Martes 30 de Junio de 2020

Daniel Silverstein

El diseñador de los retazos

Este diseñador revoluciona la moda neoyorquina con su propuesta basada en la reutilización de textiles. Con su marca Zero Waste, Daniel está trazando un nuevo estilo.

Por Vanessa Friedmann para The New York Times.

Daniel Silverstein trabaja en una tienda de casi 68 metros cuadrados, a unas cuadras al este de la autopista Brooklyn-Queens, en una calle residencial en Williamsburg. Su taller de costura está en la parte posterior. Bajo la mesa donde se cortan los moldes hay cajas de restos textiles que están ordenados por color (rojo, amarillo, azul y negro). Daniel Silverstein, cuyo seudónimo es Zero Waste Daniel, tiene 30 años y suele vestir completamente de negro. Estudió en el Fashion Institute of Technology (FIT) y realizó una práctica en los talleres de Carolina Herrera. También participó en un reality show de moda.

Algunos lo llaman “el trapero de Brooklyn”, pero a él no le gusta.

Silverstein trabaja con material sobrante preconsumidor: una forma elegante de decir que trabaja con las telas que otros diseñadores y departamentos y fábricas de vestuario normalmente botarían. Su especialidad es ropa urbana que arma como collage con telas viejas. Principalmente en negro o gris, que a menudo contienen inserciones de patchwork geométrico de colores vivos hecho de trocitos más pequeños, más brillantes. Esas inserciones se arman con las sobras de las piezas más grandes y se pueden hacer a pedido.

A medida que la moda aborda su propia culpabilidad en medio de la crisis climática, el concepto de reciclaje, ya sea que se trate de rehacer ropa vieja o rediseñar telas usadas o simplemente emplear lo que se tiraría a un vertedero, ha empezado a llegar al mundo de la moda. Así lo demuestran diseñadoras como Marine Serre, Emily Bode y Gabriela Hearst, pero esta ropa sigue siendo un experimento más que una estrategia. Para muchos consumidores es un lujo, más que una elección.

La forma en que desarrolló este concepto fue un proceso personal. “Vine a Nueva York tras ese sueño de la moda; lo que había estado viendo en la televisión”. El diseñador está en la parte posterior de lo que llama su make/shop, donde hay tres máquinas de coser, pero ningún tarro de basura.

La inspiración

Daniel Silverstein nació en Pennsylvania. Su padre era dueño de una compañía de suministros de piscinas y jacuzzis, y su madre trabajaba media jornada en el negocio. La familia ya hacía un poco de reciclaje, pero no estaba especialmente compenetrada con la defensa del medio ambiente.

El diseñador siempre supo que quería trabajar en la moda. Empezó a hacer ropa para las Barbies de su hermana con papel tissue y papel aluminio. Cuando tenía 14 años, ya estaba tomando clases los fines de semana en el FIT y haciendo los vestidos de graduación de sus amigas. Para una competencia de cursos superiores organizada por Clinton Global Initiative, diseñó un par de jeans sustentables. Fue su primera creación cero desecho. No ganó, pero su profesor le dijo que persistiera con la idea. Después de graduarse, trabajó en Victoria's Secret, donde hacía ropa de punto. Miraba los desfiles, encontraba un suéter que le gustaba y creaba un diseño similar. Uno de esos patrones involucraba un corte asimétrico con una extensa pieza triangular. Debido a la forma irregular, la tela “tenía un pésimo rendimiento”. Hizo los cálculos y se dio cuenta de “que si esto está rindiendo solo el 47 por ciento por cada suéter, y estamos cortando 10 mil, entonces estamos tejiendo, tiñendo y terminando 4.500 metros de tela para botarla”.

Al día siguiente dejó Victoria's Secret para enfocarse en un negocio basado en sus patrones de desperdicio cero. Estuvieron haciendo prêt-à-porter clásico —vestidos de cóctel y trajes sastre—, pero sin que quedara ningún resto en el piso de la sala de corte. Una de sus primeras clientas fue Jennifer Hudson, quien usó un vestido turquesa.

Tiendas como Fred Segal en Los Angeles y los sitios de venta por internet compraron los diseños de su marca que recibió el nombre de 100% (por la cantidad de tela que se empleaba). Por esa época, Silverstein pasó una temporada en el reality show de la cadena NBC “Fashion Star”, donde terminó en tercer lugar.

Sin embargo, el sistema de economía de la moda, en la que las tiendas pagan después de la entrega, funcionó en su contra. En 2015, después que American Apparel se declaró en bancarrota, él quedó con pedidos impagos. Daniel Silverstein decidió dejarlo todo.

Consiguió un empleo de media jornada ayudando a estudiantes a armar sus portafolios de arte. Finalmente, embaló su estudio y puso todos los restos de telas en una bolsa de basura. Estaba listo para llevarla a un basurero, cuando la bolsa se rompió y quedó todo el contenido esparcido en el suelo. “Pensé: ‘No puedo botar esto; es la antítesis de mi misión' (…). Así es que me tomé la tarde y me hice una camisa y la puse en mi Instagram. Tenía quizás dos mil seguidores, y probablemente la cantidad de ‘me gusta' que más había recibido era de 95. Puse esta selfie tonta de una camisa que había hecho de mi propia basura, porque estaba demasiado pobre para ir de compras, e instantáneamente tuve 200 ‘me gusta'. Fue la cosa más popular que había hecho jamás”.

Fue así como se le ocurrió que esta podía ser una mejor forma de funcionar. Hizo “una serie de camisas de sobras” y se convirtió en Zero Waste Daniel, su nombre en Instagram. Arrendó un puesto en un mercado de las pulgas y vendió todas las camisas. Su padre aportó algo de dinero también, como lo hizo Tuomo Tiisala, profesor de la Universidad de Nueva York, quien vio su trabajo en un mercado. Luego consiguió un pequeño espacio en Manufacture New York y logró un acuerdo con una fábrica para recoger sus sobras.

Los proyectos

Reverse Resources, un grupo que ha creado un mercado en línea para conectar a las fábricas con los diseñadores que quieren reutilizar sus sobras, dio a conocer un estudio en 2016 que estimaba que la industria de la ropa crea textiles sobrantes por año casi suficientes como para cubrir toda la república de Estonia con desechos. Esa era la hipótesis más optimista. La pesimista era que serían suficientes para cubrir Corea del Norte.

En esa etapa, Silverstein estaba haciendo principalmente polerones, armándolos a mano, pero “las personas empezaron a hacer pequeños videos sobre mi trabajo y a subir posts, y empecé a recibir más pedidos que los que podía abarcar”.

Silverstein agrega: “En mi primer año en el FIT, uno de mis profesores comentó que hay buenos diseñadores y hay grandes diseñadores”, contó Silverstein. “Los buenos diseñadores hacen carrera y ven sus creaciones en las tiendas, y los grandes diseñadores cambian la forma en que visten las personas. Y, quizás, piensan en el vestir”.

El año pasado lo llamó el Departamento de Aseo. Ya habían hecho una colaboración con el diseñador Heron Preston y estaban buscando otro socio. Mientras Preston vio la oportunidad como una forma para elevar el rol del trabajador del aseo en un espectáculo único, Silverstein lo vio como una gran asociación para obtener la materia prima. El stock de poleras, carpas y manteles que recolecta el departamento ha resultado ser una especie de tesoro.

Su compañía hace envíos a todo el mundo. Ahora el diseñador está en otro momento decisivo. ¿Abre otra tienda? ¿Entra realmente en el juego? No está seguro. “No puedo vestir al mundo, y quizás el mundo no me necesita”, dice.

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