Martes 14 de Enero de 2020

Era octubre de 2010 cuando coincidieron en un festival de cine documental (ChileReality) en Chillán las fundadoras y hasta hoy integrantes del equipo de FemCine (Antonella Estévez, Claudia Gutiérrez, Andrea Carvajal). Fue la gestora cultural francesa Sandrine Crisóstomo —organizadora de ChileReality— quien planteó que era raro que en Chile no hubiera una instancia dedicada al cine que generara diálogo en torno a la situación de la mujer y las motivó a hacerlo. Andrea Carvajal, directora de Márketing y Comunicaciones del festival —quien estudió Cine—, recuerda:

—Surgió esta idea desde la necesidad de establecer un evento para visibilizar el cine de mujeres y el festival era una forma de canalizarlo. Nos juntamos un grupo que nos conocíamos, todas vinculadas al mundo audiovisual, y que tenemos distinta formación académica, lo que es una de las fortalezas de nuestro equipo, ya que junto con enriquecer las miradas, cada una aporta desde el lugar que maneja.

En menos de seis meses (marzo de 2011) se realizó la primera edición del Festival Cine de Mujeres, FemCine. Las primeras tres versiones se hicieron sin apoyo económico. Ellas mismas se hacían cargo de, por ejemplo, trasladar a los invitados en sus autos, según cuenta la ingeniera comercial Claudia Gutiérrez, productora general de la muestra:

—La ventaja era que (aunque) no teníamos dinero, pero teníamos un grupo de amigos que son nuestros aliados y de inmediato dijeron no se preocupen, aquí tienen espacio, las ayudamos en lo que podamos: la gente de las salas (Cineteca Nacional, GAM), cineastas, productores, distribuidoras como la estadounidense Women Make Movies que es la distribuidora internacional de filmes de mujeres más grande que existe; institutos culturales (Chileno-Italiano, Francés, Goethe, Centro Cultural de España), y es gente con la que seguimos trabajando. Incluso invitados de afuera que vinieron al primer festival y dijeron “me pago mi pasaje porque creo en lo que están haciendo”.

Posteriormente accedieron a fondos concursables, lo que ha permitido mantener una de las características de este festival que es que todas las actividades son gratuitas.

El crecimiento

En la primera edición (2011) tuvieron 60 funciones en 9 salas, que llevaron a 4.300 espectadores (hasta ahora, el público total en todas las ediciones es 48 mil personas). Llegaron a tener 132 funciones en 2015, lo que resultó poco eficiente (a media tarde iba muy poca gente), por lo que se concentraron en horarios que permitieran atraer un público más diverso (el año pasado fueron 70 funciones, con 6.500 asistentes). Al principio 80% de la audiencia eran mujeres, ahora hay 36% de hombres y 64% de mujeres. También es un festival joven: en 2019, 44% de los espectadores eran de hasta 25 años, seguido del segmento de 26-35 años. También se realizan talleres de formación con profesionales de la industria audiovisual, y que son muy valorados por los estudiantes de carreras del área y por quienes están partiendo en el rubro, que han sumado 10 mil participantes hasta ahora.

Según Andrea Carvajal, si bien al comienzo enfrentaban la reticencia de los medios de comunicación, que no consideraban relevante darle un espacio al festival, la visibilidad fue creciendo junto con el interés del público. También señala que hubo cuestionamientos de parte del sector audiovisual, por el hecho de que a diferencia de otros festivales femeninos, también se incluyen trabajos de directores hombres que dan otra mirada a los roles de género.

