Domingo 26 de Enero de 2020

Expertos también apuntan a que es importante saber cuántos kilómetros circulan al año

Las ventajas y desventajas de tener un auto eléctrico: precios, rendimiento y gastos son aspectos a considerar

Además se debe tener en cuenta el permiso de circulación, el seguro contra accidentes y la autonomía de los diversos modelos que ya están presentes en el mercado nacional.

Judith Herrera C.

Hay vehículos eléctricos que pueden hacer recorridos de Santiago a Concepción con una sola carga, pero aún no pueden superar a uno convencional”.

MANUEL HERRERA

Académico de AIEP

Es muy silencioso, no tiene nada que envidiarle a uno con motor tradicional. Se conduce igual y se carga rápido, además que tiene pocas fallas”.

JAIME NAVARRO

Dueño de un auto eléctrico

Son varios los factores que se deben tener en cuenta a la hora de comprar un auto, sobre todo hoy, cuando el número de modelos en el país es considerable, y que no solo están los llamados convencionales —a bencina o diésel—, sino que ahora en el mercado se encuentran los vehículos eléctricos, que prometen ser menos contaminantes.

Los expertos afirman que hay que ponderar al menos cinco factores para decidir un modelo eléctrico: el costo, el rendimiento, las mantenciones, los gastos asociados al uso y los valores del permiso de circulación y seguro.

Al comprarlos, los convencionales son más económicos. Por ejemplo, el Chevrolet Sail, uno de los modelos más vendidos el año pasado, se puede encontrar por cerca de $5,8 millones. Uno eléctrico, en cambio, como el Hyundai Ionic, cuesta cerca de $23 millones, mientras que el Nissan Leaf bordea los $31 millones.

“Alguien que quiere comprar un vehículo tiene que calcular cuántos kilómetros anda al año”, plantea Javier Pereda, académico de Ingeniería Eléctrica de la UC. Esto, porque, en cuanto al rendimiento, los autos eléctricos son más convenientes: “Un auto a combustible anda, en realidad, a $60 o $70 por km. Y en uno eléctrico estamos hablando de $13 por km”, afirma Pereda.

“Debieran existir más incentivos para comprar un auto eléctrico, que son más amigables con el medio ambiente. Hoy es muy caro poder adquirir uno, aunque sean más baratos a largo plazo, por lo que podría haber algún tipo de subsidio”, plantea el gerente de Movilidad del Automóvil Club, Alberto Escobar.

¿Cuánto recorren?

Los expertos también postulan que es necesario estudiar la autonomía de los vehículos. Uno a combustión y con el estanque lleno puede recorrer cerca de 600 km. Mientras que la operación del eléctrico oscila entre los 150 y 400 km. Y en cuanto a la carga, algunas se pueden hacer en 15 minutos, mientras que otras, para dar mayor estabilidad, deben ser superiores a la hora.

“A pesar de que la infraestructura está muy avanzada, todavía falta, tanto en los edificios como en las calles y carreteras”, plantea Javier Pereda. “Sería bueno que, a futuro, se tomarán en cuenta iniciativas para que haya más lugares donde sea posible cargar los vehículos. Hay, pero siguen siendo pocos, y eso impide avanzar hacia más usuarios de la electromovilidad”, añade.

Trámites e incentivos para la compra

Respecto de los permisos de circulación, los autos eléctricos pagan desde $219 mil, en el caso del Renault Zoe. Mientras, en los vehículos a combustible, el permiso parte en los $84 mil, en el caso del Chevrolet Sail.

César Ramos, asesor de la Escuela de Mecánica de Inacap, dice que en el caso de los seguros, uno full cobertura para autos eléctricos cuesta al menos $60 mil mensuales. “El valor es mayor y puede llegar a ser el doble (que el del resto). Esto se relaciona con el valor del vehículo, la disponibilidad en el mercado, repuestos, talleres para trabajar en las unidades. Y, por otra parte, no todas las compañías aseguradoras en el país lo ofertan”.

Versatilidad

Como los expertos enumeran los factores a considerar, usuarios de ambos tipos cuentan un poco sus experiencias. Jaime Navarro, desde el año pasado, ocupa un Nissan Leaf 2015 que compró usado por cerca de $16 millones. Comenta que “hace rato venía pensando en dejar los bencineros, pensé en un híbrido como para empezar, pero luego dije: me voy con todo”. Añade que “es muy silencioso, no tiene nada que envidiarle a uno con motor tradicional. Se conduce igual y se carga rápido, además que tiene pocas fallas, no tengo que llevarlo nunca al mecánico”.

