Miércoles 14 de Agosto de 2019

El zoológico una responsabilidad compartida

Los animales son buenos amigos, no hacen preguntas y tampoco critican George Eliot

Se piensa que el primer zoológico fue creado por Hatshepsut, reina-faraona egipcia que en 1500 a. C. envió una expedición a la tierra de Punt —costa africana del océano Índico, hoy Somalia— en busca de animales exóticos para exhibir en un enrejado recinto privado. En China, la idea de coleccionar animales fue popular en el siglo II a. C., y el rey Wen de Zhou, de la dinastía Shang, creó un lugar llamado Ling-Yu o “Jardín de la Inteligencia”, que consistía en un parque cercado de 6 km{+2} donde se podía admirar a estas bestias. En Europa, los más de 40.000 km recorridos por Alejandro Magno (356-323 a. C.) durante sus conquistas favorecieron a Grecia como el lugar para establecer el primer parque zoológico público, honor antes reservado únicamente a invitados especiales. Los romanos coleccionaban animales para sus espectáculos circenses, y más tarde, durante la Edad Media, en Francia aparecieron las ménageries o “casas de fieras”, lugares donde animales se peleaban entre sí con el solo fin de entretener a una aburrida y decadente aristocracia. Hoy, la misión de los zoológicos ha cambiado dramáticamente y su función es más bien educativa. La destrucción del planeta debido al cambio climático, sumado a la sistemática aniquilación de animales, ya sea por ignorancia o razones económicas, ha generado un futuro incierto y desesperanzador. Depende ahora de nosotros reorganizar prioridades y decidir de una vez por todas en qué mundo deseamos vivir; porque como dijo una vez la famosa primatóloga británica Jane Goodall: “Lo que hacemos hace una diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer”.

Revuelo mundial por investigación de la agencia Associated Press:

Plácido Domingo enfrenta graves denuncias de acoso sexual

El legendario cantante afirmó en un comunicado que “yo creía que todas mis interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y consensuadas”. Críticos y melómanos se refieren a este episodio.

Maureen Lennon Zaninovic

La noticia dio la vuelta al mundo. Los principales medios —hasta los matinales de televisión— replicaron una información revelada ayer por Associated Press (AP). Según esta agencia, ocho cantantes y una bailarina habrían asegurado que sufrieron acoso sexual por parte de Plácido Domingo (1941), en diferentes citas, a lo largo de tres décadas y a partir de fines de los 80.

Solo una de las nueve mujeres aceptó ser identificada: Patricia Wulf, una mezzosoprano que cantó con esta legendaria voz en la Ópera de Washington. Según la agencia estadounidense, Domingo presionó a las supuestas víctimas, mujeres jóvenes en los inicios de su carrera, para que mantuvieran relaciones sexuales con él a cambio de trabajos, y llegó a castigar profesionalmente a las que se negaban. Las denunciantes —dice la agencia— también hablaron de tocaciones y besos forzados.

Además, informa que otra media docena de mujeres habría asegurado que las proposiciones sexuales de Plácido Domingo les hicieron sentir incómodas y que alrededor de 36 cantantes, bailarines, músicos, personal técnico, entre otros profesionales consultados, habrían presenciado un comportamiento inapropiado por parte del artista. Muchas de estas mujeres relatan que sus compañeros les advirtieron que nunca se quedaran a solas con el músico madrileño, ni siquiera en un ascensor. El consejo era, según relataron a AP, “evitar la interacción con él a toda costa”.

Tras la revelación de la agencia, el propio cantante envió un comunicado. “Las acusaciones de estas personas no identificadas, que se remontan hasta 30 años, son profundamente preocupantes e inexactas tal como se describen”, señaló. Y dijo que “aún así, es doloroso saber que puedo haber molestado a alguien o haberles hecho sentir incómodas, sin importar cuánto tiempo haya pasado y pese a mis mejores intenciones. Yo creía que todas mis interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y consensuadas. La gente que me conoce o ha trabajado conmigo sabe que no soy alguien que dañe, ofenda o avergüence a propósito”. El popular intérprete concluyó que “reconozco que las normas y estándares por los que se nos mide hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado”.

