Martes 31 de Marzo de 2020

psicólogo estadounidense:

Daniel Goleman “Esta es también una pandemia del miedo”

A 25 años de su aplaudido libro “Inteligencia Emocional”, el conocido psicólogo analiza los grandes desafíos que plantea el virus que hoy tiene a la humanidad en cuarentena. “La preocupación tóxica se ha convertido en sí misma en una pandemia”, advierte, y explica cómo las herramientas que entrega la inteligencia emocional pueden ayudarnos a reflotar el optimismo en tiempos difíciles.

Por Sofía Beuchat.

Poco antes de contestar el teléfono en su casa, cerca de Nueva York, para esta entrevista, Daniel Goleman les había estado leyendo a sus nietos, de 3 y 5 años, un libro de Dr. Seuss, el célebre creador de la serie ilustrada “The Cat in the Hat”. Leer cuentos es un hábito que Goleman —uno de los psicólogos más conocidos de Estados Unidos desde que, en 1995, publicó su libro “Inteligencia Emocional”— practicó con sus hijos y ahora repite con sus nietos, pero esta vez no pudo hacerlo abrazando a los niños, como hubiera querido: no le quedó otra que leerles y mostrarles los dibujos del libro a través de la pantalla de su computador. Ellos están confinados en la casa de sus padres, y él, en la suya. Están en cuarentena preventiva, como gran parte de la población mundial, producto de la alarma causada por el coronavirus.

La distancia social que se recomienda, y a veces se obliga, para frenar el avance del virus es un tema que preocupa a Goleman como psicólogo, porque sabe que nuestro cerebro está hecho para conectar con otros y, si no lo hace, puede deprimirse. Estar aislados nos hace mal y desafía nuestra salud mental, dice. Hablar mediante cámaras, como él lo hizo con sus nietos, y reducir al mínimo los mensajes de texto, es fundamental en este contexto, asegura, porque se parece más a la comunicación frente-a-frente.

—Si te estás quedando en la casa, pienso que es importante hacer el esfuerzo de buscar conexiones personales, uno a uno, con tu gente. Puede ser una llamada, una sesión en Zoom, Facetime, lo que sea. Creo que necesitamos contactar más a las personas que damos por sentadas. Llamar, por ejemplo, a la gente que tenemos en Facebook, no solo postear algo y dejar que lo vean. Conectarnos entre todos, cara a cara, es ahora más importante que nunca —recomienda.

Goleman dice que aún no se sabe si esta comunicación virtual pueda llegar a ser equivalente a la real.

—Esa es una gran pregunta para la que todavía no tenemos respuesta. No creo que todo eso sea tan poderoso como comunicarse en persona, claramente, pero es mejor que solo hablar por mensajes de texto. Eso sin duda.

—Desde su visión, la distancia social que se nos ha impuesto, ¿será peor para quienes están solos o para quienes están en familia? En el primer caso implica enfrentar vacíos; en el segundo, puede traer un aumento de las peleas y conflictos.

—Pienso que los que están en familia la pueden sobrellevar más fácil. Pueden buscar caminos para la paz y pensar: estamos en esto juntos. Ellos tienen más contacto con otras personas, cosa que por sí sola es un gran recurso para enfrentar un problema como el que estamos viviendo. Si las peleas son muchas, puedes hacer el esfuerzo de pensar en lo que te gusta de una persona, en lo que le agradeces, para dejar de enfocarte en lo que no te gusta. En cambio, la gente que está sola puede pasar tiempos más duros quedándose en la casa. Es importante que hagan más contacto con su gente del que hacen normalmente. Eso les ayudará.

Emociones y coronavirus

En términos prácticos, la vida cotidiana no ha cambiado demasiado para Goleman con la cuarentena: lleva años, cuenta, trabajando desde su casa y dando conferencias en línea. Por estos días avanza en un nuevo libro: se trata de una suerte de continuación de “Los beneficios de la meditación”, que lanzó en 2018, ahora con foco en cómo convertir al mindfulness y la meditación tradicional en una herramienta de uso diario. Además, se apronta para el aniversario número 25, en septiembre de este año, de “Inteligencia Emocional” (1995), el libro que le dio fama global a él y también a este concepto, incluido por Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples de 1983 y luego analizado por los psicólogos estadounidenses Peter Salovey y John Mayer hace 30 años, en 1990.

Goleman celebrará las bodas de plata de su libro con una nueva edición actualizada, en el que analiza la expansión de este concepto, especialmente en el ámbito de la educación y la empresa.

—Ha sido un tremendo giro. Recuerdo haber escuchado “no puedes usar la palabra emoción en el mundo de los negocios”. Hoy, por todos lados, las empresas están buscando inteligencia emocional en sus empleados. Y eso es un cambio enorme. Cuando escribí el libro, había solo tres o cuatro programas en los que ayudaban a los niños en su aprendizaje social emocional, ahora hay cientos. La inteligencia emocional es un set de herramientas para la vida y se ha convertido en un concepto muy generalizado. Es autoconciencia, autoadministración, empatía, manejo de relaciones. Todos necesitamos eso.

