Martes 23 de Febrero de 2021

Era mayo de 2015 cuando, en medio de un almuerzo, Felipe Rojas (26) le contó a su familia la verdad:

—Por si acaso, estoy estudiando Educación Parvularia.

Él no estaba estudiando Pedagogía en Inglés como todos pensaban, sino que desde hace tres meses se estaba preparando para ser un educador de párvulos en la Universidad de Playa Ancha (UPLA). Él recuerda que ese día se produjo un silencio incómodo y que su padre y sus abuelos se enojaron.

—Me decían que me iba a dedicar toda la vida a cambiar pañales.

En su generación, Felipe Rojas fue el único hombre entre 26 compañeras que estudió esta profesión, pero él recalca que esto no le importa, porque desde que iba al jardín en Valparaíso supo lo que quería ser.

—Cuando yo era un párvulo, había un técnico que se llamaba Patricio, y era el único que nos trataba con harto amor. Así es que, desde esa temprana edad, yo quería ser como él —relata el educador, quien se tituló en 2019 junto a 14 mujeres y hasta el año pasado estuvo haciendo un reemplazo en el prekínder del Colegio Montealegre de Viña del Mar.

Este año, Miler Catalán (24) pasará a quinto año de Educación Parvularia en la Universidad Finis Terrae. Inicialmente quería ser biólogo, al mismo tiempo le atraía el rol de educar en el nivel inicial.

—Me tocó hacer el servicio militar en Arica y junto con ello, saqué el cuarto medio en el liceo A-1. En ese momento tenía la opción de elegir técnico en electrónica o electricidad, pero elegí Asistente de Párvulos porque pensé que nadie me conocía y que no iba a haber prejuicios. Pero al ver que eran 60 compañeras matriculadas y yo el único hombre, me di cuenta de que había una historia con el rol maternal en la educación parvularia.

Después de hacer la práctica, Miler decidió estudiar la carrera en la universidad. Y, para convencer a su madre, quien hasta ese minuto le seguía regalando microscopios, inventó un plan:

—Lamentablemente, mi familia no valora mucho el arte, así es que les dije que iba a estudiar Danza. Fue horrible, porque hasta me querían echar de la casa, pero esa era la idea, porque cuando ya estaba todo crítico, le dije a mi mamá: “Ya, entonces voy a estudiar Educación Parvularia” y ella lo aceptó.

Alexander Oporto (19), estudiante de primer año de Educación Parvularia en la Universidad Austral, en Valdivia, afirma que ocupó una estrategia muy similar a la de Catalán. Le dijo a su mamá que iba a estudiar algo relacionado con arte, pero cuando llegó el momento de matricularse, se sinceró:

—Le comenté que iba a estudiar esta carrera y no le gustó. Me decía que había poco espacio para los hombres y que no se veía muy bien, pero al final me apoyó.

Alexander agrega que escogió esta profesión porque tiene cuatro hermanos párvulos.

Sesgo de género

En noviembre de 2020, la Universidad de Chile abrió dos cupos especiales para que los hombres se incentiven a estudiar Educación Parvularia. La iniciativa, según explica María Jesús Viviani, jefa de la carrera, forma parte del Programa de Ingreso Prioritario de Equidad de Género (PEG) que la universidad creó en 2014, para reducir las brechas de participación femenina y masculinas en algunas áreas del saber.

Educación Parvularia es la sexta carrera que se suma a este programa, que también tiene cupos especiales para que mujeres estudien ingeniería.

—Decidimos incorporar cupos para hombres porque nuestra carrera es una carrera muy feminizada, donde tenemos solamente un estudiante varón en segundo año; las demás son todas mujeres. Queremos incentivar que ojalá más hombres entren a Educación Parvularia —dice María Jesús Viviani, quien acota que los cupos son para personas que realmente quieran estudiar la profesión y no para los que queden por puntaje de corte.

De acuerdo a la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), el organismo que se encarga de las salas cunas y jardines infantiles públicos para niños menores de cuatro años, de 3.481 educadores de párvulos, solo 8 son hombres y ninguno trabaja directamente en las salas: ocupan cargos directivos o de gestión administrativa.

Por otra parte, la Subsecretaría de Educación Parvularia revela que, hasta el año pasado, hay solo 20 hombres educadores de párvulos en los niveles de prekínder y kínder, es decir, para niños de entre 4 y 6 años, de escuelas municipales y particulares subvencionadas. Ellos representan el 0,1% de las 17.632 mujeres que enseñan en estos niveles.

