Martes 3 de Marzo de 2020

Summit Learning:

El sistema educativo que recomienda Bill Gates

Diane Tavenner, creadora de uno de los sistemas educacionales más exitosos de Estados Unidos, explica aquí por qué es tan importante cambiar los métodos tradicionales de aprendizaje y también la manera en que educamos a nuestros hijos en la casa. De todo ello y de su libro “Prepared: What Kids Need for a Fulfilled Life” —recomendado por Bill Gates— habla en esta entrevista.

Por Sofía Beuchat. Fotos: Summit Public Schools.

El objetivo final de Diane, en sus escuelas y en su libro, es ayudar a que los jóvenes construyan lo que llama “hábitos de éxito”.

Si se nos diera la posibilidad de crear un colegio nuevo desde cero, ¿qué haríamos? Era 2003 cuando Diane Tavenner —psicóloga y socióloga de la Universidad de Carolina del Sur, con un máster en Administración y Análisis de Políticas en Stanford— se hizo esta pregunta, junto a un grupo de padres de Redwood City, California. No lograban encontrar un establecimiento para sus hijos que cumpliera con sus expectativas. Querían un colegio que preparara a los estudiantes para la universidad, pero también para la vida. Que no estuviera tan preocupado de clasificar bien en las pruebas estandarizadas como en inculcar el amor por aprender. Y que lograra que todos los alumnos, sin importar su realidad socioeconómica, pudieran llegar a la educación superior.

Ese mismo año, fundó el Summit Preparatory Charter High School. Entonces no faltó quien le dijera que estaba loca, que esa meta era imposible de lograr. Pero pronto ganó fama como uno de los mejores colegios públicos de la costa Oeste de Estados Unidos.

Hoy, Diane es la fundadora y CEO de Summit Public Schools, una red de 11 colegios públicos distribuidos entre la zona de Seattle y la bahía de San Francisco, donde el 99 por ciento de los estudiantes entra a la universidad y, entre ellos, la tasa de egresados corresponde al doble del promedio nacional. Además, su programa educativo Summit Learning se aplica actualmente en casi 400 colegios en Estados Unidos, de diferentes entornos y realidades socioeconómicas. Y su libro “Prepared: What Kids Need for a Fulfilled Life”, editado en septiembre de 2019, es un best seller en su país. Especialmente desde que, en diciembre, Bill Gates lo incluyera entre las cinco publicaciones de 2019 cuya lectura le parecía indispensable.

Hace algunos años, Gates fue a visitar uno de los establecimientos. Volvió fascinado. “Aluciné. Era completamente diferente a cualquier colegio que haya visitado antes”, apunta en su blog personal, Gates Notes. “Algunos estudiantes trabajaban por su cuenta, avanzando por las materias a su propio ritmo. Otros trabajaban juntos en proyectos. En lugar de dictar cátedra frente a la clase, los profesores actuaban como un coach, guiando a los estudiantes en relaciones uno a uno. Todos se veían comprometidos”.

Diane recuerda perfectamente ese día. Al teléfono desde su casa en Mountain Field, en California, cuenta que Gates habló poco con los profesores y mucho más con los alumnos, y luego comentó que la clave del sistema era “la creencia inquebrantable de que todos los estudiantes tienen el potencial para tener éxito”.

—Que diga eso no es menor: ha estudiado sobre educación y además es un gran empleador, lo que significa que sabe lo que se necesita para que los jóvenes tengan éxito. Su visión nos muestra que vamos bien encaminados en formar gente para la nueva realidad laboral —dice Diane.

—Sin duda, la educación actual fue diseñada para el siglo pasado, cuando lo que se necesitaba era formar trabajadores para una economía industrial. No estamos preparando a los jóvenes para el mundo de hoy y, mucho menos, para el mundo que a ellos les tocará vivir. Debiéramos estar entregándoles un set mucho más amplio de habilidades, no información que rápidamente queda obsoleta. Enseñarles a pensar de manera crítica, a resolver problemas, a comunicarse efectivamente, a trabajar en equipo y a reflexionar, de manera que puedan seguir aprendiendo el resto de su vida.

