Martes 23 de Febrero de 2021

La mítica librería que se enfrenta a los algoritmos y la pandemia

Desde 1936, Heywood Hill Books vende libros nuevos y antiguos en una céntrica calle londinense. Nunca competirá con Amazon, pero se ha convertido en un interesante ejemplo por sus estrategias para afrontar estos tiempos de crisis, como la celebrada iniciativa de su “libro mensual sorpresa”.

Elena Irarrázabal Sánchez

En el centro de Londres, en la bonita calle Curzon Street y enclavada en un edificio de arquitectura georgian, está la librería Heywood Hill. “Probablemente, la más grande de las pequeñas librerías del mundo”, dice su lema. El acogedor local —que colinda con una reconocida barbería— tiene un mullido sillón con coloridos cojines, pero no se trata de una librería con grandes liquidaciones o que incluye una cafetería con croissants. Sí se precia de tener libreros entendidos, capaces de detectar los gustos más recónditos de sus clientes. “Somos como una sastrería a medida, que entiende las necesidades de los lectores con más precisión que lo haría un simple algoritmo”, ha señalado Nicky Dunn, su director general.

La librería fue fundada por George Heywood Hill en 1936. Cuando debió luchar en la Segunda Guerra, le pidió a una entonces joven escritora, Nancy Mitford, que se hiciera cargo de ella. Mientras caían las bombas sobre la ciudad, Mitford permaneció allí recomendando libros, ente 1942 y 1945.

El lugar se convirtió, durante el conflicto, en un refugio intelectual. Según un cronista, allí se reunía “lo que quedaba de la intelectualidad londinense y también la mitad del ejército francés libre”. La escritora mantuvo contentos a los clientes hasta que se marchó a París, gracias al éxito de su divertida novela “The Pursuit of Love” (recién transformada en serie). Escritores como Evelyn Waugh y Ian Fleming fueron clientes habituales y la librería también ha figurado en libros. En un capítulo de su novela “El espía que sabía demasiado”, John le Carré relata que George Smiley “se acercó a Heywood Hill con el corazón alegre”.

Heywood Hill, al igual que la mayoría de las librerías pequeñas e independientes de todo el mundo, ha hecho grandes esfuerzos para enfrentar la competencia de los gigantescos canales online de venta de libros y también para sobrevivir durante la pandemia. El local de Curzon Street, en pleno Mayfair, ha debido cerrar durante meses y eso ha afectado las ventas. Pero algunas de las interesantes iniciativas que han emprendido han generado interés mediático. Diarios y revistas como Vanity Fair, Forbes y The New York Times, han comentado las estrategias de la librería para vender más libros sin renunciar a su esencia.

Heywood Hill ofrece hoy un servicio de consultoría para formar “bibliotecas privadas”. Se asesora a particulares, hoteles o restoranes, que deseen tener una selección de libros, ya sea sobre distintos temas o sobre un tópico en particular. Pero sin duda la iniciativa que le ha generado más atención y popularidad es su suscripción anual “A year in books” (un año en libros).

Solo novelas de comida

Aunque fue lanzado en 2013, el año pasado el servicio “A year in books” aumentó en un 80 por ciento y pasó de representar el 15 por ciento de sus ingresos al 65 por ciento. Consiste en enviar a las personas suscritas un paquete cada mes, que contiene un libro sorpresa, escogido de acuerdo a los personales gustos del lector que la contrata. No hay una suscripción igual a otra, es un servicio personalizado y que puede recibir comentarios del suscrito.

¿Cómo funciona? Se invita al interesado a participar en una “consulta de lectura” con un integrante del equipo de la librería. Por teléfono, correo electrónico o en persona, se responden preguntas como: ¿Qué tres autores le encantan? ¿Hay algún género literario que deteste? ¿Qué libro ha disfrutado últimamente? “Se trata de ‘leer' al destinatario, averiguar qué géneros le gustan y tratar de calibrar si quiere aprovechar la oportunidad para probar cosas que normalmente no leería”, señaló la jefa de suscripciones, Camille Van de Velde, quien relató que hace poco, “un cliente estadounidense pidió solo obras de ficción relacionadas con la comida”. Hoy la librería posee clientes con suscripciones en 50 países, quienes reciben sus característicos paquetes color crema, amarrados con una cinta morada y con un marcalibros distinto cada mes, diseñado por Cressida Bell.

Las modalidades de suscripción no son baratas, pero se han multiplicado. Hay una variante con seis libros de tapa dura a lo largo del año y otra de 40 libros de bolsillo al año, para lectores muy rápidos. Existen también iniciativas para niños de 6 años y de 12 años y suscripciones a libros sobre temas contingentes o de debate. Y este año se lanzó “A Mitford year in books”, con cinco novelas de Nancy Mitford y obras de narradoras contemporáneas.