—En estos tiempos en los que el covid-19 está desafiando nuestra salud física y mental, ¿qué herramientas de la inteligencia emocional pueden ayudar a sobrellevar mejor la pandemia?

—Hay dos. La resiliencia es clave, porque te ayuda a recuperarte pronto de algo que te preocupa y te pone en un estado en el que puedes tomar mejores decisiones. Pero lo primero es aprender a manejar tus propias reacciones emocionales frente a esta situación. No ayuda estar simplemente asustado, no ayuda entrar en pánico. Es mucho mejor mantenerse calmado y claro, porque así puedes pensar mejor.

Goleman explica que es inevitable sentir temor cuando las circunstancias lo ameritan, y que esto puede “empañar la mente y tensionar tu cuerpo”. En el caso del coronavirus, dice, el potencial de preocupaciones y desafíos que plantea es infinito. Hay dudas sobre cómo ser productivo desde la casa, o incertidumbre frente al contagio si tu trabajo te obliga a salir de ella. También sobre el futuro de las fuentes de trabajo.

“Es oficial: estamos en una pandemia. En realidad, ante dos. Una, lo sabemos todos, es la expansión del coronavirus. La segunda es la pandemia del miedo”, apunta al respecto en un posteo en su LinkedIn. Ahí, asegura que “la preocupación tóxica se ha convertido en sí misma en una pandemia”.

Este miedo, explica, se ha traducido en conductas irracionales, como la compra compulsiva de papel higiénico que se produjo a nivel global y que todos pudimos ver en la televisión y en videos reenviados por redes sociales. El acaparamiento de productos de higiene, por otro lado, refleja una clara pérdida de uno de los valores centrales de la inteligencia emocional: la empatía, es decir, la capacidad de ponernos en el lugar de los otros.

—¿Diría que, a veces, los seres humanos hemos llegado a estar fuera de control, producto de los temores asociados a la pandemia?

—Sí, claro. Lo noté cuando fui al almacén de mi barrio y la mitad de las repisas estaban vacías… La gente está haciendo lo que se conoce como “compras de pánico”: si les dicen que junten comida como para dos semanas, compran para 10. Esto ocurre cuando la gente está aterrorizada. Cuando mencionas la posibilidad de la muerte, tiende a disminuir la preocupación por otras personas y te lleva a enfocarte en ti mismo.

Goleman explica que esto se puede entender a partir de la pirámide creada en 1943 por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, que jerarquiza las necesidades humanas y pone en la base a la subsistencia.

—En tiempos en los que la gente entra en pánico, se pone en modo de sobrevivencia. Pienso que eso está causando gran parte de los problemas que hoy estamos viendo —comenta.

—Las redes sociales no han ayudado mucho. Se ve ahí mucha desinformación, pero también emociones desbordadas, textos irreflexivos, que solo aumentan el temor y la ansiedad.

—Hay un estudio en el MIT que muestra que las noticias altamente emocionales se esparcen mil veces más que los datos racionales. La emoción es un gancho, y por eso la gente tiende a compartir esa información (…) El gran problema con las redes sociales es que algo que una persona escribió muy cansada a las tres de la mañana y sin pensarlo demasiado se ve igual que, por ejemplo, un artículo de “El Mercurio”. Se presentan de la misma manera. Y esto hace que publicaciones basadas solamente en rumores se vean tan creíbles como una historia bien investigada. La realidad en línea le ha quitado a la gente la habilidad para distinguir entre falsos rumores y noticias falsas. Estas noticias falsas, que existen con el fin de tratar de manipularte, son siempre emocionales, y están hechas para hacerte sobrerreaccionar. Y esa es otra razón por la cual la inteligencia emocional es hoy tan importante: te hace ver esa historia, ese blog o lo que sea, y no sobrerreaccionar.

Si el aumento de la robotización y el avance de la inteligencia artificial ya estaban haciendo aumentar el temor de que las fuentes de trabajo sean reemplazadas por máquinas, la expansión global del coronavirus disparó, aún más, estos temores. Las máquinas son más rápidas, no se cansan, no tienen emociones y no se enferman. Al menos, no con los mismos virus que los seres humanos.

—No soy un experto en inteligencia artificial —advierte—, pero me parece que se puede imitar, en un programa, cualquier habilidad del coeficiente intelectual, desde la capacidad para comprender y ejecutar ejercicios matemáticos hasta cómo cocinar un plato de comida. Lo que no pueden imitar tan bien es, justamente, la inteligencia emocional; la habilidad de tomar una decisión basada en lo que te gusta y lo que no, o de usar la empatía para percibir cómo otra persona se está sintiendo.

Además, dice Goleman, hay muchos aspectos del trabajo humano que requieren de un sentido intuitivo emocional. Muchas decisiones se basan no solo en un conocimiento racional, sino en un entendimiento que es también emocional.

—Las máquinas no son muy buenas en eso, y no sé si alguna vez lo serán —comenta.