Las reacciones no se hicieron esperar. La Asociación de Orquestas de Filadelfia confirmó —mediante un comunicado— que le retiró su invitación a un concierto programado para el 18 de septiembre. Mientras que la Ópera de San Francisco (California) canceló el que iba a dar el próximo 6 de octubre. Por su parte, la Ópera de Los Angeles (California) —de la que el tenor es director general— emitió ayer otro comunicado de prensa y anunció una investigación de los hechos, siguiendo su política de recursos humanos.

“En el mundo de

la ópera pasan cosas así”

Gladys del Peso, reconocida melómana chilena, señala que “antiguamente se decía que a las sopranos que les iba bien, era por que Plácido Domingo las ‘apoyaba', pero nadie fue capaz de corroborar esta información, e incluso su esposa, Marta, muy sabia, tampoco les dio mucho crédito a estas versiones”. Del Peso añade que “después de mucho tiempo es muy difícil hablar de acoso y creo que puede haber razones económicas detrás de estas denuncias”.

La directora de asuntos culturales de la Cancillería, Maritza Parada, hermana de la legendaria cantante chilena Claudia Parada (1927-2016) y quien conoció a Domingo en 1967, señala que “no me constan las denuncias de acusaciones. Conmigo y con mi hermana siempre fue un caballero. Me da pena toda esta ‘alaraca'. Mejor escuchemos su voz”.

La soprano argentina Mónica Ferracani, quien se encuentra en nuestro país para cantar “Madama Butterfly” en el Teatro Regional del Biobío, participó en Operalia, el concurso de talentos organizado por Domingo. Comenta que “no quiero personificar las denuncias en este artista, pero es sabido que en el mundo de la ópera pasan cosas así. Hoy las mujeres tienen mayor fuerza y alzan la voz”.

La artista expone “Si tú vivieras aquí”

Martha Rosler en el MAC: cuatro rasgos de su obra

Hasta octubre, el museo del Parque Forestal presenta una retrospectiva con videos, fotos e impresiones de esta creadora estadounidense, que aborda temas como la guerra, la gentrificación y la cotidianidad íntima, siempre desde una mirada crítica y feminista. Aquí, razones para verla.

Daniela Silva Astorga

HUMOR NEGRO

Martha Rosler (1943), teórica y artista visual, además de feminista, trabaja temáticas de corte político, con mirada crítica y bastante investigación. “Pero, al mismo tiempo, tiene la capacidad de transmitirle al público una ironía casi negra. En sus trabajos hay humor, y eso se ve en varias obras de la exposición del MAC Parque Forestal. Te hacen sonreír. Exagera un personaje para crear un efecto de extrañeza irónica. Es una lectura menos evidente de su quehacer, pero está ahí y es importante. Se percibe, por ejemplo, con claridad en su serie ‘House Beautiful: bringing the war home', que aborda la guerra de Vietnam”, comenta Mariagrazia Muscatello, quien organizó y curó esta exhibición con Montserrat Rojas.

CRÍTICAS A SU PAÍS

En los años 60, cuando iba a marchas en contra de la guerra de Vietnam, Rosler creó una serie de fotomontajes que mezclan imágenes de revistas de decoración y estilo con registros del conflicto. Con esas obras, la autora ya criticaba el “living room war”, el fenómeno de mirar la guerra a través de la televisión, que luego se expandió con la guerra de Irak. “Para mí, ella es pionera, visionaria. Con sus cuestionamientos, anticipó este carácter de show que tomaron las transmisiones, y el cómo la gente veía la guerra continuando con su vida igual”, dice Montserrat Rojas. Mientras Claudia Zaldívar, directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, complementa: “Rosler, que es una de las artistas más importantes de la actualidad a nivel internacional, ha tenido una visión crítica frente a las políticas de intervencionismo de Estados Unidos desde que era estudiante”.