Al respecto, la directora general de FemCine, Antonella Estévez —quien también es conductora radial y académica de las universidades de Chile y del Desarrollo— señala que más que el género de quien realizó una película, lo importante es la visión de mundo a partir de la cual se construye el relato. Es así como explica que el machismo divide a los individuos por género: al hombre le corresponde ser racional, protector, proveedor y a la mujer ser sensible, tierna y cuidadora; pero el feminismo plantea que “todas esas son características humanas, hombres y mujeres somos complejos”. Agrega un ejemplo del medio local:

—Cuando aparecen las denuncias contra Nicolás López, no me pareció nada extraño porque si uno ve sus películas, no son liberadoras, son películas de mujeres que están histéricas, y que por eso son graciosas, pero no son mujeres inteligentes, que tienen capacidad de autorregularse o que tienen opciones, son mujeres que se vuelven locas, y desde su perspectiva eso es la liberación femenina. Versus si uno piensa en las últimas películas de Sebastian Lelio, donde él hace un ejercicio honesto de salirse de su experiencia de hombre blanco heterosexual privilegiado y va a preguntar por la experiencia que le es ajena, entonces para “Gloria” investiga a su mamá y sus amigas, para “Una mujer fantástica” pide la asesoría de Daniela Vega antes de transformarla en la protagonista. Entonces hoy la pregunta es quién está contando las películas y desde dónde (...). Estamos justo en ese momento, donde aparecen más voces diversas que tienen hoy la posibilidad de armar sus relatos y también los que han tenido ese privilegio históricamente, empiezan a cuestionarse cómo han contado y desde dónde.

FemCine 2020

Existen tres categorías en concurso: cortometrajes de estudiantes e internacionales y largometrajes. En forma paralela en cada edición se exhiben filmes inéditos en Chile, que se eligen a partir del seguimiento de películas en el circuito de festivales internacionales y catálogos de agentes de ventas (la directora de Programación, Cynthia García Calvo, se encontraba fuera del país cuando se hizo este reportaje). Estas se dividen en secciones dedicadas a nuevas directoras, diversidad y temas contingentes (como mujer en la política, explotación sexual, maternidad) que se acompañan de foros con especialistas invitados. Las sedes en que se desarrolla el festival se concentran en Santiago y Providencia, pero además se realiza una Muestra en comunas (San Joaquín, El Bosque y Recoleta) con filmes ya exhibidos en el circuito comercial.

Si bien aún se trabaja en definir la programación definitiva del festival que se realizará entre el 17 y el 22 de marzo (la elección y gestión de los derechos de exhibición se hace en enero, ya que se busca proyectar películas en calidad de estreno nacional), el equipo de FemCine adelanta que esta décima versión tendrá como país invitado a Turquía, cuya cinematografía es prácticamente desconocida para el público nacional, que en los últimos años ha visto el auge de las telenovelas de ese país.

FemCine 2020 tendrá una retrospectiva de Valeria Sarmiento, una de las cineastas chilenas de mayor trayectoria, cuya filmografía, que aborda temas relacionados con la mujer y el machismo, no ha sido suficientemente difundida en nuestro país. Su más reciente producción, “El cuaderno negro” se estrenó el año pasado en este festival.

La sección Diva, donde cada año se destaca a grandes actrices del cine mundial (como María Félix o Catherine Deneuve) estará dedicada a tres estrellas chilenas: Anita González, Malú Gatica y Chela Bon. En FemCine 10x10, el festival repasará su propia historia con una selección de 10 películas que marcaron su trayectoria, donde el público podrá participar en la selección de títulos a través de redes sociales (información se irá actualizando en www.femcine.cl ).

Balances

La directora del área de competencia, Helen Huthnance —actriz y directora teatral—, dice que si bien al principio les llegaban pocas postulaciones, sobre todo para la competencia nacional de cortometrajes de alumnas o egresadas de escuelas de cine (el primer año llegaron siete y 12 el segundo año), pronto fue aumentando (para el festival del año pasado llegaron 300 cortos, entre nacionales y extranjeros). Asimismo, han participado y ganado premios en la competencia internacional las directoras chilenas Dominga Sotomayor, Vivienne Barry y Kathy Harder. Mientras que del concurso Work in progress destaca tres películas que se terminaron de desarrollar en FemCine para posterior estreno: “Visión Nocturna” de Carolina Moscoso (2019) que se estrenó en FIC Valdivia; “El Pacto de Adriana” de Lissette Orozco (2018) que participó en el Festival de Berlín, y “Silvia” de María Silvia Esteve (Argentina, 2018) que luego fue al IDFA (Ámsterdam), el principal festival de documentales del mundo.

