Martes 30 de Junio de 2020

“Desarrollo País”

El nuevo plan apunta a revalorizar activos públicos, pero deben adoptarse resguardos que aseguren transparencia en su operación.

El Fondo de Infraestructura tiene una nueva denominación: Desarrollo País. Con el cambio, la nueva empresa estatal quiere mostrar que ampliará el espectro de obras que realizará, más allá de las concesiones tradicionales. En su nuevo plan estratégico quinquenal, con un valor de más de US$ 1.150 millones, se propone abordar proyectos de infraestructura que combinan lo público y lo privado no solo en autopistas y aeropuertos, sino también en sectores como vivienda, edificios públicos, fibra óptica y desalación. Se busca emular así experiencias como la de Infrastructure Ontario, un organismo del estado homónimo de Canadá, cuya misión es valorizar y modernizar los activos públicos, y que participa en el desarrollo de proyectos de infraestructura de todo tipo: líneas de ferrocarril, hospitales, parques, edificios y otros.

El objetivo original del Fondo de Infraestructura era disponer de una institución más flexible que un organismo del Estado para realizar estudios y desarrollar concesiones de infraestructura pública, al tiempo que se garantizaba que los recursos que se generaran se mantendrían en el sector de infraestructura. La ley que lo creó señala que sus recursos se constituyen a partir de las concesiones cuyos contratos originales terminan y de los ingresos que generan los distintos proyectos que desarrolla. Clave para los nuevos objetivos que se ha fijado, la misma norma permite también que organismos del Estado le entreguen bienes fiscales.

En su forma original, el Fondo de Infraestructura sería alimentado con los excedentes que generaría relicitar concesiones extinguidas, los que usaría para desarrollar buenos estudios de proyectos, así como para subsidiar iniciativas de concesiones que no fueran rentables por sí mismas. Enfrentaba, sin embargo, la creciente resistencia a pagar por concesiones cuyos contratos han terminado. De hecho, con una inconsistencia que empieza a ser usual, muchos de los parlamentarios que apoyaron la creación del Fondo ahora presionan para reducir los peajes. Esto probablemente disminuiría sus recursos respecto de lo que se pensó originalmente.

En el nuevo plan, la idea es revalorizar activos públicos no utilizados o utilizados en forma ineficiente. Por ejemplo, el Estado dispone de muchas propiedades que, debido a las inflexibilidades con que opera, se encuentran abandonadas, incluso en zonas valiosas de las ciudades. Si estos bienes son traspasados a Desarrollo País, la empresa podría asociarse con privados para desarrollar proyectos sin las rigideces del sector público. Por eso se plantea entre las posibles iniciativas la construcción de viviendas sociales de arriendo subsidiado o la de edificios públicos que serían entregados en arriendo al Estado. Si bien este puede desarrollar los mismos proyectos en esos terrenos, el proceso está en ese caso sujeto a disponibilidades presupuestarias, a las normas de operación del sector público y a la supervisión directa de la Contraloría, todo lo cual es lento y eleva los costos.

Esta flexibilidad de Desarrollo País es valiosa, pero acarrea un riesgo, pues estará dada en parte porque sus proyectos no se someterían a las reglas que el Estado ha implementado para prevenir eventuales irregularidades. Al no existir estas limitantes, se abre el espacio para que aparezcan sospechas de corrupción. Por ello, resulta esencial que un organismo de este tipo opere con la máxima transparencia, con un directorio integrado por personalidades respetadas y con conocimiento del sector infraestructura. Además, sus ejecutivos y personal deben estar sujetos a reglas de cumplimiento eficaces. Con esos resguardos, Desarrollo País podría contribuir a mejorar la productividad del Estado.

Preparativos electorales

No es claro que el proceso logre resolver la aguda crisis política que está viviendo Bolivia.

