Miércoles 14 de Agosto de 2019

Dudas sobre la diplomacia argentina

Elecciones, relaciones con vecinos y acuerdos: los efectos en la región de la derrota de Macri

La victoria kirchnerista en las primarias tensó los vínculos con socios del país y amenaza los pactos firmados por el gobierno.

Nicolás García de Val

Si esa izquierda vuelve a Argentina, nosotros podremos tener en Rio Grande do Sul un nuevo estado de Roraima (donde llegan miles de refugiados venezolanos), y no queremos eso, hermanos argentinos huyendo para acá”.

Jair Bolsonaro

Presidente de Brasil.

Celebro enormemente que hable mal de mí un racista, un misógino y un violento, un tipo que celebra la tortura sobre (la expresidenta) Dilma Rousseff”.

Alberto Fernández

Candidato presidencial kirchnerista.

El revés que sufrió el Presidente argentino, Mauricio Macri, en las primarias del domingo —donde obtuvo 15 puntos porcentuales menos que su principal rival— dejó prácticamente sentenciadas las elecciones de octubre, pero el triunfo kirchnerista también tuvo un impacto inmediato en la diplomacia del país y podría repercutir en los comicios regionales y en algunos acuerdos internacionales.

Uno de los primeros en reaccionar a la derrota de Macri fue su amigo, el Presidente brasileño, Jair Bolsonaro. El mandatario aseguró el lunes que una victoria de Alberto Fernández —quien intenta llegar a la Casa Rosada con la expresidenta Cristina Fernández (2007-2015) como compañera de fórmula— podría provocar un éxodo de argentinos rumbo a su país y convertir a Rio Grande do Sul en un “nuevo estado de Roraima”, donde han llegado miles de refugiados venezolanos.

No es la primera vez que Bolsonaro se refiere al tema, antes había dicho que “si vuelve la gente de Cristina” Argentina tendría “serísimos problemas”.

“Respetaré la institucionalidad brasileña, pero en términos políticos yo no tengo nada que ver con Bolsonaro”, sostuvo el Alberto Fernández. “Celebro enormemente que hable mal de mí un racista, un misógino y un violento, un tipo que celebra la tortura sobre Dilma Rousseff”, la exmandataria de Brasil (2011-2016) que fue detenida y torturada durante la dictadura militar en ese país.

Enemistarse con su vecino podría traerle problemas al kirchnerista: Brasil es el principal socio comercial de Argentina. El comercio entre ambos países en 2018 representó el 22,8% del total argentino, el mayor valor desde 2013, según la Cámara Argentina de Comercio y Servicios.

Los expertos concuerdan en que los efectos de la victoria kirchnerista del domingo podrían cruzar las fronteras argentinas y repercutir en las campañas electorales de la región, especialmente en Uruguay y Bolivia, que tienen comicios presidenciales en octubre. “El triunfo de la oposición en Argentina ya lo está usando el Movimiento al Socialismo (MAS, el partido de Morales) a su favor. Sugiere que el modelo económico boliviano no debe ser cambiado por ningún Macri y que debe ser mostrado como lo opuesto y triunfal frente al neoliberalismo”, dijo a “El Mercurio” el analista político boliviano Carlos Toranzo.

Morales —estrecho aliado de los mandatarios Néstor Kirchner y Cristina Fernández— aseguró ayer que la derrota de Macri es “una rebelión” de los argentinos contra el “modelo económico del FMI”, que el año pasado aprobó un préstamo de US$ 56.000 millones al gobierno de Macri.

Consecuencias futuras

Alberto Fernández ha mostrado un discurso más moderado en política exterior que el que tuvo su compañera de fórmula durante su gobierno. Sin embargo, la posición de Argentina en el panorama regional podría alterarse si el opositor triunfa en las elecciones de octubre.

Macri ha sido uno de los líderes del Grupo de Lima (del que forma parte Chile) que más fuertemente se han opuesto al gobierno de Nicolás Maduro, uno de los grandes aliados de los Kirchner. Alberto Fernández reconoció ayer que Venezuela “tiene un régimen autoritario, que se hace muy difícil objetivamente defenderlo”, pero no llegó a hablar de “dictadura” y ha mostrado una posición “más benévola” hacia Caracas, similar a la de México y Uruguay.

