Martes 30 de Junio de 2020

Recomendaciones

Estamos todos juntos en esto: Las lecciones que nos deja el coronavirus para el futuro

Antes de establecer acciones, todas las empresas deben considerar su relación con los grupos de interés ya sean colaboradores, proveedores o la comunidad. Se debe desarrollar una estrategia que contemple los aspectos esenciales para estos stakeholders.

Son fundamentales las acciones que se tomen de ahora en adelante

La realidad actual debiera provocar en cada empresa, y especialmente en las grandes compañías mineras, una profunda reflexión para desarrollar un mejor comportamiento frente a todos sus stakeholders.

Resulta impresionante la performance de la minería chilena enfrentada al desafío del coronavirus y sus secuelas, produciendo en los últimos tres meses a niveles normales, con una dotación ¡reducida en un cuarenta por ciento! Chile necesita del compromiso, disciplina y voluntad de quienes laboran extrayendo la principal riqueza del país y así lo han estado cumpliendo.

Profunda reflexión

¿Qué lecciones para el futuro puede sacar la industria minera de estos tiempos tan difíciles?

El Papa Francisco, en su bendición “Urbi et Orbi” de Semana Santa, lo decía: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.

Esta realidad, que el impacto sanitario, económico y social de la pandemia ha hecho patente, debiera provocar, en cada empresa y, especialmente, en las grandes compañías mineras, una profunda reflexión para desarrollar un comportamiento ejemplar frente a todos sus stakeholders, partiendo por cuidar el trato entre los distintos estamentos de trabajadores, escuchar sus inquietudes tanto sanitarias como laborales, medir el grado de desigualdad en la rentas (coeficiente de Gini) y, cuando sea posible, proponer medidas que la reduzcan en el mediano plazo; con los proveedores, generar convenios que den estabilidad a la relación, pagando en los plazos acordados y haciendo de estos un socio estratégico; y también, acercándose a la comunidad de referencia, cooperando en reducir la inequidad social e integrando sus anhelos como parte de la estrategia corporativa.

Siendo multinacionales la mayoría de las compañías mineras, hay algunos aspectos de lo anterior que debieran reforzarse. El primero, el comportamiento tributario, ya que el país quedará muy endeudado y necesitará de muchos recursos para “salir del hoyo”. Resultaría lamentable que se utilicen prácticas destinadas a disminuir la base tributaria, aumentando con ello la animadversión que muchas veces existe en la opinión pública frente a la gran empresa. No hay que olvidar que el comportamiento tributario es el “test ácido” de la Responsabilidad Social Empresarial.

Un segundo tema dice relación con el rebalanceo que deberá hacerse en la cadena de proveedores y contratistas, incrementando su redundancia a fin de evitar posible fallos en insumos y servicios de carácter crítico.

Al respecto, es una buena ocasión para acercarse al ecosistema económico nacional reforzando la participación de empresas locales, lo que termina siendo una oportunidad para la innovación y el emprendimiento, indispensable para superar la alta cesantía que dejará la actual coyuntura.

Un tema preocupante lo constituyen iniciativas regionales destinadas a evitar la participación de personal proveniente de lugares distintos de aquel en que se ejecutan las faenas, ya que ello frena la llegada del talento para desarrollar las mejores soluciones, vengan de donde vengan.

Minería verde

Por último, otro factor a tomar en cuenta es el impulso que puede darse a la minería verde o carbono neutral. Al ser los jóvenes entre 15 y 24 años los más castigados por el virus (según la OIT), destruyendo sus empleos, su educación y su futura incorporación al mercado laboral, resulta de la más mínima justicia intergeneracional tratar de evitarles la carga del cambio climático y la crisis asociada a un planeta inhóspito.

La actividad minera en Chile tiene el tamaño y la influencia para impulsar las energías solar y eólica, el uso del hidrógeno como combustible o los sistemas circulares de producción, entre otras tecnologías, abriendo un gran campo para nuevas iniciativas tanto a nivel empresarial como académico.

En fin, una oportunidad más para transformar la brutal amenaza de la pandemia y repensar el propósito de la empresa… “una comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacción de sus necesidades fundamentales y constituyen un grupo particular al servicio de la sociedad entera” (Centesimus Annus Juan Pablo II).

ESG, la idea a la cual le llega su tiempo

Las empresas mineras, que han sido líderes en responsabilidad social, sustentabilidad y ciudadanía corporativa, enfrentan un juego más exigente y el reto de continuar liderándolo.

El 2019 fue un año especial en varios sentidos. Pero hay uno especialmente relevante para la administración de empresas y las disciplinas que se dedican a su estudio.

La crisis climática global y las tensiones sociales experimentadas alrededor del mundo, incluido Chile por supuesto, han instalado finalmente en el mainstream temas que hace pocos años eran sujetos de arduo debate y atribuidos a visiones más bien voluntaristas e ideológicas de la empresa.

Vimos durante el año pasado como la Business Roundtable de Estados Unidos —que agrupa a los principales CEOs de ese país— reformuló su noción de empresa, declarando que su propósito incluye la creación de valor para todos los stakeholders, poniendo así los intereses de los trabajadores, clientes, proveedores y comunidades a la par con el histórico propósito de generar valor para los accionistas. Vimos también como grandes empresas y financistas adoptaron también el concepto de “propósito”, redefiniendo las fronteras de sus organizaciones y comprometiendo dentro de su ámbito de gestión los factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés).

Y vimos recientemente, en enero del 2020, como la principal plataforma de diálogo público-privado internacional, el World Economic Forum, emitió el Manifiesto de Davos en ese mismo sentido.

En octubre en Chile, Joaquín Cortez, presidente de la Comisión para el Mercado Financiero, al cerrar un seminario sobre ESG reconoció este cambio copernicano y, citando a Víctor Hugo, señaló que “no hay nada más potente que una idea a la que le ha llegado su tiempo”.

Las empresas mineras, que han sido líderes en nuestro país para proponer y avanzar en conceptos de responsabilidad social, sustentabilidad y ciudadanía corporativa, enfrentan la realidad de un juego más exigente y el desafío de continuar liderándolo.

La inspiración es un gran paso, pero la transpiración es indispensable para transformar estas potentes declaraciones en realidad palpable: en todas las dimensiones del ESG, y desde las perspectivas de todos sus stakeholders, hay mucho trabajo por hacer para reformular sus propias fronteras, aprender del pasado, corregir errores y contribuir a la sustentabilidad de sus operaciones, territorios, y del país que cohabitan.

Y ese es un espacio gigante para una nueva generación de emprendedores que formularán los modelos, metodologías, índices y sistemas de gestión para hacer realidad esos propósitos para la minería chilena y, por qué no, para la industria global de recursos naturales.

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