Viernes 22 de Mayo de 2020

Según análisis elaborado por el Departamento de Extranjería del Gobierno:

Interior proyecta que Chile habría recibido 736 mil migrantes más, de no haberse dictado nuevas regulaciones

Documento estima que ese habría sido el flujo migratorio adicional durante los últimos dos años, si no se hubieran implementado las visas de turismo para venezolanos y haitianos, manteniéndose “las políticas públicas del gobierno anterior”.

JORGE MARCHANT

Estos 736 mil migrantes hubieran generado impacto en el mercado laboral, acceso a servicios y respeto a sus derechos”.

Documento del Ministerio del Interior

El Ministerio del Interior formuló un análisis con posibles escenarios migratorios en Chile, en caso de que no se hubieran implementado las visas consulares de turismo para venezolanos y haitianos, que comprenden la primera y tercera mayoría de extranjeros en el país.

“Dado el alto nivel de irregularidad presentado por haitianos y venezolanos, que ingresaban al país como turistas cuando su intención era residencia, es que se implementaron visados consulares de turismo para ambas nacionalidades”, se recuerda primero en el estudio, respecto de las regulaciones dictadas al inicio del segundo gobierno de Sebastián Piñera, en 2018.

Así, el documento se sitúa —en medio del debate en el Congreso por una nueva Ley de Migraciones, a la cual el Gobierno repuso su urgencia legislativa a fines de abril— en la hipótesis de “preguntarse por el número de inmigrantes que hubieran entrado a Chile si no se hubieran tomado las medidas conceptualizadas como ‘ordenar la casa'. Es decir, un escenario contrafactual de qué hubiera pasado si se hubieran mantenido las políticas públicas del gobierno anterior”, liderado por Michelle Bachelet.

Según la estimación de residentes extranjeros en Chile al 31 de diciembre de 2019, publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Departamento de Extranjería y Migración (DEM) a cargo de Álvaro Bellolio, viven en nuestro país 1.492.522 extranjeros, de los cuales 455.949 son venezolanos, mientras que 185.865 residentes provienen de Haití.

Ambos flujos fueron afectados por la suma de medidas tomadas por el Gobierno, provocando la reducción de los ingresos. En el caso haitiano, en 2019 entre ingresos y salidas, el saldo migratorio terminó en -2.963, es decir salieron más migrantes de los que ingresaron al país.

Lo mismo ocurrió con el segundo semestre del año pasado para los venezolanos, dejando un saldo negativo de 648. Si consideramos el 2019 en su totalidad, ingresaron un total de 125.342 personas provenientes de Venezuela, según cifras de la Policía de Investigaciones (PDI) y el Ministerio del Interior.

Sin embargo, en un escenario hipotético, manteniendo las políticas migratorias del Gobierno anterior y utilizando la proporción histórica, la estimación que hace el Gobierno “en el escenario conservador”, es que “unos 334 mil ciudadanos haitianos y 402 mil ciudadanos venezolanos hubieran llegado a Chile en estos dos años. Con ello, 736 mil migrantes extras serían residentes de nuestro país si no se hubieran tomado medidas administrativas”. Esto quiere decir que, en vez de 1.492.522 extranjeros, el número de extranjeros residentes sería de 2.228.464, según informan desde Interior.

“Estos 736 mil migrantes que hubieran estado en el país, como turistas y con dificultades para regularizar su situación, hubieran generado impacto en el mercado laboral, acceso a servicios y respeto a sus derechos”, concluye el texto.

Debate de Ley de Migraciones

En el texto, Interior asegura además que existen organizaciones que promueven que “los extranjeros ingresen como turistas y una vez acá busquen trabajo y cambien su condición migratoria a residente, sin RUT”, y también cuestiona lo sucedido en la comisión de DD.HH. del Senado, en la que se aprobó una indicación impulsada por Yasna Provoste (DC), Juan Ignacio Latorre (Frente Amplio) y Alejandro Navarro (PRO), que contempla regularizar a los migrantes irregulares si han permanecido dos años en el país y tienen contratos de trabajo.

“Esta indicación elimina el incentivo a entrar por un paso fronterizo o hacer el control migratorio. Por el contrario, incentiva a estos migrantes a permanecer escondidos por dos años, trabajando precariamente y a merced de su empleador”, se afirma en el texto de Interior, agregándose que la enmienda “incentiva el ingreso clandestino” y sentaría “las bases para la migración sin restricciones, que genera impactos sociales relevantes a nacionales y extranjeros”.

Trámite

A fines de abril, La Moneda puso urgencia legislativa a la Ley de Migraciones.

1,49 millones

de extranjeros residen en Chile según la estimación oficial. La comunidad más numerosa es la venezolana (456 mil) y la tercera es la haitiana (185 mil).

2,22 millones

de personas extranjeras residirían en el país, según Interior, de no haberse creado las visas para haitianos y venezolanos.

El diputado UDI Javier Macaya analiza eventuales consecuencias políticas de la pandemia:

“No se debe hipotecar el futuro de Chile pensando que la solución de todo será el Estado”

Además sostiene que ve lejana la posibilidad de un nuevo pacto social, acusando que eso “choca con la realidad de una izquierda que ha mostrado intransigencia”.

Alicia Hamilton

Hay grupos extremos que desde el 18 de octubre han hecho intentos por generar inestabilidad en nuestra democracia y hoy se aprovechan de la crisis sanitaria para generar violencia”.

“No es tan terrible, solo un poco molesto”, dice Javier Macaya acerca del examen que se hizo este miércoles para descartar un eventual contagio de covid-19. Había entrado en cuarentena preventiva hacía una semana tras haber estado en contacto con el senador Rabindranath Quinteros (PS), primer contagiado del Congreso.