El actual Presidente argentino también ha sido uno de los defensores de conseguir una mayor integración entre el Mercosur, del que forma parte su país, y la Alianza del Pacífico. Hasta ahora solo es una idea, pero podría perderse después de octubre. “La evidencia muestra que los procesos de integración avanzan cuando quienes participan de ellos comparten ciertos lineamientos de política comercial y un gobierno de la oposición en la Argentina difícilmente encontraría muchos puntos de convergencia con la orientación predominante entre los miembros de la Alianza del Pacífico”, dijo a este diario Roberto Bouzas, experto argentino en política y economía internacional de la Universidad de San Andrés.

El recién alcanzado Acuerdo de Asociación Estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), también peligraría. “Si tenemos que revisar los acuerdos que Macri está firmando por el mundo, lo vamos a hacer. No me asusta la firma de un acuerdo con la UE, lo que sí me asusta es que ese acuerdo nos castigue más de lo que nos han castigado”, dijo Fernández recientemente en el congreso del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor.

El equipo de los Fernández

Las relaciones internacionales durante un cada vez más probable gobierno de Alberto Fernández dependerán en gran parte de los nombres que escoja, y hoy son tres los que se barajan para conducir su política exterior, según el diario Clarín.

En primer lugar está Jorge Argüello, quien fue embajador ante la ONU, ante EE.UU. y ante Portugal durante los gobiernos kirchneristas y es amigo con el candidato a Presidente desde los años 90.

Otra opción es el excanciller Jorge Taiana (2005-2010), quien se fue del Ejecutivo tras pelearse con Cristina Fernández, pero corrió en su lista a senadores en 2015.

El último nombre es Felipe Solá, quien trabajó como gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 2002 y 2007 y hoy es diputado por la misma zona.

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Oficialismo debate sobre el rumbo hacia octubre

Partidos piden a Macri más diálogo y “correcciones políticas”.

La contundente derrota en las primarias del domingo ha sacudido a la coalición de centroderecha del Presidente Mauricio Macri. Por eso, sus principales socios empezaron ayer a llamar al mandatario para que haga modificaciones en su gestión, de cara a los comicios generales de octubre.

Uno de los mensajes vino desde la Unión Cívica Radical, un partido tradicional que integra el pacto Juntos por el Cambio con el PRO de Macri y la Coalición Cívica. El diputado radical Mario Negri, además jefe de la bancada oficialista, pidió a Macri “diálogo político” con la oposición “sin sobreactuación”, ya que “el país es más que una elección”. El legislador dijo al canal LN+ que es necesario que el oficialismo reconozca que le “avisaron que hay un problema en la relación con el gobierno”.

Por otro lado, la fundadora de la Coalición Cívica, y emblemática diputada oficialista, Elisa Carrió, sostuvo ayer un encuentro con Macri, que calificó de “excelente”. “Compromiso y trabajo conjunto de correcciones políticas y económicas y la confianza de la victoria en octubre”, tuiteó tras la reunión, realizada luego de haber reclamado públicamente ciertas políticas a favor de las pymes.

Según Clarín, tanto Carrió como Negri convergen en la idea de impulsar propuestas a favor de la clase media en el Congreso, como parte del plan por mejorar las posibilidades de cara a las elecciones de octubre.

El mismo diario reportó que la noche del lunes Macri cenó con dirigentes del PRO —como la actual vicepresidenta, Gabriela Michetti; el jefe de gabinete, Marcos Peña, y la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal—, donde hubo críticas al mensaje presidencial tras la derrota en el que responsabilizó al kirchnerismo del impacto en los mercados. Según los comensales, el discurso debería haber servido para aportar calma y relanzar la campaña.

También se le habría sugerido impulsar una reunión con el candidato opositor, el peronista Alberto Fernández, a lo cual el actual mandatario no ha accedido por ahora.