Para lograr estos objetivos, el sistema de Diane se basa en conceptos que —no lo niega— están emparentados con propuestas enfocadas en la educación personalizada, como el método creado por María Montessori o el sistema Waldorf, donde los profesores se adaptan al ritmo de los niños para estimular su interés por aprender. También toma elementos del modelo finlandés, con foco en el trabajo por proyectos. Explica que estas propuestas, y también la suya, resuenan con lo que hoy la ciencia permite saber sobre cómo los niños aprenden, crecen y se desarrollan. Y que este enfoque, donde se ve a cada joven como un individuo, sin generalizaciones, ha sido clave para que no haya diferencias de género en los resultados de los egresados.

—Lo que yo propongo en mi libro y lo que hacemos en las escuelas no es realmente nuevo; la diferencia está en cómo reúno todo lo que hay en un modelo educativo integral y coherente —explica.

—Por ejemplo, nuestros estudiantes pasan gran parte del tiempo haciendo proyectos que se basan en la búsqueda de soluciones, usando los conocimientos disponibles, para problemas que están en la vida real. Muchos colegios hacen eso, pero la mayoría aplica este método al final de una unidad. Lo ven como el postre, mientras que para nosotros es el plato principal.

El trabajo con profesores-mentores es uno de los elementos distintivos del método Summit Learning. Su rol es ir guiando a los jóvenes para que vayan ganando confianza en sí mismos y adquiriendo una sensación de sentido, de dirección. El mentor los ayuda a identificar cuáles son sus metas, idear un plan para lograrlas, desarrollar este plan, poder comunicar todo lo hecho a otros de manera efectiva y, finalmente, evaluar todo el proceso, para aprender y corregir a futuro. Un ciclo muy similar al que se vive hoy en la mayoría de los ambientes de trabajo y que ayuda a consolidar tanto la motivación como el compromiso.

—Esto es lo que usted llama “autodirección”.

—Sí, y es súper importante en un mundo de cambios —acota Diane—. Hoy sabemos que es imposible que el colegio les entregue a los estudiantes todo lo que van a necesitar cada día del resto de su vida después de egresar. Los establecimientos educativos tienen que darles a los jóvenes la posibilidad de que entrenen todos los días su capacidad de aprender. Pero la mayoría de los colegios no lo hace. Casi todos les dicen a los niños: lleguen a una hora determinada, siéntense en un escritorio, hagan una tarea, lean un capítulo, contesten unas preguntas. No les entregan ninguna habilidad o libertad para dirigir su propio aprendizaje. Así, crean jóvenes que salen al mundo laboral y se quedan esperando a que sus jefes les digan lo que tienen que hacer. Lo único que han practicado es cómo esperar instrucciones.

Más allá de las clases

En la casa, acota, según Diane, el patrón educativo limitante de muchos colegios se repite con frecuencia. Son pocos los hogares donde se va potenciando la iniciativa de los hijos. Los padres, dice Diane, debieran invertir tiempo en preguntarles a sus hijos cuáles son sus metas, conversar sobre sus planes para alcanzarlas e ir evaluando juntos los avances, tal como lo hacen los mentores de sus colegios; no dejar a los niños solos, pero tampoco solucionarles todo.

—Mi mirada sobre las capacidades de los niños y jóvenes es muy positiva: siempre han sido capaces de hacer mucho más de lo que creemos —acota—. Si miras la historia, ves que antes los niños trabajaban desde muy chicos y se hacían cargo de mucho. Por supuesto que no creo que haya que volver a eso, pero rescato la idea de pensar en los niños y jóvenes como personas capaces de dar mucho más.

En esta línea, sus tres consejos centrales para los padres son: darse el tiempo de ir conversando con los hijos sobre sus avances y problemas; pensar siempre a futuro, y preocuparse de ayudarles a buscar un sentido, una dirección para su vida. Esto, dice, debiera ser un hábito tan instalado como lavarse los dientes. Pero la mayoría de los padres sigue pensando en las notas, las pruebas, el día a día.

