Martes 5 de Noviembre de 2019

“Cribsheet”, de la economista Emily Oster:

Una brújula para criar

Esta economista en salud, doctorada en Harvard y madre millennial , descubrió con su maternidad que la avalancha de información sobre la crianza desorienta. Con su mente científica, investigó las estadísticas para derribar mitos y esclarecer dudas. Así nació “Cribsheet”, libro que alcanzó la lista de best sellers del New York Times.

Por María Cristina Jurado

Ahora que parte el día sin preocupaciones —sus hijos Penelope y Finn cumplieron ocho y cuatro años—, la académica de la Universidad de Brown e investigadora de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, Emily Oster, 39 años, doctorada en Harvard, respira hondo cada mañana. Con una sólida carrera como economista especializada en temas de salud, antes de llegar a la Universidad de Brown —Rhode Island, Nueva Inglaterra— acumuló experiencia como docente en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago. Pero, cuenta Oster desde Brown, sus días se complicaron cuando, después de cinco años de casada, tuvo a su primera hija, Penelope. Madre primeriza en su treintena, decidió abocarse a una tarea desconocida: criar a su guagua. De la noche a la mañana, esta doctora de Harvard entrenada en lidiar con números y certezas científicas, se topó con una red de información inmensa sobre recién nacidos: libros, manuales médicos, folletos, sitios web, radios. Según la revista Time, hay más de 50 mil libros sobre el tema en Amazon.

Oster, hija de economistas y casada con uno, Jesse Shapiro, decidió investigar qué consejos se apoyaban en estudios científicos que los avalaran. Con los meses, esta economista averiguó —y comprobó con estudios estadísticos— desde el efecto de alérgenos en las guaguas hasta el verdadero valor del amamantamiento y el sueño en la crianza. Instauró su propio método para el cual utilizó su experiencia en economía y su expertise para descifrar y evaluar estudios científicos e informes económicos.

Ya tenía un libro previo sobre la maternidad, en el que usó la misma metodología: en 2013, Emily Oster publicó “Expecting better” (“Esperando mejor”) que reunía una recopilación de datos, cotejados con estudios económicos de interés durante el embarazo: consumo de café, alcohol, frecuencia de análisis médicos y ejercicios, las inyecciones epidurales, el sueño, los estados anímicos durante los nueve meses. Hasta marzo de este año, “Expecting better” había vendido más de cien mil copias.

Seis años después, Oster publica “Cribsheet” — “La hoja de ruta de la cuna”— que resume, en 300 páginas, los pros y contras de decisiones a las que las madres se ven enfrentadas, desde la sala de parto hasta los tres años del niño. Siempre apoyada en datos duros de la economía y estudios científicos, su nuevo libro ha sido recibido con aplausos por los críticos y escaló con rapidez a los primeros puestos del ranking de The New York Times. Según Time, Emily Oster escribió “la Biblia del embarazo moderno y de los consejos para padres de niños pequeños”. Por su parte, el sitio Bloomberg resalta que el libro es “una guía basada en datos para padres sin culpa”. Y Publishers Weekly alaba la capacidad de la autora para usar información económica y así generar un marco teórico que ayude a decisiones parentales.

Dice Emily Oster desde la Universidad de Brown:

—Mi trabajo académico tiene dos líneas. Utilizo datos duros y teoría económica para entender por qué la gente no siempre toma las decisiones de salud que desearíamos, cómo alimentarse bien o consultar un médico. En segundo lugar, uso técnicas estadísticas para averiguar relaciones causales en la información. Ahí está la base de mis libros sobre maternidad: en ellos trato de investigar qué estudios son eficientes en mostrar nexos causales y cuáles solo enseñan asociaciones. Estos libros no están relacionados con mi trabajo académico, pero se unen en mi búsqueda de la causalidad y en mi entrenamiento para leer literatura médica con ojo crítico.

