Martes 14 de Enero de 2020

Chimamanda Ngozi Adichie, escritora nigeriana e ícono del feminismo:

“Si más hombres leyeran historias de mujeres, la comunicación sería mejor”

No hay una sola normalidad, y para entenderlo es necesario escuchar al que es distinto, dice esta novelista, quien fue la encargada de abrir el Congreso Futuro 2020.

AMALIA TORRES

“Fui una lectora temprana. Mi madre dice que comencé a leer a los dos, yo creo que fue a los cuatro años”, dice sobre el escenario Chimamanda Ngozi Adichie, licenciada en comunicación y ciencias políticas, profesora de escritura y quien se ha descrito a sí misma en una de sus famosas charlas TED como “feminista feliz y africana”.

Sobre el escenario en el Teatro Oriente, donde se realiza el Congreso Futuro, Chimamanda Adichie habla de historias personales: de su infancia en Nigeria, de su juventud en Estados Unidos, de un viaje ya adulta a México.

No hay butacas vacías para ver a Adichie, quien fue la encargada de abrir el Congreso Futuro. No es raro: las entradas para su Charla Magistral se agotaron a los 30 minutos de que comenzaran a venderse. Y a nadie parece importarle que la presentación demorara una hora en empezar y que en vez de hablar 40 minutos, Adichie lo hiciera 20.

“Lo que leía eran libros británicos y de EE.UU. A los seis años, cuando comencé a escribir, todos mis personajes eran como los de libros que leía: blancos, de ojos azules, jugaban en la nieve, comían manzanas y tomaban cerveza de jengibre, porque eso bebían los personajes ingleses, aunque yo no sabía lo que era”. Solo años después, cuando conoció la literatura africana, supo que también podían existir personajes como ella, “con la piel color chocolate, con este pelo crespo”.

Para Adichie es importante que los personajes en las distintas historias sean variados, “porque así podemos entender nuestro diverso y complejo mundo”.

A los 18 años llegó a Estados Unidos para estudiar en la universidad. Su compañera de habitación le preguntó cómo aprendió a hablar tan bien inglés (“se sorprendió cuando le dije que era el idioma oficial en Nigeria”), le pidió que le mostrara su música tribal (“se decepcionó cuando le puse a Mariah Carey”). “Después dijo que era como si yo no viniera de África (…). Era sorprendente cómo la gente en EE.UU. esperaba que le contara sobre la pobreza de África. La historia de pobreza en África es importante y debería ser contada, pero no es mi historia y no es la única”.

Y agrega: “El problema de tener una única historia es que se hace imposible comprender totalmente ese lugar o a esa persona”.

Escuchar

Hace poco, un amigo le contó que había comprado la biografía de Michelle Obama y se la había regalado a todas sus amigas. “¿Por qué solo se la regalaste a mujeres?”, le preguntó ella. Y su amigo se sorprendió. “Para él, las historias de las mujeres pertenecen a otro universo. Sabemos estadísticamente que los hombres leen a hombres y sabemos que las mujeres leen a hombres y mujeres. Si más hombres leyeran más historias de mujeres, la comunicación sería mejor”.

¿La razón? Las historias de mujeres permiten verlas en su complejidad, y como iguales, asegura.

No ponerse en el lugar del otro es un problema común, dice Adichie. “Muchas personas de color tienen historias racistas que han experimentado. Pero cuando las cuentan les dicen: ‘¿Estás seguro? ¿Eso es racismo? ¿No serás un poco sensible?'. Y a muchas mujeres en todo el mundo después de hablar de algo que consideran sexista, inmediatamente les dicen: ‘¿Estás segura? ¿No eres quizás un poco muy sensible?'”.

Intentar entender por qué el otro está enojado ayuda a conocerlo. También es importante, dirá, evitar pensar que hay una “normalidad”. “Hace algunos años una estudiante de EE.UU. me dijo: ‘¿Siempre escribe de Nigeria o también de cosas más normales?'. Lo que me impactó era que ella tenía una idea de qué era normal, y Nigeria no lo era”.

