Miércoles 13 de Enero de 2021

Cartas y Opinión

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Una epidemia de salud mental en niños

Hace alrededor de 10 años, cerca de 40 investigadores provenientes de 28 países (incluyendo Chile) nos juntamos para colaborar con un objetivo central: conocer el estado de la salud mental de niños de 1 a 5 años y ver sus diferencias multiculturales. Así fue como en 2011 se publicó uno de los estudios más grandes sobre los problemas de salud mental en la infancia temprana (en el contexto familiar), y los resultados mostraron a Chile como el país con la tasa más alta de todos los problemas mentales (depresión, agresión, ansiedad, angustia, problemas para dormir, para concentrarse, etcétera). Chile apareció como un país con una salud mental peor que la de Lituania, Turquía, Irán y Rumania.

Dos años después, 38 investigadores provenientes de 15 países volvimos a hacer el mismo estudio, pero esta vez los niños fueron evaluados en los jardines infantiles, y esta vez Chile no obtuvo el primer lugar, sino que el quinto, antecedido por Kosovo, Lituania, Irán y Rumania. Los expertos concluyeron que Chile debe llevar años incubando una epidemia grave de problemas de salud mental en niños pequeños.

Unos cinco años después, un grupo de 34 investigadores de otros países formamos un consorcio para el estudio del temperamento y el desarrollo socioemocional en niños de 15 meses a 4-5 años. Este consorcio quería conocer cómo era el estado emocional de los niños de diferentes países, y partimos con cinco (Chile, Corea, EE.UU., Rusia y Polonia). Chile mostró los índices más altos en casi todas las variables relacionadas con la experiencia de tristeza, miedo, infelicidad, timidez, afectividad negativa, y malestar afectivo. En la mayoría de las variables, la frecuencia llegaba a doblar al resto de los países. Puesto en simple: la epidemia ya no era solo de problemas de salud mental, sino que era más profunda, ya que involucraba las emociones de sufrimiento de los niños.

Finalmente, el año 2019 publicamos un libro en inglés sobre un estudio de 14 países (infantes de 1 a 5 años nuevamente), donde esta vez no solo nos interesó conocer lo que ya esperábamos en Chile (salud mental e infelicidad), sino la forma de criar que existe en Chile. Ni las restricciones que me impone este tipo de cartas, ni la frustración de llevar 10 años gritando a todo el que me quiera escuchar, pueden reflejar no solo que en este último estudio tanto la salud mental como la felicidad siguieron mostrando niveles epidémicos, sino que nuestra forma de criar nos evidencia que pareciera que todo lo que se ha hecho en materia de leyes y programas por la infancia no ha tenido los resultados esperados. La crianza chilena es una crianza basada en el control, en el castigo, el grito, en el no dejar expresar las emociones, en la imposición del poder por sobre la conversación, en la ausencia de tiempo, de juego, y de contención de los momentos de estrés de los niños. Nosotros no criamos, sino controlamos y prohibimos.

Lo más triste de todo es que tenemos 20 años de evidencia sobre cómo parar esta epidemia, y es partir con dar vuelta entera el sistema educativo y la crianza chilena (que al final son casi lo mismo, porque una de las cosas que descubrimos es que en “Chile criamos como educamos, ¡y educamos como criamos!),

Felipe Lecannelier

Doctor en Psicología.

Facultad de Ciencias Médicas

Universidad de Santiago de Chile

Las elecciones de abril y el futuro

“…Chile no se encuentra en tierra de nadie, como sería la situación de una nación que viene saliendo de un conflicto bélico, una guerra civil o una dictadura. Aunque crecieron la demagogia y el voluntarismo en los últimos años, el país cuenta con un orden legal que nos obliga a todos…”.

Sergio Muñoz Riveros

Sergio Muñoz Riveros

El domingo 11 de abril acudiremos a las urnas para elegir alcaldes y concejales, sobre cuyo ámbito de competencias no hay mayor discusión. Pero elegiremos también gobernadores regionales, sobre cuya función abundan las preguntas, y que coexistirán de un modo impreciso con los delegados regionales del Presidente de la República. Hay allí indefiniciones de fondo generadas por la desaprensión legislativa. Habrá que ver si esa carga se arregla en el camino.

Finalmente, elegiremos a los integrantes de la Convención Constitucional, un nuevo órgano de poder ideado por los negociadores del acuerdo del 15 de noviembre de 2019 como salida al cuadro de violencia de aquellos días, cuando ciertos sectores apostaban desembozadamente por el quiebre institucional. La misión exclusiva de la Convención es redactar un proyecto de nueva Constitución en el marco acotado de la reforma constitucional que se promulgó en diciembre de 2019. Funcionará paralelamente al Congreso Nacional entre 9 y 12 meses, y el texto que apruebe no pasará por el Congreso ni será revisado por el Ejecutivo. Su aprobación o rechazo se resolverá en un plebiscito que posiblemente se efectuará a mediados de 2022.