Esta docente e investigadora recuerda sus días de escritura cuando armaba “Cribsheet”:

—Me demoré un año en investigar y escribir. En general, estudio por mí misma la literatura existente en cada tema, mientras pienso en la mejor manera de hacer llegar mis ideas. Para los tópicos más complicados, tengo asistentes de investigación. (…) Mi meta al escribir es dar confianza a las mujeres.

—¿Cómo puede evaluar un padre o una madre un estudio científico si no es economista?

—Creo que algo muy importante es observar los métodos con que fueron hechos esos papers científicos. Algunos se basan en encuestas random: este tipo de estudio sirve perfectamente para entregar estimaciones causales sobre niños y familias. Son mucho más confiables que aquellos que solo se limitan a comparar familias. Mucho de mi análisis —comparar estudios entre sí— es difícil de describir y replicar. Pero lo anterior lo puede hacer cualquiera.

—Frente a la avalancha de información en librerías e internet, ¿qué puede hacer un padre para no perderse?

—Diría que lo principal es no reaccionar cada vez que reciba o lea un consejo. Creo que uno de los principales desafíos parentales es que muchas veces nos sentimos tironeados entre un consejo y otro. Sugiero que cada padre decida con confianza y se quede con su decisión.

Publishers Weekly remarca de “Cribsheet” la introducción de conceptos útiles como las estadísticas bayesianas, donde trabaja con grados de creencias para luego comprobar su validez con datos científicos. También releva el concepto económico de “costos de oportunidad”, que Oster aplica a las decisiones relacionadas con la crianza. Por ejemplo, dice la publicación, permitir que un niño de tres años vea televisión durante una hora para darle un descanso a la madre.

Oster, quien se mueve en un ambiente netamente científico, de papers y docencia en Economía, reconoce haber causado estupor y curiosidad entre sus colegas con sus libros sobre maternidad, cuyo sentido, al principio, no entendieron. Pero, asegura, la recepción de “Cribsheet” fue más comprensiva que la de su primer libro:

—Escribí un libro sobre el embarazo porque me motivaba mi frustración al sentir que toda la información que obtenía no estaba basada en datos concretos. Hice mi propia investigación para “Expecting better”. Cuando mi hija empezó a crecer y, después del nacimiento de mi segundo niño, se me ocurrió aplicar el mismo método para escribir sobre la crianza temprana. Así nació “Cribsheet”. Mi voz en mis libros es muy distinta a mis papers académicos. Es un nuevo desafío para mí.

Desde la cuna hasta el jardín

Así como los libros del pediatra Benjamin Spock —cuyo volumen estrella “Baby and Child Care” (“Cuidado del bebé y el niño”), de 1946, transformó a este texto de literatura pediátrica en un fenómeno de ventas no igualado—, los de Emily Oster causan revuelo con su mirada científica que otorga a los padres autonomía.

“Cribsheet” está dividido en capítulos que se adaptan a la cronología de un niño desde la sala de parto al jardín. Al final de cada bloque —son cuatro—, Oster entrega sus principales hallazgos. Aunque la autora se pasea por todos los temas que interesan a los padres primerizos o con algo de experiencia, remarca algunas reglas esenciales. Después de un año investigando y leyendo papers médicos y científicos, esta economista llegó a la conclusión de que hay una regla para ella insalvable: las vacunas. Los niños deben vacunarse, es perentorio.

—Es uno de los pocos temas del libro en que yo argumento que es fundamental para la salud infantil y no debe evitarse. Es importante, dada la resistencia que las vacunas generan en algunos padres. En los demás temas, sugiero que lean los capítulos que les despierten preocupación: no a todos los papás les interesan las mismas cosas.

En una larga columna publicada en el New York Times en abril, la autora recuerda que ser madre millennial ha ido en aumento a través de los años: en 1980 el 8,6% de todos los nacimientos correspondían a mujeres sobre 30 años; en 2015 la cifra subió a 31%. Este dato demográfico, continúa Oster, es importante.

—Significa que la mayoría de nosotros estamos teniendo hijos más tarde que nuestros padres. Cuando nuestro bebé llega, ya hemos estudiado, investigado, trabajado, tenemos amistades y hobbies. Y hemos desarrollado la idea de que, si trabajamos mucho y bien, nos irá mejor. Pero las guaguas no responden a esta ética del trabajo.