—Hoy hay en los padres mucha sobreprotección —dice—. Creo que mucha de nuestra paternidad se ejerce desde un lugar en el que hay temor y, por lo tanto, límites. Con ese enfoque, terminamos evitando que ellos sean capaces de hacer todo lo que pueden hacer.

Estos temores, dice, los ha observado especialmente en padres de hijos que tienen problemas de aprendizaje y de concentración, o que simplemente son muy desordenados. Suele escucharles decir que sus hijos necesitan “un colegio más estructurado”. Pero ella no está de acuerdo.

—No es la experiencia que he tenido en mis colegios ni es lo que creo —acota—. Cuando un padre me dice “mi hijo es incapaz de hacer planes”, yo le pregunto: “¿Y cuando cree que va a aprender? ¿De qué otro modo puede desarrollar eso que le falta, si no es haciéndolo?”.

Al respecto, Gates apuntó: “Los consejos de Diane se basan en la creencia de que los padres deben apoyar el crecimiento independiente de sus hijos; ser mentores, no dirigir. Debieran incentivar en ellos el pensamiento propio y exponerlos a cuantas ideas, personas y lugares sea posible”.

Éxito y sociedad

El objetivo final de Diane, tanto en sus escuelas como en su libro, es ayudar a que los jóvenes construyan lo que llama “hábitos de éxito”: un set de herramientas que les serán útiles para lograr sus metas en todos los ámbitos, de lo laboral a lo personal.

—Queremos que los jóvenes desarrollen habilidades que realmente los conviertan en seres humanos exitosos. Esto va desde la capacidad de organizarse y ser capaz de cumplir, por ejemplo, con fechas de entrega, hasta entender las emociones propias y controlarlas, ser capaz de trabajar en equipo, y crear una mentalidad basada en la creencia de que puedes aprender, y que ese aprendizaje será útil.

—Habla de formar seres humanos exitosos. ¿Qué es eso para usted?

—Aprendí eso cuando fui madre. Lo que más me preocupa en relación con mi hijo (Rett, de 17), y lo que la mayoría de los padres quiere para sus hijos, es que tengan una vida completa. Eso tiene varios aspectos. Que tengan un trabajo con sentido. Que cuenten con herramientas que les permitan alcanzar un cierto nivel de seguridad y estabilidad económica, lo suficiente para no estar inmerso en un estrés o fragilidad que les impida estar tranquilos y ser un aporte para la comunidad. Luego, que logren formar una comunidad y tener relaciones interpersonales fuertes. Y que tengan salud. Tal vez todo esto suena algo básico, pero para mí, eso es lo que significa tener una buena vida.

—Gran parte de su discurso dice relación con el esfuerzo personal. ¿Le parece que en ciertos contextos el empeño individual puede no ser suficiente?

—En ningún caso minimizo el poder de los gobiernos y las instituciones. Pero esas organizaciones finalmente están compuestas por personas, y son las personas las que hacen los cambios. Creo profundamente en que todos tenemos algún poder dentro de nosotros mismos. Las historias más inspiradoras en este sentido vienen justamente de entornos en los que el futuro parecía imposible de cambiar: esclavos, prisioneros de guerra. La gente más admirable siempre nos enseña que todos podemos hacer algo por cambiar circunstancias adversas y creer en la esperanza.

—¿Qué le dice a usted el concepto de meritocracia?

—La meritocracia es una idea correcta, y creo que en eso estamos todos de acuerdo. Pero también creo que estamos todos de acuerdo en que realmente no existe. Por eso, enfoquémonos en trabajar por corregir esta realidad y no olvidar que cada día, lo que los niños y jóvenes quieren es una oportunidad. Quieren desarrollar sus habilidades, ser buenos en algo, y hacer un trabajo exitoso. Y hay muchas cosas que podemos hacer ahora mismo para ayudar a cada uno de ellos a lograrlo. Es ahí donde yo pongo mi energía.

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