Y para premiar a los lectores perseverantes, hace un par de meses Heywood Hill puso en marcha un certamen para sortear la suscripción de un libro sorpresa al mes, por el resto de la vida de quien salga victorioso. Aún no se conoce el nombre del ganador, pero sin duda será alguien que agradecerá esta personal atención a sus gustos de lectura, en un mundo cada vez más dependiente de los algoritmos.

“¡Solo pudo pintarlo un loco!”:

La misteriosa inscripción en “El grito” de Munch

Descubierta en 1904, se pensó que la marca era obra de un espectador molesto. Un investigador acaba de descubrir su identidad: fue el propio artista. ¿Por qué lo hizo?

Juan Rodríguez M.

Son palabras escritas en el cielo rojo de la primera versión de “El grito”, el cuadro que Edvard Munch pintó en 1893. Dicen: “¡Solo pudo pintarlo un loco!”.

“Es fácil imaginar a un espectador indignado, frente a ‘El grito', tomando un lápiz y expresando su opinión sobre la obra de arte y su creador. Pero no fue lo que ocurrió”, se lee en una nota de prensa publicada este fin de semana por el Museo Nacional de Noruega, donde está la obra.

La primera mención a la marca la hizo en 1904 un crítico de arte. Hubo indignación al descubrirla, pero el tema se olvidó. Ahora, una investigación de Mai Britt Guleng, curador del museo, reveló que la inscripción la hizo el propio artista.

Para su estudio, la obra fue fotografiada con una cámara infrarroja que permitió que el carbón de las palabras destacaran desde el fondo pintado.

“El grito” fue exhibido por primera vez en Noruega en 1895, con otras obras del artista. Un crítico resumió las reacciones al decir que “ya no se podía considerar a Munch como un hombre serio con un cerebro normal”. Hasta un estudiante de medicina cuestionó la salud mental del pintor y aseguró que no era un ser humano normal.

Munch habría escrito sobre su pintura tras oír esas críticas. “Se puede leer como un comentario irónico, pero al mismo tiempo como una expresión de la vulnerabilidad del artista”, dice Guleng en la citada nota.

En 2019, Giulia Bartrum, del Museo Británico, develó, en su opinión, otro misterio del cuadro: “La obra de arte más famosa de Munch representa a una persona que escucha un grito, y no, como muchas personas siguen asumiendo, el grito de una persona”.

Plan “Siempre Cultura”:

6 millones de visitas registran plataformas de cultura online

Se acaban de publicar las cifras de portales como OndaMedia o Biblioteca Pública Digital, cuyas audiencias crecieron considerablemente por la pandemia.

Tomás Herrera Asenjo

“Siempre Cultura” fue el nombre de la campaña levantada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio para la reactivación de este sector en Chile a través de la visibilización de sus distintas plataformas. El proyecto, que fue lanzado en diciembre de 2020, comenzó su segunda etapa el viernes, con números muy alentadores. En total, el año pasado se registraron más de 6 millones de interacciones en todas las plataformas.

Los distintos portales para la difusión de literatura, cine y cultura vieron un explosivo incremento en 2020 por la pandemia que obligó al traspaso de la cultura a la esfera digital. Por ejemplo, el número de solicitudes en la Biblioteca Pública Digital (BPD) subió en un 48%; el portal Elige Cultura, que agrupa la cartelera cultural a lo largo de todo Chile, aumentó en un 70% el volumen de la oferta disponible, y el portal de películas y documentales Onda Media registró una subida de más del 500% en sus visualizaciones.

Hacia la cultura digital

La consolidación de dichos portales es el paso al que apunta actualmente el ministerio a través de un fortalecimiento de la cultura digital como un eje fundamental para 2021. “Es una forma de participación que ha llegado para quedarse y convivir con la presencial”, comentó al respecto la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés. “La campaña ‘Siempre Cultura' se hace cargo de esa convivencia, destacando el valor de lo digital, pero también invitando a la gente a la reapertura de los espacios culturales, cuando se pueda”, agregó.

Para el futuro cercano, el ministerio planea seguir el fortalecimiento de estas plataformas a través de la incorporación de mil títulos nuevos a la BPD; el lanzamiento de una aplicación móvil de Elige Cultura, y la suma de nuevos estrenos a OndaMedia.

Desde el ministerio señalan que esta es una estrategia a largo plazo. Por esta razón, crearon recientemente la unidad de Cultura Digital, con el fin de afrontar los desafíos que implica el escenario actual y además poder fomentar la participación de nuevos públicos a través de la vía digital.

VOLVER SIGUIENTE