Sábado 11 de Enero de 2020

Este ha sido el mejor año para la humanidad

El periodista del New York Times , Nicholas Kristof, propone una mirada diferente a quienes están deprimidos por el estado en que está el mundo, asegurando que en el extenso arco de la historia humana, 2019 ha sido el mejor año.

Por Nicholas Kristof

Las cosas malas que nos preocupan son reales. Pero también es cierto que desde que surgieron los humanos modernos hace unos 200 mil años, 2019 ha sido probablemente el año en el que hubo menos probabilidades de que murieran niños, menos probabilidades de que adultos fueran analfabetos y de que las personas sufrieran enfermedades atroces y que provocan deformaciones.

Cada día en los últimos años, otras 325 mil personas consiguieron acceso por primera vez a la electricidad. Cada día, más de 200 mil personas tuvieron agua potable por primera vez. Y alrededor de 650 mil personas se conectaron a internet por primera vez, cada día.

Quizá la mayor tragedia para cualquiera es perder un hijo. Eso solía ser algo común: históricamente, casi la mitad de todos los seres humanos moría en la infancia. Hace tan poco como 1950, el 27 por ciento de todos los niños todavía moría a los 15 años. Ahora esa cifra ha bajado a cerca del 4 por ciento.

“Si a usted le dieran la oportunidad de escoger el momento para nacer, sería bastante arriesgado elegir una época en alguna de las miles de generaciones pasadas”, observó Max Roser, economista de la Universidad de Oxford, quien dirige el sitio web Our World in Data. “Casi todos vivían en medio de la pobreza, el hambre estaba muy extendida y las hambrunas eran algo común”.

Pero… pero… ¡pero el Presidente Trump! ¡Pero el cambio climático! ¡La guerra en Yemen! ¡El hambre en Venezuela! El riesgo de una guerra nuclear con Corea del Norte.

Todas esas son preocupaciones importantes, y esa es la razón de por qué escribo sobre eso en forma regular. Sin embargo, me temo que los medios de comunicación y el mundo humanitario se centran en forma tan implacable en las malas noticias que hacemos que la ciudadanía crea que cada tendencia va en la dirección equivocada. Una mayoría de estadounidenses dice en las encuestas que la proporción de la población mundial que vive en la pobreza va en aumento; sin embargo, una de las tendencias de los últimos 50 años ha sido una enorme reducción en la pobreza global.

Hace tan poco como 1981, el 42 por ciento de la población del planeta vivía en la “extrema pobreza”, lo que según la definición de Naciones Unidas es vivir con menos de US$ 2 al día. Ese porcentaje ha caído a menos del 10 por ciento de la población del mundo ahora.

Cada día durante una década, los periódicos podrían haber llevado el titular “Otras 170 mil personas salieron de la extrema pobreza ayer”. O si uno utiliza un umbral más alto, el titular podría haber sido: “La cantidad de personas que viven con más de US$ 10 al día aumentó en 245 mil ayer”.

Muchos de aquellos que han avanzado son todavía muy pobres, por supuesto. Pero debido a que no son tan pobres, es menos probable que sigan siendo analfabetos o sufran de hambre: las personas a menudo piensan que la hambruna es algo habitual, pero la última hambruna que fue reconocida por el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas afectó solo parte de un estado de Sudán del Sur y duró solo algunos meses en 2017.

Las enfermedades como la polio, oncocercosis (ceguera de los ríos) y elefantiasis están en baja, y los esfuerzos globales han cambiado el curso del sida. Hace medio siglo, gran parte de la población mundial siempre había sido analfabeta; ahora nos estamos aproximando al 90 por ciento de alfabetismo adulto. Ha habido logros especialmente importantes en la educación de las niñas; y pocas fuerzas cambian el mundo tanto como la educación y la atribución de poder de las mujeres.

Tal vez alguien se sienta incómodo al leer esto. Puede parecer de mal gusto, engañoso o contraproducente aclamar el progreso cuando todavía hay tantas cosas malas en el mundo. Lo entiendo. Además, las cifras están sujetas a debate y las de 2019 se basan en extrapolaciones. Pero me preocupa que el profundo pesimismo sobre el estado del mundo esté paralizando en vez de potenciar; el pesimismo excesivo puede hacer que las personas se sientan no solo desesperanzadas, sino también indefensas.

Los lectores me dicen constantemente, por ejemplo, que si salvamos las vidas de los niños, el resultado será una crisis poblacional que provocará nuevas hambrunas. No se dan cuenta de que cuando los padres confían en que sus hijos sobrevivirán, y que van a tener acceso al control de la natalidad, ellos van a tener menos hijos. Henry Kissinger una vez ridiculizó a Bangladesh como un “caso perdido”, sin embargo, ahora su economía crece mucho más rápido que la de Estados Unidos y las mujeres bangladeshíes tienen en promedio solo 2,1 hijos (en comparación, en 1973 tenían 6,9).

Sí, todavía es espantoso que muera un niño en alguna parte del mundo cada seis segundos; pero considere que solo hace un par de décadas moría un niño cada tres segundos. El hecho de reconocer que es posible avanzar puede ser un estímulo para hacer más, y esa es la razón de por qué escribo este recordatorio anual de triunfos contra los enemigos comunes de la humanidad.

El cambio climático sigue siendo una enorme amenaza para el planeta, como también lo es la indiferencia emocional en el mundo rico, y es probable que no lleguemos al objetivo de Naciones Unidas de eliminar la extrema pobreza para 2030. Mientras tanto, aquí en Estados Unidos, Trump presenta un desafío continuo a nuestras instituciones, y millones de familias han quedado rezagadas y están luchando. Deberíamos seguir presionando en todos estos frentes (el último me preocupa lo suficiente como para ser el tema de mi próximo libro), pero conseguiremos una inyección de ánimo si reconocemos el contexto de los mejoramientos que hemos logrado con mucho esfuerzo.

“Somos algunas de las primeras personas en la historia que hemos encontrado formas de hacer avances contra estos problemas”, dice Roser, el economista. “Hemos cambiado el mundo. ¿Qué tan increíble es estar vivo en un momento como este?”.

“Tres cosas son ciertas al mismo tiempo”, agregó. “El mundo es mucho mejor, el mundo es espantoso, el mundo puede ser mucho mejor”.

Igualmente me anima la pasión que tantos —en especial los jóvenes— muestran para lograr que el mundo sea un mejor lugar. Hace poco publiqué mi guía anual de “regalos con significado” y sugería cuatro organizaciones a las que se podía apoyar en lugar de las tradicionales. Los lectores hasta ahora han donado más de US$ 1,6 millones a esas organizaciones, con lo que han salvado y transformado vidas tanto en casa como en todo el mundo.

Por lo tanto prometo ponerme frenético cada dos días, pero interrumpamos nuestro pesimismo por un nanosegundo para observar lo que los historiadores tal vez con el tiempo consideren como la tendencia más importante en el mundo a principios del siglo XXI: nuestro avance hacia la eliminación de enfermedades terribles, del analfabetismo y de la pobreza más extrema.

Cuando nací en 1959, gran parte de la población mundial siempre había sido analfabeta y vivido en la extrema pobreza. Para cuando yo muera, tal vez el analfabetismo y la extrema pobreza casi hayan desaparecido; y es difícil imaginar un triunfo mayor para la humanidad en nuestra presencia.

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