“Debemos expandir las ideas de lo que es normal”. Y eso puede hacerse escuchando al otro, “viéndolo”, aunque no se esté de acuerdo con él, explica.

“Leer literatura y escuchar historias humanas es tratar de incorporar lo que no es nuestro, imaginar cómo es la vida para otra persona. Y es muy importante, porque nos recuerda que no estamos solos”.

Palabras de inauguración

Durante una conferencia de prensa realizada al mediodía, el senador Guido Girardi, presidente de la Comisión de Desafíos del Futuro, Ciencia, Tecnología e Innovación del Senado, comentó sobre la importancia de realizar esta edición del evento en el contexto de movilización social que vive el país. Según dijo, uno de los objetivos del congreso es conversar, justamente, sobre las razones que causan estallidos sociales.

“Y esto tiene que ver con las desigualdades y cómo estas se transforman en los peores enemigos de las democracias”, dijo Girardi. “Además, se agrega que, con la velocidad de los procesos tecnológicos, las personas se informan a través de las redes sociales (…) se van construyendo mundos virtuales cada vez más parecidos que se van adoctrinando y se van haciendo radicales en sus posiciones”, añadió el senador, quien explicó que se trata de desafíos relacionados a tecnología que terminan por permear a toda la sociedad y que es necesario analizar. Ayer, pasadas las 19 horas, se realizó la inauguración del evento en el ex Congreso Nacional, al que asistieron ministros de Estado, senadores, diputados y embajadores, entre otros.

Descifrar el cuerpo

“Espero que todos estén trabajando allá en el laboratorio”, dijo en broma el Dr. Nicholas Katsanis, genetista, durante su charla en el Congreso Futuro. Y saludó a la cámara que estaba transmitiéndola a miles o tal vez millones de personas. Sentados en el Teatro Oriente, escuchábamos unos 250; la mayoría, jóvenes.

El Dr. Katsanis estudió en el University College de Londres, una entidad con vocación global.

Lloró cuando se logró secuenciar el genoma humano, en 2001, dijo. Participó en el proyecto, durante su posgrado en genética.

Habló de su proyecto: atacar las enfermedades “raras”, que son unas 10 mil, y afectan a unos 400 millones en el mundo. Más sus familiares y cuidadores.

Dada su experiencia, el Dr. Katsanis advierte sobre el peligro de los matrimonios entre parientes, invitan problemas genéticos en su descendencia.

Se enfoca en las causas genéticas y moleculares, y desarrolla terapias innovadoras. Entre las enfermedades “raras” están la hemofilia adquirida, el síndrome de Aarskog, Amiloidosis, Papilitis, Enfisema congénito, el síndrome de Down…

Antes se tardaba de 5 a 7 años para el diagnóstico molecular de estos males, hoy, con las herramientas de genética, se alcanza en días. Antes, la muerte era el destino; hoy, la prolongación de la vida.

Combinando biología y genética, se logra diseñar costosas drogas que atacan varias de estas enfermedades raras. Para llevar la salud a todos, dice, un fondo mutuo debería financiar la investigación; si alcanza resultados, surgen utilidades para el fondo. “Sueñen en el futuro”, les dijo a los jóvenes, “pero tengan los pies en la Tierra y sean prácticos para encontrar cómo alcanzarlo”.

Otro innovador en salud, el Dr. John Cryan, de la universidad College Cork, Irlanda, donde dirige el Departamento de Anatómica y Neurociencia. Da una cifra, el cerebro adulto puede pesar 1,3 kg, lo mismo que el total de microbios que habitan en nuestro organismo, especialmente en nuestras tripas.

El nervio vago, entre otros, conecta cerebro y estómago. Lo que comemos afecta nuestro estado emocional. El Dr. Cryan descubre “sicobióticos”, alimentos que sirven para mejorar estados mentales. Las alcachofas, por ejemplo.

