la construyeron, ustedes la mitificaron: ahora, si la reciclan, aguántense.

Además —estarán pensando los dirigentes de las izquierdas chilenas—, ¿qué hacemos con el PC? Porque no cabe duda que a los comunistas esto de la mitología, esto del endiosamiento de una figura, los tiene sin cuidado (si por el bien de la causa tuvieran que sacrificar a Camila o a Karol, no lo dudarían). A Michelle la consideran lo suficientemente humana, después del informe sobre Maduro, como para no ofrecerse en holocausto. Entonces, ¿cómo sumar a los comunistas al proyecto Bachelet III? Nada fácil, exigirían mucho, condicionarían, una vez más.

Y si agacharan el moño con tal de intentar el regreso al poder, ¿quién convence a la DC para que se sume a una nueva Nueva Mayoría con los comunistas dentro? Nadie. O sea, si Michelle concitara el apoyo de los comunistas, dejaría afuera a la DC; y sin los comunistas, empujaría al PC a una alianza con el Frente Amplio, pacto lleno de novedad y atractivo.

Más aún: Bachelet no solo impediría los nuevos liderazgos y haría casi imposible la asimilación de los comunistas, sino que, además, si la izquierda quisiera postularla de nuevo, se sumaría otro drama: ¿cómo convencer a los chilenos de que, con una candidatura de Michelle para un tercer período, la izquierda tiene realmente un proyecto y no es simplemente un revoltijo de hormonas que se enfocan en un solo objetivo, el puro, desvergonzado y placentero goce del poder? ¿Quién podría defender unos supuestos “ideales del socialismo”, si por tercera vez el programa de las izquierdas se concretase en carne y hueso en la misma persona, solo por sus carismas comunicacionales? ¿Qué le quedaría a Bachelet, después de su pésima gestión anterior, sino ofrecerle a Chile lo peor de lo mismo?

Por eso, después de la euforia inicial, seguramente las izquierdas chilenas han sacado cuentas más ponderadas, más inteligentes. Si a futuro se consolida la victoria del equipo kirchnerista en la Argentina, ¡en qué mala hora, Cristina!

Si desea comentar esta columna, hágalo en el blog

Eugenio Chahuán

Si hay personas que dedican su vida y afanes a la docencia y la investigación universitarias, pocas podrían decir que lo hicieron con el tesón y el entusiasmo que Eugenio Chahuán demostró a lo largo de su trayectoria en la Universidad de Chile. En el Centro de Estudios Árabes, al cual permaneció ligado con su esposa, Marcela Zedán, siempre estuvo proponiendo iniciativas y buscando nuevos cauces para la cooperación y el entendimiento entre las culturas.

No solamente por los cursos y conferencias sobre el mundo árabe islámico será recordado. Critilo observa que introdujo importantes innovaciones docentes y colaboró eficazmente en las tareas de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Así lo recordó el decano Carlos Ruiz en su sepelio. Su libro “El Dante árabe” ha sido celebrado por los especialistas como un definitivo aporte al conocimiento de las influencias del Islam y las tradiciones árabes sobre la Divina Comedia. Las numerosas tesis que dirigió lo convirtieron, para generaciones de estudiantes, en un guía amable, de sólida cultura y de infatigable compromiso con la tarea formativa.

Queda, para sus familiares, amigos y colegas, el recuerdo imborrable de una vida dedicada al estudio y la reflexión.

ANDRENIO

VOLVER SIGUIENTE