El diputado UDI y excandidato a presidente del partido ha sido uno de los parlamentarios con los que ha dialogado el ministro de Salud, Jaime Mañalich, y defiende su estrategia para enfrentar la pandemia.

—La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, afirmó hace unos días que el sistema económico actual no funciona porque produce grandes desigualdades y que se debe pensar en una nueva economía que sea inclusiva y sostenible…

—Con ese tipo de declaraciones uno se empieza a dar cuenta de que se está articulando un discurso similar en la izquierda. El Presidente argentino, Alberto Fernández, en una reunión con la oposición en Chile les dijo que el Estado va a estar mucho más presente para enfrentar las consecuencias de la pandemia. Y si vemos lo que está ocurriendo hoy en el Congreso con propuestas de fijación de precios, estatización de empresas, críticas a los concesiones de los suministros básicos, nacionalización desde el agua hasta las telecomunicaciones, eliminación de la participación privada en salud… es parte de un discurso preocupante que se está articulando para lo que viene pospandemia.

—¿Y eso qué podría implicar?

—Es útil hacer una mirada a la historia; durante las crisis se han estimulado posiciones contrarias a la libertad, tanto en lo político como en lo económico. Tras la Primera y Segunda Guerra Mundial, emergieron dos de los peores totalitarismos que ha conocido la humanidad: el socialismo nazi y el marxista. La historia ha demostrado que la pérdida de libertad económica al final puede traer aparejada, más temprano que tarde, una pérdida de grado en libertad política.

—Hay quienes sostienen que durante la pandemia se han evidenciado aún más las desigualdades del sistema. ¿Usted cree que el Estado no se debe fortalecer en ningún aspecto?

—La mirada profundamente estatista está superada. Chile, con su institucionalidad vigente, el modelo que tanto critican algunos ha podido controlar mejor la pandemia que países absolutamente basados en lo público en su salud. Nosotros tuvimos la capacidad de anticiparnos y eso fue gracias a la inversión que existe en el sistema de salud chileno, tanto público como privado. El peor error que se puede cometer es articular un discurso que reivindique solo el rol del Estado y que la crisis sea la justificación para demandar que el Estado tenga una intervención de manera permanente.

—En términos de salud pública, ¿no cree que se deba fortalecer?

—No se puede dejar la salud únicamente limitada a lo que puede hacer el Estado. ¿Alguien cree que si un laboratorio internacional descubre la vacuna contra el covid-19 y sabe que Chile está teniendo una legislación que le puede expropiar sus patentes farmacéuticas con licencias obligatorias, vamos a tener más o menos facilidades para acceder a la vacuna? La respuesta es evidente, acá por muy bonitas que parezcan las intenciones en los titulares, las iniciativas estatistas en materia de salud pueden significar un problema muy importante para el futuro del sistema chileno. No se debe hipotecar el futuro de Chile pensando que la solución de todo será el Estado.

—Usted habló de sacar lecciones del pasado, ¿qué lecciones saca de esta crisis?

—Hago una crítica a las miradas antagónicas entre los enamorados del Estado y de la visión absolutamente neoliberal, como se dice. Yo estoy por la colaboración, la iniciativa y el sentido común. Es un error volver al Estado nacional bajo fórmulas de populismo y como un gran controlador de la vida de los individuos, desconociendo que eso en el pasado reciente de la humanidad solo trajo miseria al mundo. Hoy se tiene que revalorizar una nueva forma de gobernanza, dejar atrás la nostalgia de los modelos fracasados y pensar que el Estado tiene que ser moderno, flexible y capaz de abordar las necesidades de una sociedad y de una democracia más complejas de las que hemos conocido antes. El desafío será reconstruir Chile desde la innovación, colaboración y el progreso, y el rol de la UDI debe estar ahí.

—Frente al debate constitucional, ¿cree que esta crisis ha empoderado a la opción Rechazo, como algunos de su sector señalan?

—El Rechazo que hemos promovido ha ido acompañado de nuestro reconocimiento de que la actual institucionalidad permite cambios sociales usando las bases de lo que hemos construido en 30 años, y no demoliéndolas. En el análisis del votante, no me cabe duda que el mayor gasto que conlleva una asamblea constituyente versus la posibilidad de avanzar más rápido con la actual institucionalidad y mayor estabilidad económica va a estar en la ecuación.

—Tras las protestas por alimentos en El Bosque, ¿prevé usted un estallido social 2.0?

—Hay grupos extremos que desde el 18 de octubre han hecho intentos por sembrar desconfianza y generar inestabilidad en nuestra democracia y hoy se aprovechan de la crisis sanitaria para generar violencia.

—¿No cree que ha existido una descoordinación entre los anuncios y su ejecución?

El tema de las cajas de alimentos ha sido criticado por la logística y yo puedo compartir eso, pero la explicación es que van a llegar a un número de chilenos que no es el mismo que está recibiendo los otros beneficios que se han implementado y eso es muy importante destacarlo. Se han tomado decisiones técnicas, epidemiológicas, y no políticas.

—¿De qué cree que depende que no vuelvan protestas como las vistas tras el 18 de octubre?

—De la capacidad de tener empatía con lo que está pasando y la máxima flexibilidad y buena fe. Que la izquierda ojalá pueda dejar de lado el maximalismo de encontrar todo insuficiente.

—¿Cree usted posible, en las condiciones actuales, un pacto social transversal?

—Destaco todo intento de lograr un gran acuerdo, pero creo que eso choca con la realidad de una izquierda que ha mostrado intransigencia.

VOLVER SIGUIENTE