En paralelo a los llamados de sus aliados, Macri retomó su agenda como jefe de Estado. Ayer, por ejemplo, recibió y felicitó a algunos de los deportistas argentinos que compitieron en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

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Argentina sigue cavando su propia fosa

ANDRES OPPENHEIMER

Un chiste medio macabro sobre la costumbre argentina de elegir líderes populistas dice que si regresas al país después de una semana, todo ha cambiado, pero si retornas después de 30 años, nada ha cambiado.

De hecho, la victoria aplastante de la fórmula peronista encabezada por el candidato presidencial Alberto Fernández y la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones primarias del domingo casi garantiza que el populismo peronista ganará las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Si la historia nos dice algo, es que eso haría más difícil que Argentina se convierta en un país económicamente viable.

La fórmula Fernández-Fernández derrotó al Presidente Mauricio Macri con el 47 por ciento y 32 por ciento de los votos, respectivamente, un margen mucho mayor de lo que las encuestas habían anticipado. Los peronistas han gobernado el país la mayor parte del tiempo desde 1945.

Como era de esperar, los mercados argentinos colapsaron el día después de la victoria de la fórmula Fernández-Fernández en las primarias, y muchos argentinos se apresuraron a comprar dólares. Ya han visto esta película muchas veces antes.

Con pocas excepciones, los gobiernos peronistas gastan mucho más allá de los ingresos del país, son notablemente corruptos, y luego culpan a otros —ya sea Estados Unidos, al Fondo Monetario Internacional o al chivo expiatorio del día— por las inevitables crisis económicas que ellos mismos causan con sus políticas irresponsables.

El gasto público de Argentina casi se duplicó durante los gobiernos populistas de Néstor Kirchner (2003-2007) y su viuda Cristina Fernández (2007-2015), cuando el país disfrutó de un auge sin precedentes gracias a los altos precios internacionales de las materias primas. Durante los gobiernos de los Kirchner, el gasto público se disparó del 23 por ciento del PIB al 41,3 por ciento, según el Fondo Monetario Internacional.

Por la impresión que me dio en una entrevista, Macri temía que un recorte repentino en los subsidios sociales provocaría disturbios, haría que el país fuera ingobernable. Apostó a que la economía mundial lo ayudaría a atraer inversiones, pero varios eventos (el aumento de las tasas de interés de EE.UU.; una grave sequía; la recesión económica en Brasil, y la crisis turca de 2018, que perjudicó a los mercados emergentes) frustraron sus expectativas.

Según un estudio del Banco Mundial de 2018, Argentina es el país del mundo que ha tenido más recesiones desde 1950, después de la República Democrática del Congo. Durante ese período, Argentina ha tenido 14 recesiones, lo que significa que ha vivido en recesión durante, aproximadamente, un tercio del tiempo.

Como legado de los gobiernos de Kirchner, Argentina ahora tiene solo 9 millones de trabajadores del sector privado que están pagando por un total de 15,3 millones de empleados gubernamentales y pensionados. En comparación, Chile tiene 9 millones de trabajadores del sector privado que están pagando por un total combinado de 9 millones de trabajadores y jubilados del Estado, una proporción de uno a uno.

No es casualidad que Chile, Perú, Corea del Sur y muchos otros países que atrajeron inversiones con un clima de negocios más amigable al sector privado lograron reducir la pobreza mucho más que Argentina.

¿Qué pasará ahora? Quizás tratando de ponerle buena cara al mal tiempo, algunos economistas están poniendo sus esperanzas en que Alberto Fernández sería más moderado que Cristina Fernández.

Alberto Fernández es, de hecho, más pragmático que Cristina Fernández, y su buen resultado el domingo podría darle una mayor influencia dentro de su partido.

Pero el hecho es que fue elegido a dedo como candidato presidencial por Cristina Fernández. Es ella quien controla el partido y quien tendría un poder formidable si la fórmula Fernández-Fernández gana en octubre.

El chiste sobre lo que encuentra un viajero si regresa a Argentina después de una semana y después de 30 años es muy cierto. Todo ha cambiado, y nada ha cambiado.

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