Al gobierno interino de Jeanine Áñez no le quedó otra opción que promulgar la ley para fijar fecha de elecciones generales el próximo 6 de septiembre, a pesar de que entonces, según las autoridades, la pandemia estará en pleno desarrollo. La grave polarización que vive Bolivia se refleja en este apuro por repetir los comicios de octubre, anulados debido a las graves irregularidades denunciadas y que obligaron a Evo Morales a dimitir y refugiarse en el extranjero.

Finalmente, tras un acuerdo entre el MAS, de Morales, y partidos opositores minoritarios que apoyan al expresidente Carlos Mesa, la Asamblea Legislativa urgió a fijar fecha, ante lo cual Áñez cedió, desligándose de responsabilidades por el riesgo de contagio durante el proceso electoral.

Desde los graves disturbios de noviembre, provocados por las protestas contra el supuesto fraude electoral, y luego por los partidarios de Evo que acusaban un golpe de Estado, Bolivia no ha superado la crisis política, con un gobierno que no logra ganarse el apoyo popular, y que los partidarios del MAS consideran ilegítimo. El Legislativo ha obstruido la acción del gobierno y ha puesto trabas a las medidas económicas en ayuda de la población.

En medio de la pandemia, la oposición ha llamado a protestas en contra de la cuarentena, y se han vivido momentos de gran tensión en el Chapare, el bastión de Morales, una región en que la producción de coca es el principal sustento de la población, y que durante el gobierno del MAS vio crecer la superficie de cultivo legal de esa planta.

El coronavirus ha ido avanzando gradualmente en la población boliviana, y si bien el número de contagiados no llega a los 30 mil, y las muertes rondan las 900, el temor a un colapso hospitalario está presente, en un país donde el sistema sanitario es precario y las redes de agua potable no abarcan a todas las localidades.

Se habla de enfermos que fallecen en la calle porque no pueden ser atendidos en los hospitales, y las autoridades apuntan a los catorce años de gobierno del MAS de ser la causa de no haber invertido suficiente en salud, aprovechando la bonanza económica, en años de altos precios de los hidrocarburos.

Evo se defiende señalando que construyeron hospitales y centros sanitarios por más de 2.500 millones de dólares, y que si Bolivia está sufriendo por la pandemia, ello se debe a una “cuarentena sin planificación”, la que, a su juicio, traerá hambre y muerte.

En marzo, el gobierno decretó la cuarentena total, con toque de queda, cierres de fronteras (debido a eso, miles de bolivianos quedaron varados en Chile) y limitación de la movilidad. Esas medidas demoraron la expansión del virus, pero no han sido suficientes para controlar la pandemia. Recientemente, se anunció un plan de ayuda de unos 1.300 millones de dólares para proteger empleos y crear nuevos puestos de trabajo.

Los próximos meses serán cruciales, pero es improbable que unas elecciones desarrolladas en plena pandemia, con ciudadanos divididos política y socialmente, en medio de acuciantes problemas económicos, resuelvan la grave crisis que se vive en el país.

Consumo de drogas y pandemia

También en este ámbito, la actual crisis plantea complejos desafíos y amenaza agravar los problemas previamente existentes.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) acaba de publicar los resultados de su último informe mundial sobre consumo de sustancias prohibidas. Con datos de 2018, el reporte advierte que su prevalencia ha subido desde 2009, cuando alcanzaba al 4,8% del total de la población mundial entre 15 y 64 años, al actual 5,3%, lo que representa un aumento de cerca de 269 millones de personas. Dicho incremento se manifiesta especialmente entre los adolescentes, en las zonas urbanas y en los niveles socioeconómicos altos. Las drogas más consumidas son la cocaína, la heroína y, sobre todo, el cannabis. Respecto de este último, y de acuerdo con cifras del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas (Senda), su consumo ha crecido en Chile desde representar un 4,6% de la población en 2010 hasta el 12,7% en 2018; ello, pese a que en este último año experimentó una baja en comparación con 2016, cuando la prevalencia había alcanzado al 14,5%. El informe de la ONU señala que en aquellos países en donde se ha legalizado la marihuana para uso no medicinal, como Uruguay y Canadá, su consumo va en alza. Por cierto, el cannabis sigue siendo la droga más usada a nivel mundial, con cerca de 192 millones de consumidores, pero los opioides como la heroína o sus análogos son los más letales, ya que explican dos tercios de las muertes por estas causas.