La Convención tendrá el mismo número de integrantes que la Cámara de Diputados (155), pero el Congreso resolvió incorporar criterios que no se aplican al elegir parlamentarios. La Ley 21.216 estableció que “en los distritos que repartan un número par de escaños, deben resultar electos igual número de hombres y mujeres, mientras que en los distritos que repartan un número impar de escaños, no podrá resultar una diferencia de escaños superior a uno, entre hombres y mujeres”. Esto implica que un postulante podría reunir votos suficientes para ser elegido, pero si pertenece al sexo equivocado, quedará fuera de la Convención. El precedente es deplorable. Además, habrá 17 escaños reservados para los pueblos originarios, lo que significa incorporar el factor racial en la representación democrática.

La Convención es un experimento político sobre cuyos resultados nadie puede dar seguridades. Por el bien de Chile, es deseable que la elección de sus miembros no merezca reparos, y que sus resoluciones contribuyan a la paz y al mejoramiento de las instituciones. Eso dependerá, por supuesto, del rumbo que allí se imponga. Como es sabido, hay sectores que quieren empujar la Convención más allá de lo establecido, para que funcione como una asamblea constituyente de sello refundacional. Para conseguirlo, se proponen coaccionar a los convencionales para que actúen al gusto de la calle.

Hay quienes sostienen que la elección de convencionales decidirá el futuro del país. Es demasiado decir. Después de tanta grandilocuencia, necesitamos alentar la mesura en las palabras y en los hechos. La Convención ofrecerá una oportunidad de establecer acuerdos duraderos sobre la institucionalidad, pero la suerte del país no está atada solo a lo que allí ocurra. El futuro se jugará, desde luego, en la solidez del pacto democrático, la erradicación de la violencia, el dinamismo de la economía, el mejoramiento de las condiciones de vida, la modernización del Estado, el combate contra la delincuencia, etcétera. Y en el ámbito específicamente constitucional, por lo menos deberíamos coincidir en que solo nos servirán los grandes acuerdos.

Chile no se encuentra en tierra de nadie, como sería la situación de una nación que viene saliendo de un conflicto bélico, una guerra civil o una dictadura. Aunque crecieron la demagogia y el voluntarismo en los últimos años, el país cuenta con un orden legal que nos obliga a todos y, por lo tanto, no puede haber confusiones respecto de un asunto crucial: la actual Constitución regirá hasta que sea reemplazada legalmente por otra.

Si la Convención cumple con la tarea encomendada, habrá que asegurar que la transición de un orden constitucional a otro se realice sin costos para la estabilidad y la gobernabilidad. Pero si por alguna razón esa tarea queda sin cumplir, o el texto que proponga la Convención no consigue la aprobación ciudadana, el país no quedará a la deriva. A fin de año, elegiremos nuevo Presidente de la República y nuevos parlamentarios. En consecuencia, la continuidad institucional no está en duda. Quienes lo tienen claro son los numerosos precandidatos presidenciales que ya están en campaña, convencidos todos ellos de que el cargo de Presidente durará cuatro años y seguirá siendo más o menos lo que es. Incluso los partidos parecen no dudar de que seguirá habiendo senadores y diputados.

Lo esencial es que nos pongamos de acuerdo en la forma de reforzar efectivamente el Estado de Derecho y la cultura de la libertad. Ello demandará una corriente mayoritaria de realismo político y sentido nacional.

el mercurio hace 30 años

13 de enero de 1991

CRISIS EN EL GOLFO PÉRSICO. El Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar (a la izquierda), es acompañado por el canciller iraquí, Tarik Aziz, a su llegada a Bagdad, donde espera reunirse con el Presidente Saddam Hussein, en un último esfuerzo para convencerlo de que ordene el retiro de sus tropas de Kuwait, a fin de evitar una confrontación. Mientras, en Estados Unidos, el Congreso aprobó la guerra contra Irak en cualquier momento, luego de la medianoche del día 15 de este mes. Es la primera vez que acuerda el uso de la fuerza desde las discusiones sobre el golfo de Tonkin, en 1964.

TRIUNFO EN TENIS. El chileno Marcelo Ríos se coronó campeón en singles, en la categoría 16 años, en el primer torneo del Circuito Sudamericano de Juveniles “Copa Coca Cola” que se jugó en Colombia.

ANGUSTIOSO RETORNO. Una delegación de 120 chilenos provenientes del Golfo Pérsico llegará hoy al país en un avión Boeing de la Fuerza Aérea de Chile. El primer grupo, de 99 personas, partió desde Israel e hizo escala en El Cairo para recoger a otros 21 compatriotas que también regresan, ante la inminencia de un conflicto armado en esa área.

Hace 50 años

13 de enero de 1971

BRASIL. La libertad del secuestrado embajador suizo en Río de Janeiro fue canjeada por 70 presos políticos.

POLONIA. Una depuración de dirigentes comunistas se ha iniciado en el puerto báltico de Stettin, donde el mes pasado estallaron violentos disturbios a raíz de protestas populares por el costo de la vida.

Hace 100 años

13 de enero de 1921

ESTADOS UNIDOS. Los senadores que analizan el proyecto sobre prohibición de la inmigración declararon que no hay pruebas de que “millones de extranjeros inundarían el país”.

MERCADO SALITRERO. Ante la grave crisis, la Asociación de Productores recomienda disminuir la producción.

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