Nuestra microbiota, dice el Dr. Cryan, es maravillosa. Incluso propone inyectar fecas de una persona sana en un enfermo, para trasplantar así los microbios buenos del sano para que mejore el cuerpo del otro.

Lo de hoy se puede seguir en vivo por internet.

Conclusiones del panel “Interactuar”:

El avance de los robots plantea preguntas sobre el futuro de los humanos

La comunicación con estas máquinas podría afectar las relaciones interpersonales y la libertad individual.

JANINA MARCANO

Gabriel Skantzel, profesor del Instituto de Tecnología de Estocolmo, salió al escenario del Congreso Futuro con un acompañante no humano: Furthat.

Se trata de un robot compuesto por una cabeza que habla y escucha. “Hola, estaba durmiendo, es muy agradable estar aquí para hablar sobre el futuro” dijo la máquina, creada por Skantzel y conocida como el robot social más avanzado del mundo.

“Hoy le puedes decir a un robot que aprenda a identificar una cara triste o contenta, y eso es fantástico, y solo en el último año ha aumentado a un nivel casi humano”, aseguró Skantzel durante su presentación en el panel “Interactuar”, enfocado en la comunicación entre humanos y tecnología.

Skantzel mencionó que la idea de un robot social puede resolver muchas situaciones, como ofrecer compañía y ayuda a un enfermo o realizar una entrevista laboral sin el problema del sesgo humano. Pero también plantea preguntas importantes de responder.

“¿Confiaremos en las decisiones que tomen estas máquinas? Si hacemos estos robots más parecidos los humanos, ¿cómo va a afectar las relaciones entre nosotros?”, preguntó el investigador al público luego de mostrar un video en el cual Furhat provocaba una discusión entre una pareja que le pidió ayuda para tomar un tren.

El avance de inteligencia artificial trajo consigo la “algoritmización de la vida humana”, planteó minutos después el filósofo francés Éric Sadin.

“Ya las máquinas nos dicen qué es lo que nos conviene”, dijo Sadin, quien puso de ejemplo la aplicación Waze.

“En el futuro, ¿vamos a ser libres de decirles que no a las sugerencias de estos sistemas?”, preguntó. “Más allá de si la pérdida de nuestros datos es nuestro rival, deberíamos saber cuáles son las preguntas sobre el futuro de nuestra civilización”, planteó Sadin, quien sacó aplausos del público.

¿Cómo queremos interactuar con las máquinas?, ¿cómo las vamos a diferenciar de los humanos? Son otras interrogantes que surgen con el avance de la robótica, comentó Kate Devlin, profesora de Inteligencia Artificial Social en el King's College de Londres.

En su charla, Devlin mostró el desarrollo de robots que hoy pueden abrazar y entregan una sensación casi real, por ejemplo, con el fin de ayudar a las personas a evitar la soledad.

A su juicio, esto invita al análisis de cómo pueden cambiar las relaciones humanas al comunicarnos con las máquinas a un nivel más íntimo, tomando en cuenta que el mundo se encuentra en una carrera por construir un robot sexual comercial.

“Estamos analizando si es que vamos a ser reemplazados por robots, pero no hay evidencia de que eso sea así; en realidad, tenemos que analizar cómo vamos a interactuar con ellos”, dijo.

Atraso del inicio provoca larga espera para ver a los expositores

Felipe Allende llegó pasadas las 11:00 de la mañana a un panel de expertos que estaba programado que empezara a las 12:30, pero finalmente se retrasó más de una hora. La causa de la demora fue que la Charla Magistral de Chimamanda Adichie comenzó 60 minutos tarde.

“El año pasado (el Congreso Futuro) era más ordenado, había más espacio, más sombra, daban folletos, ahora no han dado nada, parece que están más pobres”, dice.

Melisa Palominos esperaba sentada, en el único asiento disponible, la misma charla. Ella viajó desde Viña del Mar solo para saber más de ciencia en el Congreso Futuro. “Llevo esperando mucho rato, me dijeron que se atrasó como una hora, pero estoy segura de que la espera va a valer la pena”, dijo.

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