Eso sí, destaca que aún hacen falta “zonas de carga. Yo tengo en mi casa instalado un cargador para el auto y ya me conozco las gasolineras que tienen, pero siguen siendo pocas si queremos avanzar en que sean más los que usen estos autos. Eso y tener más incentivos, como en el permiso o reducción de impuestos al comprarlo”.

Mientras, Gonzalo Bustos, quien conduce un Chevrolet Spark 2014, que le costó aproximadamente $4,5 millones, dice que “en algún momento creí que podría meterme en la electromovilidad, pero los costos eran demasiado elevados. Prefiero un city car que no sea tan gastador, y que me sale a cuenta al mes y donde difícilmente quedaré en panne sin lugar donde cargar. Además que puedo ir a la playa y regresar, eso no te lo da un eléctrico”.

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Similitudes y diferencias

Según los expertos, a grandes rasgos se pueden distinguir dos aspectos técnicos para comparar los distintos tipos de vehículos.

El motor: Es la primera diferencia, ya que un auto eléctrico opera a través de la energía que no funciona a partir de una combustión, por lo que no genera emanaciones de gases ni utiliza aceite.

Frenos: Un auto a combustible cuenta con un sistema de frenos que puede ser de discos o pastillas. En el caso de los modelos eléctricos, el sistema considera regeneración de energía para recuperar la que pierde al frenar, lo que la transforma en la energía eléctrica que alimenta las baterías.

Vidas cruzadas

Miguel Laborde

Casi al mismo tiempo fallecieron, en estos días, Luz Pereira y Cristián Boza, dos animadores de la escena cultural de Santiago. Coincidieron sus destinos frente a la Plaza Lo Castillo, en el centro comercial del mismo nombre, en el que ambos dejaron una huella.

Allí, como arquitecto, Boza —junto a sus socios tradicionales, Jorge Lührs y José Muzard— aportó el lugar. Amante del patrimonio —por ese mismo tiempo produjo el libro “100 años de arquitectura chilena”—, para iniciar este proyecto de Vitacura anduvo por el centro, huincha en mano, midiendo los edificios que le daban jerarquía al casco histórico, como el Banco de Chile. En cuanto a referentes del comercio en espacios interiores, su modelo fue el Portal Fernández Concha, en el borde sur de la Plaza de Armas. De este extrajo los portales de doble altura, el uso relevante del vidrio, cornisas, que replicaron el espíritu del centro en un lenguaje nuevo.

Así, el barrio Lo Castillo adquirió, con la creación de este centro comercial, un núcleo reforzado en la convergencia de las avenidas Vitacura y Candelaria Goyenechea, el que luego se prolongó a la vecina Alonso de Córdova y al paseo El Mañío.

Al lugar llegó la emprendedora Luz Pereira un día, y descubrió la amplitud del subsuelo del centro comercial de Lo Castillo; le pareció que eso podía ser más que un área de bodegas para el recinto. Mujer de temple (era piloto civil, incluso), decidió crear ahí Espaciocal, un cine arte que buscó sobrevivir al margen de las grandes distribuidoras de Hollywood, pero que también se convertiría en sala de exposiciones donde se estrenaron nombres que destacaron en nuestras artes visuales, como Alfredo Jaar e Isabel Klotz.

Con una librería adjunta, lanzamientos de libros y recitales de poesía —de Raúl Zurita, entre otros—, Vitacura tuvo ahí, en ese contexto de adecuada arquitectura urbana, un indispensable espacio de arte y cultura, en medio de un entorno hasta entonces puramente residencial. Fueron 22 años los de vigencia de Espaciocal en Vitacura, en épocas sin fondos ni apoyos.

Así como Luz Pereira también creó una revista, trabajó en el Museo de Bellas Artes con Nemesio Antúnez y Lily Garafulic, e incluso abrió una galería en Buenos Aires con Carmen Waugh, Cristián Boza, por su parte, emprendería proyectos en defensa de Santiago poniente, contra la Norte-Sur (para cubrir la que consideraba una herida en medio del Santiago) o, evocando a Vicuña Mackenna con el Mapocho navegable, origen del actual parque fluvial de la Familia en Quinta Normal. Llegó a ser uno de los arquitectos latinoamericanos más activos en la búsqueda de lenguajes propios y adecuados a los nuevos tiempos.

Tal como Boza, que abogaba por la arquitectura a nivel regional y recibió el Gran Premio de Arquitectura Latinoamericana 2005, Luz Pereira sería reconocida a nivel internacional, distinguida en Barcelona el año 2009 por la Asociación Iberoamericana de Distribuidores.

Fueron dos santiaguinos que, cada uno a su manera, “hicieron ciudad”.

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