El mercado de las drogas ha experimentado importantes cambios en los últimos años y, según expertos, la actual crisis del coronavirus hace prever nuevas modificaciones en el tipo de sustancias que se consumen, los patrones de comportamiento frente a su uso, los precios y los canales de distribución. A nivel mundial, medidas como los cierres de fronteras y las cuarentenas están generando dificultades en el acceso a drogas por parte de consumidores habituales, lo que puede estar llevando a reemplazarlas por la ingesta desmedida de alcohol, benzodiazepinas o productos inyectables de muy alto riesgo. Todo esto, agravado por los complejos efectos del confinamiento sobre la salud mental, que pueden incidir en un alza de la demanda por sustancias de este tipo. A su vez, el consiguiente incremento de los precios de la droga puede llevar a un mayor involucramiento de ciudadanos en actividades de tráfico, en un contexto de dificultades económicas y de aumento del desempleo a nivel global.

Especial acento pone el informe en el tráfico de drogas a través de internet. En los últimos quince años, este se ha triplicado en todo el mundo, llegando a representar hasta un 15% del consumo total; en Chile la cifra alcanza, según el informe, al 5,5%, pero dentro de una tendencia creciente que arriesga aumentar en las actuales circunstancias. El informe de la ONU alerta respecto del uso de la “Dark web”, un área de la llamada “internet profunda”, con direcciones enmascaradas y accesible solo con navegadores especiales. Con todo, distintos reportajes de prensa han dado cuenta en Chile del intensivo uso de redes sociales y de aplicaciones de accesibilidad universal para la oferta de drogas de distinto tipo, incluidos servicios de delivery. Los anuncios de las policías respecto de operaciones para enfrentar este microtráfico no parecen haber menguado hasta ahora su intensidad.

Como se observa, la actual crisis sanitaria y económica impone mayores desafíos también en este ámbito, demandando acciones integrales, desde medidas de apoyo psicológico y prevención, hasta acciones de seguridad pública. Cabe a la autoridad desarrollar especiales esfuerzos para que a las muchas y dolorosas consecuencias que la pandemia está significando en la salud y la calidad de vida de las personas, no se añada también un agravamiento del fenómeno de la droga y de la actividad delictual conexa.

Spray encima de todo

A lo que no se derriba o despedaza, se le rocía con la cultura del spray, que se derrama en paredes y puertas, al interior de las instituciones de enseñanza y hasta en museos.

Difícil decirlo en estos momentos: la historia norteamericana ha sido un éxito en la fusión de etnias en una gran empresa común, un país. Basta caminar por sus calles para comprobarlo. Frente a los estereotipos acerca de su establishment, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, está casado desde hace décadas con una taiwanesa; y así suma y sigue. Tiene una gran trizadura, eso sí: el tema afroamericano, desde hace casi un siglo, más por cultura que por una política de segregación (con la excepción, hasta 1965, de los antiguos estados confederados, en ese entonces un cuarto del país).

No es solo asunto de etnia. Si una parte de los afroamericanos pertenecen a un EE.UU. del promedio, llamémosle clase media o media alta, un número considerable, en cambio, vive en una cultura de gueto y exclusión, propensa a la penetración delincuencial, y de allí una causa no menor de la tensión con la policía. Da la impresión como si se tuvieran sangre en el ojo, a pesar de que cuando uno se topa con la policía, siempre ve entre sus miembros a afroamericanos. Algo sucede, sin embargo, y persiste como cicatriz abierta en un país tan extraordinario como EE.UU. Si no lo fuera, ¿por qué millones emigran hacia allá?