Así, Emily Oster se centra en tres grandes temas que subraya por sobre los otros, una gama que va desde la alimentación a los beneficios de la lectura temprana. Uno de ellos es el sueño, donde compara lo que los estudios demuestran sobre el método de “dejarlo llorar hasta que se duerma”. Dice Oster:

—Un estudio australiano de 328 madres con infantes de siete meses que sufrían trastornos del sueño dividió a los niños en dos grupos: uno a quienes dejaron llorar hasta dormirse y el otro no. Al comparar los dos grupos a corto plazo y a largo plazo —un año y cinco después—, los investigadores no notaron ninguna diferencia. Su estabilidad emocional, su apego y su conducta eran idénticos.

Otro de los grandes temas a los que esta investigadora asigna importancia es al amamantamiento. Un tema que no fue fácil para ella en lo personal.

—Como todas las mujeres, a mí me costó mucho amamantar. Pero la lista de “beneficios” que supuestamente entrega este hábito es enorme, desde niños inteligentes sin diarrea ni asma hasta un menor riesgo de diabetes y obesidad. La mayoría de los estudios sobre el tema tienen un sesgo: en Estados Unidos las mujeres que amamantan pertenecen al estrato social más alto. Este factor produce, por supuesto, niños con mejor futuro, independiente del amamantamiento.

Por eso, dice, es muy difícil establecer el efecto causal de dar pecho. Hay excepciones, como un estudio publicado en 2016, que radiografió a 70 mil madres danesas que amamantaron por más de un semestre. Se determinó que ello había reducido entre un 5% a un 7% el riesgo de que sus niños sufrieran otitis. Tampoco está probado que la leche materna incida en un mayor coeficiente intelectual infantil, a pesar de la creencia popular. No hay estudios que lo prueben.

Oster es también enfática en explicar que, en el tema del dilema maternal sobre volver a trabajar o quedarse en la casa después del primer hijo, los estudios casi no sirven como factor de decisión. Reconociendo que es una gran decisión para las familias y que necesariamente causa estrés, la economista establece que es difícil intervenir en las diferentes realidades de una economía familiar. Recuerda que un meta análisis de 2008 halló que los niños de familias con un padre que trabajaba a medio tiempo y otro a tiempo completo, rendían más en el colegio que los hijos de familias en las que ambos padres trabajan a tiempo completo.

—Pero esto es probablemente resultado de las muchas diferencias entre esas familias y no de las decisiones de carrera de la madre —puntualiza.

En el último capítulo de “Cribsheet” la economista les habla a los papás. Y dice:

—Cuando llega un hijo, necesariamente surgen dos padres: la vida les cambiará. Hablo sobre el estrés que se genera en la pareja con un recién nacido y sobre la cuestión de cuándo (o no) tener más hijos. Sabemos que ser padres significa recibir muchos consejos, pero estos consejos nunca van acompañados de una explicación de por qué se consideran verdaderos. Y así le quitamos a la gente su habilidad para tomar decisiones en forma autónoma.

Emily Oster no olvida que sus investigaciones sobre crianza partieron de su propia experiencia.

—¿Cambió su óptica sobre estos temas después de este trabajo de investigación y la escritura de sus libros?

—El mayor cambio en la forma de criar a nuestros hijos se dio en nuestra visión de la disciplina. Nosotros no éramos estructurados con nuestros niños, pero me di cuenta de que hay muchas investigaciones que apoyan programas estructurados frente a problemas como pataletas. Así es que cambiamos.

—¿Por qué una madre debiera leer sus libros?

—Espero que las mujeres lean “Expecting better” cuando se embaracen (o antes) y luego ‘Cribsheet' mientras se preparan para recibir a su hijo. En ambos casos espero que mis libros las hagan comprender los datos existentes y la evidencia que hay detrás de muchas reglas y consejos que reciben en esta etapa. Esa es mi esperanza.

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