Las organizadoras coinciden en que pese a que a las escuelas de Cine entran tanto hombres como mujeres, tradicionalmente ellas se han dedicado a otras áreas como producción o continuidad, a lo más asistencia de dirección. Por eso para Huthnance, el crecimiento que ha tenido la competencia es una señal favorable:

—Como que por fin están viendo que sí es una posibilidad para ellas también ser directoras. Me gustaría pensar que hemos podido influir en eso y ha sido interesante ver algunas de las directoras que pasaron siendo alumnas. Constanza Figari por ejemplo, compitió (y ganó en 2014) como alumna y ahora es una directora activa con su propia productora. Claudia Huaiquimilla ganó en 2013 y en 2017 recibió mención del jurado y actualmente está desarrollando un nuevo largometraje.

La productora general del festival, Claudia Gutiérrez, destaca el prestigio que ha ganado FemCine, que se refleja en las invitaciones a llevar muestras de los trabajos locales que han concursado a festivales similares realizados en Portugal, Turquía, Brasil, Argentina y Colombia:

—Nos han dicho que es el festival más grande que conocen, porque tenemos seis días, la cantidad de películas y funciones, y por las actividades que son súper importantes, porque finalmente si va a crecer la industria, es a través de la educación.

Cuestión de género

Antonella Estévez dice que en estos 10 años de FemCine lo que ha cambiado es el sentido común, por lo que películas de hace 5-6 años, que mostraban estereotipos de género, hoy serían criticadas. “Hay una exigencia mayor a la industria audiovisual, en que el sexismo que antes estaba normalizado, hoy es puesto en cuestión”. Pese a que la participación de la mujer en la industria fílmica sigue siendo baja (en 2019, solo el 10% de las películas más vistas fueron dirigidas por mujeres, y el año anterior era la mitad), la periodista afirma que se ha roto el mito de que al público no le interesaba ver personajes femeninos fuertes e historias de mujeres en pantalla, y pone como ejemplo el éxito internacional de taquilla de los filmes de superhéroes femeninas como la Mujer Maravilla y la Capitana Marvel. También, a partir de lo ocurrido con el movimiento #MeToo, se ha probado el potencial del cine como un medio de influencia y de generación de diálogo en torno a los problemas de la sociedad:

—Si mi generación tenía como referencia ‘La sirenita', me enseñaron que si quería el amor tenía que entregar mi cuerpo, mi mundo y mi voz, entonces me encuentro con un personaje como Harvey Weinstein y cedo. Pero las niñas que hoy tienen como referencia a la Mujer Maravilla, van a tener una reacción muy distinta. Es un cambio de sentido común que está pasando delante y detrás de las pantallas que es muy interesante.

Después de una década de FemCine, su directora destaca como avance “que ya nadie nos pregunta por qué hacemos el festival, cuando partimos era como ‘qué exótico lo que están haciendo'”, y reitera la importancia de este medio en la construcción de imaginarios, por lo que concuerda con los estudios (como los del Instituto Geena Davis) que relacionan por ejemplo, los roles femeninos que se muestran en pantalla con las vocaciones profesionales de niñas y adolescentes.

—A lo largo de estos 10 años una cosa que hemos podido comprobar es que temáticamente no existe “un cine de mujeres”, las mujeres cineastas —al igual que sus colegas hombres— están interesadas por el mundo en su totalidad y sus temas y estéticas son múltiples y diversas. Cada año mostramos películas de denuncia contra la violencia, que dan cuenta de historias de mujeres notables, sobre derechos humanos, pero también comedias, cintas de ciencia ficción, horror e incluso westerns. La riqueza de las propuestas de las mujeres realizadoras nos sorprende cada año y nos recuerda que la idea de que existen “temas femeninos” no es más que un prejuicio. Con los años hemos visto cada vez más riesgo —tanto formal como temático— en las jóvenes cineastas, lo que enriquece aún más no solo del cine de mujeres, sino el panorama del cine mundial —concluye.

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