El estallido fue una de las varias caras de rebelión cultural de nuestra época, cuyo gran modelo sigue siendo “mayo del 68” (París), que se reproduce y seguirá haciéndolo de manera intermitente aquí y allá, carnaval o fiesta propia a esta era. Por esas razones misteriosas, que se adhieren al pasar de los días sin razones objetivas que se puedan discernir y que jamás la ciencia social podrá predecir, a la vez recurrentes, y al final produjo un estallido no del todo diferente al de Chile.

En efecto, fue una combinación de grieta social (¿dónde no la hay?), étnica y sobre todo cultural; fue transversal en lo social y en lo étnico; y en estos años había alcanzado a las grandes corporaciones, las que, cuando no afecta a las ganancias, se alinean con saña a la dictadura de lo políticamente correcto. La rebelión, lejos de representar una cultura ancestral o tradicional, conlleva las marcas de nuestra época: ruptura de las formas, autosatisfacción hedonista —sin sutileza— y enmascaramiento uniformado en el tatuaje desmedido de la piel, lejos del encanto que podía relucir en sociedades arcaicas, animadas del origen de lo humano. Se compara con nuestro país, no porque seamos los norteamericanos del barrio, sino porque estas manifestaciones constituyen uno de los rostros de la modernidad (por suerte, no el único); por algo dio un brinco a países de Europa Occidental.

Lo mismo en lo de borrar el pasado en la destrucción de estatuas. En EE.UU. no se quedó en los dirigentes confederados, a estas alturas más símbolos de la cultura del sur y no del esclavismo o segregación, sino que avanzó hasta Jefferson y Washington, pasando por Woodrow Wilson, con el beneplácito cobarde de académicos y autoridades universitarias; se afilan los cuchillos para el “Mayflower” y toda la cultura anglosajona. En Chile, ello alcanzó no solo a toda la nueva democracia, sino a la totalidad de la república y colonia, incluyendo a don Pedro de Valdivia, en extraña pero no casual réplica con la eliminación de la enseñanza de la historia en los últimos años de la educación media (el Simce es advertencia); en el subconsciente, ambos provienen de la misma fuente. A lo que no se derriba o despedaza, se le rocía con la cultura del spray, que se derrama en paredes y puertas, al interior de las instituciones de enseñanza y hasta en museos, alegoría de una empresa de eliminar a todos, puesto que siempre el que borra será a su vez borrado.

Si desea comentar esta columna, hágalo en el blog

Sirenas de esperanza

Los Bomberos de Chile —institución vigente en todo el territorio gracias a la activa presencia local de 313 cuerpos de bomberos— protegen, amparan y salvan vida y bienes de la comunidad (incluso, ahora, a las mascotas) enfrentando siniestros y situaciones de catástrofe y emergencia, como la que en este tiempo nos visita sin haber sido invitada.

Los bomberos son apreciados por la casi unanimidad de los chilenos. Sin embargo, hay algunos alienados que rechazan su llegada a los sitios que requieren su intervención y apedrean máquinas y equipos e, incluso, atacan físicamente a los voluntarios. Esta increíble conducta se sanciona en un proyecto de ley aprobado por la Cámara de Diputados y recién por la Comisión de Constitución y Justicia del Senado.

Tal iniciativa será vista por la Sala precisamente en estos días, cuando se cumplen 169 años desde que el 30 de junio de 1851 se creara en Valparaíso el primer Cuerpo de Bomberos del país y del continente. Por disposición de la Ley 14.866, de 1962, ese es el Día Nacional de la institución. Será una coincidencia emblemática que el Congreso reconozca a una institución que es símbolo de unidad en grandes tareas anónimas de bien público. Cotidianamente los bomberos, hombres y mujeres, sin estridencia, hacen Patria, convocados para aliviar la angustia de compatriotas en problemas para los cuales las sirenas abren cauce a la esperanza de que no serán olvidados.

Corusco

VOLVER SIGUIENTE