Viernes 6 de Septiembre de 2019

“Bru o el exilio de la memoria”:

Reconstruyendo a Roser Bru

Las secuelas de un accidente cardiovascular en 2015 dejaron a la pintora chileno-catalana y premio nacional de Arte Roser Bru con una memoria frágil. Su nieta, Amalá Saint-Pierre, junto al colectivo Mákina Dos y el director Héctor Noguera tomaron el desafío de rescatar 96 años de recuerdos, personales y colectivos, para llevarlos a esta obra que se estrenó el día de ayer en el GAM. Por Michelle Martínez Collipal

l 24 de agosto de 2015, la pintora chileno-catalana Roser Bru recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Su nieta menor, la actriz y gestora cultural Amalá Saint-Pierre (36), se enteró a las dos de la tarde. Había pasado todo ese mes armando una postulación al Fondart de ese año para tener financiamiento y levantar una investigación sobre la vida de su abuela.

—La postulación cerraba a las cinco de la tarde —recuerda Amalá—. Entonces, en la última media hora, antes de mandarla, logré incluir la noticia de que, aparte de lo importante que era llevar el proyecto a cabo, a estas alturas se trataba de una premio nacional de Arte.

Esa vez no ganaron el Fondart, y solo dieciséis días después de esa tarde de agosto, en la madrugada del 9 de septiembre, Roser Bru, nombre fundamental en la historia del arte visual chileno del siglo XX, sufrió un accidente cerebrovascular, que la tuvo seis meses postrada.

Amalá no se rindió. Al año siguiente volvió a insistir, y ganó el Fondart 2017 para poder realizar la primera parte del proyecto: un “libro-objeto” que recopilaba, en un texto dramatúrgico con imágenes, una investigación histórica completa de la vida de Roser Bru.

En paralelo, la pintora de 94 años se recuperaba de a poco. Se esforzaba en tareas kinésicas simples como escribir su nombre o dibujar líneas derechas.

—Ella intentaba firmar “Roser Bru”, y no podía, era como si lo firmara otra persona. Se frustraba y se deprimía mucho —recuerda Amalá, quien volvió a insistir con el Fondart en 2018, para avanzar a la segunda parte del proyecto: la puesta en escena. En esa ocasión, incluyeron a otro premio nacional de Arte, Héctor Noguera, quien se encargaría de la dirección.

—Grabé un video de mi abuela para esa postulación —dice Amalá—. Ahí, en 30 segundos, ella convencía el jurado y les decía lo feliz que estaba de que él estuviese involucrado, decía “este es un proyecto de vida, está mi nieta, su amigo, y además lo dirige el gran Héctor Noguera”.

*

Tras el infarto cerebrovascular, Roser Bru perdió fluidez en su discurso, y su memoria se volvió selectiva y frágil.

—Tuvimos la suerte de hacer la investigación con su memoria aún “fresca”, por lo tanto los recuerdos que nos pudo transmitir ya los hizo —dice Amalá, quien empezó el trabajo de reconstruir la historia de su abuela hace diez años, cuando participó en el documental “Exilis”, de Diego Meza, donde entrevistó a Bru y a parte de su familia catalana que había vivido el exilio durante el régimen franquista, y también tras la dictadura chilena.

Así supo que, con solo 16 años, Roser Bru y su padre Lluis, militante de izquierda, tuvieron que escapar de la Guerra Civil Española durante la dictadura de Franco. Lo hicieron a bordo del “SS Winnipeg”, junto a 2.200 exiliados españoles que arribaron a Chile en 1939 buscando asilo. Luego, tras el golpe militar de 1973, su hija Agna Aguadé, madre de Amalá, tuvo que refugiarse en Europa.

—Si bien acá estamos hablando de la memoria individual de mi abuela, que la está perdiendo, también estamos hablando de la memoria histórica —dice Amalá—. Ella en su propia vida ha vivido un siglo de historia, que es la historia del siglo XX.

Roser Bru nunca se fue de Chile tras llegar en el “Winnipeg”. Su trayectoria artística, con fuertes tintes políticos, la desarrolló aquí. Por lo mismo, sus cuadros son la columna vertebral y el dispositivo narrativo principal de la obra. Como, por ejemplo, la imagen de una taza, una marraqueta y una mesa, que la artista de origen catalán asoció desde los inicios a nuestro país, y a la arraigada costumbre chilena de tomar once.

—Es como una muñeca rusa: una obra de teatro que muestra a dos investigadores que están intentando recopilar información, para hacer una obra de teatro —dice Amalá, quien se interpreta a sí misma como la nieta de Bru. En el escenario, sus apreciaciones son complementadas y puestas en debate por su compañero en el colectivo Mákina Dos, Francisco “Paco” López.

—Son 96 años de historia, ella sufrió dos exilios, entonces es una historia que está llena de historias más chicas —dice él—. Si hubiésemos querido montar todo lo que queríamos contar, la obra duraría horas.

*

Para llevar diez años de investigación a escena, Héctor Noguera incluyó proyecciones de imágenes y archivos, además de composiciones de Diego Noguera.

—Me he preocupado mucho de la teatralidad. Para mí es muy importante que el público escuche y vea, y que través de eso siga la historia —dice Noguera, quien es amigo cercano de la pintora, de la familia Aguadé, y fue profesor de teatro de Amalá. Es primera vez que trabaja con ella, y esta obra la levantó en paralelo a su otra producción como director este año: la nueva versión de “La Pérgola de las Flores”, que llega al GAM en octubre.

—Esto va mucho más allá del homenaje que una nieta puede hacerle a su abuela —señala Noguera— También es una obra sobre la búsqueda de la memoria, qué es la memoria, de dónde surge y a dónde va a parar una vez que se pierde.

En 2016, Roser Bru pudo volver a pintar. Ya no da entrevistas, y Amalá dice que no recuerda el infarto cerebrovascular que la tuvo postrada por seis meses.

—Sigue con kinesiólogo, todas las semanas, también con su cuidadora Rosita, que le han ayudado a recuperar la motricidad de a poco. Y es como si hubiese vuelto al 1939, porque ahora pinta siempre lo mismo: una taza, una marraqueta y una mesa.

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