ARTE DE AYER, TEMAS DE HOY

“Rosler es parte de una generación de artistas que plantearon las relaciones entre feminismo y crítica a la sociedad posmoderna en cuanto al sentido ético y a la violencia social, política y de género. Destacaría también a Valie Export, Yoko Ono, Ligia Pape, Ana Bella Geiger y Teresa Burga. Y en Chile, a Cecilia Vicuña, Paz Errázuriz y Lotty Rosenfeld. Ellas plantearon las preguntas que generaciones contemporáneas están retomando, lo que hace que estas obras estén vigentes y dando su rendimiento crítico y simbólico en el presente”, dice Voluspa Jarpa, quien expone una obra en “Si tú vivieras aquí”, tal como Bernardo Oyarzún y Máximo Corvalán-Pincheira, entre otros chilenos. Y Luis Alarcón, de Galería Metropolitana, suma: “Esta muestra de Rosler es como un ejercicio extendido de archivos desclasificados, con obras suyas y de chilenos, que nos interpela para repensar el complejo y problemático presente, tanto de Chile como del mundo, además de vislumbrar nuevamente la posibilidad de transformación”.

La industria de la música clásica en la era del #MeToo

Juan Antonio Muñoz H.

Lo primero es que hay que abordar el caso con mucho respeto y jamás desoír lo que dicen quienes denuncian. De otra forma se cae de inmediato en la negación, que es lo que ha conducido a la situación que vivimos hoy en muchos ámbitos. También hay que escuchar al denunciado, por cierto. Plácido Domingo no es el primero en recibir acusaciones de este tipo en el mundo de la ópera; antes que él las recibieron, entre otros, los directores James Levine y Daniele Gatti, con serias consecuencias para su prestigio personal y sus carreras.

En 2017, centenares de cantantes líricas suecas apelaron contra el sexismo y el acoso sexual en su entorno profesional de parte de cantantes más famosos que ellas, de directores musicales, agentes y también de directores de teatros. Incluso la mezzosoprano Tove Dahlberg denunció que algo parecido sucedía en el mundo de los conservatorios musicales, entre maestros y alumnos. También en Noruega, aproximadamente en la misma fecha, cerca de mil músicos y cantantes líricos hicieron un llamado a terminar con el abuso sexual en la industria musical clásica.

Pienso que es algo que se da y desde hace mucho tiempo; quizás antes más que ahora. Hay que considerar que el mundo en que vivió Plácido Domingo en sus años de gloria, los 70 y los 80, era bastante más laxo que el actual en estos términos: el #MeToo ha puesto freno a ciertas situaciones y hoy todos se cuidan más. En muchos teatros europeos existen normas muy claras a este respecto, por lo que no sería raro que comience una seguidilla de desvinculaciones contractuales para Domingo. Los propios sindicatos —de orquesta, coro, tramoya— pueden empezar a negarse a trabajar con alguien sobre quien pesan acusaciones de este tipo.

También el #MeToo ha sido cuestionado. Lo hizo, por ejemplo, la mezzosoprano Anne Sofie von Otter, tras el suicidio de su esposo, Denny Fredriksson, quien se quitó la vida en marzo de 2018 después de la publicación de denuncias en su contra. Fredriksson era el director del Kulturhuset Stadsteatern de Estocolmo, en el que llevaba trabajando 16 años, y fue señalado como un hombre que “se comportaba como un caprichoso dictador que toleraba el abuso sexual y acosaba a sus propias empleadas”. Él no pudo soportarlo. “La mentalidad gregaria, de rebaño, se ha hecho con el control y es una amenaza para el pensamiento crítico e independiente”, dijo Von Otter a “Die Zeit”, sobre el #MeToo, llamando a tener responsabilidad a la hora de las denuncias.

ELLA ES SU OBRA

“Así como ocurre con Cindy Sherman (1954), Rosler es una artista que se ubica al centro de la producción de su obra. Es decir, ocupa su propia identidad y la relación íntima con su entorno para presentar el estado de la sociedad a través del arte. Es una creadora absolutamente concentrada en el presente y a partir de su obra genera una reflexión crítica de su entorno. Es como un espejo. Por todo eso, en parte, es tan interesante su trabajo”, afirma Enrique Rivera, director de la Bienal de Artes Mediales, evento continuador de la Bienal de Video y Nuevos Medios, que antes dirigía Néstor Olhagaray. Fue él quien invitó a Rosler a Chile en 1995. En esa oportunidad la artista hizo una serie de fotografías que ahora se exhiben en el MAC, junto con el video “NAFTA”.

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