—En esto, ¿es optimista?

—En parte sí, pero solo en parte. Porque efectivamente, todo lo relacionado al trabajo que es cognitivo puede ser eventualmente asumido por la inteligencia artificial.

Resetear la mente

Para Goleman, lo más importante es saber que podemos evitar que los temores —a contagiarse, a perder el trabajo, a tener que cerrar una empresa— nos paralicen y bloqueen nuestro raciocinio. El psicólogo asegura que, por más que el mecanismo del miedo se active a partir de sistemas ancestrales anidados en nuestra amígdala que no podemos controlar, sí podemos elegir actuar positivamente a partir de estos sentimientos de preocupación y ansiedad, o bien buscar de manera activa caminos que nos ayudarán a dejarlos atrás.

Según Goleman, mecanismos simples como la meditación y ejercicios de respiración pueden ser de gran ayuda para “resetear” la mente y ayudarla a ir desde los pensamientos negativos hacia una mirada más optimista que saque al organismo de la ofuscación, incluso fisiológica, que es causada por el temor.

—Debemos entrenar lo que se conoce como control cognitivo, algo que la simple meditación aumenta —explica. —Se trata de la habilidad para mantener el foco en lo que es importante en cada momento, ignorando distracciones. Es lo que te permite agrandar la distancia entre el impulso y la acción, base de la madurez.

Es muy importante aprender esta herramienta desde que se es niño: según Goleman, los estudios muestran que quienes son buenos en esto entre los 4 y los 8 años tienen mejores ingresos y salud cuando tienen entre 30 y 40 años.

—Hay muchas maneras de enseñarlo, pero necesitas enseñarlo una y otra vez. Cada vez que le dices a un hijo que puede jugar en su computador, pero debe hacer sus tareas primero, le enseñas control cognitivo.

El cultivo racional y premeditado de la empatía, agrega, también debiera ser reforzado en estos momentos en los que la humanidad está siendo puesta a prueba. Simplemente hablar sobre la situación de otros puede ser de gran ayuda. También el mantenernos en contacto unos con otros, para no perder de vista la realidad que nos aqueja como sociedad.

—Si solo nos preocupamos de nosotros mismos, nos volvemos muy egoístas y la comunidad sufre —acota.

—En Chile, y también en el mundo, se ha visto a muchos jóvenes que insisten en salir a las calles, pese a que se les advierte que podrían contagiar a otros. ¿A qué lo atribuye?

—La gente más joven tiende a pensar que los riesgos no se aplican a ellos. Lo siniestro de este virus es, justamente, que puedes verte y sentirte muy bien y aun así contagiar a otros. Estos jóvenes debieran saberlo y protegerse a sí mismos y a otros quedándose en la casa.

Goleman advierte que, junto con insistir en la comunicación de esto por todos los medios posibles, el ejemplo de los adultos es la manera más eficiente de enseñar empatía.

—Los padres son los primeros profesores de inteligencia emocional, particularmente durante la infancia de sus hijos. Pero no hay que tratar de enseñar empatía, hay que mostrarla. Es la única forma.

—No todos los adultos la tienen.

—Por eso soy partidario de que se enseñe en los colegios. Por si acaso. Pero no es algo tan simple. Todas las personas tienen un perfil de debilidades y fortalezas relacionadas con su inteligencia emocional.

—Usted escribió un libro sobre inteligencia emocional y liderzago. ¿Qué consejo les diría a los líderes que hoy están enfrentando esta pandemia, que trae problemas no solo de salud, sino también económicos y sociales?

—Es muy importante que los líderes sean capaces de moderar (las emociones del resto) siendo calmados y claros. No deben tomar decisiones rápidas basadas en emociones, sino sopesarlas. Deben mostrarse preocupados por los demás y tomar las decisiones que sean las mejores para sus comunidades. Es muy importante que los líderes tengan inteligencia emocional, para que se reproduzca a partir de su ejemplo.

—En su impresión, ¿los líderes están actuando con inteligencia emocional?

—Bueno, solo puedo hablar por nuestro líder (Donald Trump) y ha cometido muchos errores. Una de las grandes equivocaciones que un líder político puede cometer es ignorar la realidad de este virus por razones políticas. Eso pasó en nuestro país y dilató la respuesta tremendamente.

Según el psicólogo, a la hora de evaluar la inteligencia emocional, no hay diferencias de género significativas. En los test, explica, generalmente las mujeres tienen puntajes más altos porque, en promedio, tienen más habilidades sociales y empatía. Pero, del mismo modo, ellas tienden a no obtener buenos puntajes cuando se evalúa su capacidad de manejar emociones molestas o desconcertantes.

—La inteligencia emocional es muy individual. Es una combinación de genética, crianza y cultura. Lo bueno es que puede ser mejorada en cualquier etapa de tu vida —asegura.

—¿Mejorar nuestra inteligencia emocional es un desafío para el mundo de hoy?

—Sí. Pero primero, superemos el virus.

VOLVER SIGUIENTE