En 2020, de acuerdo al Ministerio de Educación (Mineduc), se matricularon 9.403 mujeres y 30 hombres para estudiar Pedagogía en Educación Parvularia. En 2019, en tanto, solo se titularon 2 hombres.

—Si queremos reducir los sesgos de género en educación, necesitamos incorporar más hombres en la Educación Parvularia y el factor determinante debiera ser cómo fomentamos estas vocaciones. La evidencia muestra que, en este nivel, donde paradojalmente la gran mayoría de las educadoras son mujeres, es cuando se empiezan a instalar estos sesgos —dice la subsecretaria de Educación Parvularia. Y agrega:

—La manera de enfrentarlos es entregando las mismas oportunidades de aprendizaje a niñas y niños, considerando las distintas formas que tienen de aprender. Por ejemplo, no solo hacer preguntas grupales, donde suelen responder más los niños, sino también directas a las niñas, para que estas participen.

Con el propósito de disminuir esta brecha de género, en 2019, en la ciudad de Antofagasta, se conformó una red de educadores de párvulos autodenominada “Los Cotonas Verdes” que, en una primera instancia, reunió a 13 hombres que ejercen esta carrera. Actualmente, según Ricardo Díaz, vocero del movimiento, agrupan a 28 de los 43 educadores de párvulos que existen en el país.

—La carrera fue reconocida por la academia en 1944, en la Universidad de Chile. Hoy, 38 casas de estudio la imparten. En este deambular de una carrera tan joven, existe evidencia de que los hombres no son mayoría —dice Ricardo Díaz, quien trabaja como inspector general en un colegio municipal de Antofagasta.

Los prejuicios

Luis Vergara (41), actual director del Liceo Nuestra Señora de la Paz en Viña del Mar, entró a estudiar Educación Parvularia en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) en 2001. Fue el único hombre entre 60 compañeras. El primer día, dice, todas lo miraron con extrañeza, pero que después fueron ellas mismas las que lo impulsaron a terminar la carrera.

No fue fácil: a sus profesoras les costaba encontrarle prácticas profesionales. Lo descartaban por ser hombre.

—Había jardines infantiles que rechazaban la idea de que fuera un educador de párvulos varón. Las académicas empeñaban su palabra diciendo que no era un varón mal intencionado, un varón desviado, por así decirlo —recuerda.

Ya titulado, Luis relata que vivió una experiencia que lo marcó. Ocurrió en 2010, cuando por un año y 8 meses fue director y educador de un jardín de la Fundación Integra, en Poconchile, al norte de Arica. Allí, según cuenta, estuvo a cargo de 50 párvulos, 19 lactantes y 11 funcionarios.

—El pueblo aymará de esa localidad estaba acostumbrado a “la tía”, así es que cuando llegué tenían muchos temores. De hecho, a mitad de mañana, los papás no se iban y seguían mirando desde afuera del jardín. Me preparé y decidí hacer una reunión de apoderados inmediatamente. De los 300 habitantes que vivían ahí, llegaron 200 en total.

Y añade:

—Tomé el micrófono y dije: Soy Luis Vergara, educador de párvulos. Amo mi profesión y tengo una hija de dos años y medio. Le doy de comer, la cuido, la mudo si es necesario y yo no voy a hacer nada distinto con sus hijos, porque son los tesoros más preciados que me están entregando.

El educador de párvulos comenta que nadie dijo nada por largos minutos, hasta que la abuela de unos gemelos se levantó de su asiento y exclamó:

—¡Tío Luis! Yo soy buzo táctico de Arica, una profesión de hombres y me costó 7 años poder ejercer. Por ende, si me dieron la oportunidad a mí, yo también se la doy a usted.

Leonardo Comas lleva tres años ejerciendo como jefe de Educación Parvularia en la PUCV. Es el primer y único hombre en Chile que tiene este cargo, por lo que para él, este es un hito relevante por los estereotipos socioculturales.

—Las construcciones que los niños y niñas tienen en torno a figuras de papá y mamá y los roles que se establecen en la sociedad de un hombre o una mujer son marcados. A las mujeres se les asocia al cuidado y a la crianza, pero las figuras masculinas también pueden ser partícipes del proceso —dice.

Comas comenta que ha notado un creciente interés por parte de hombres en estudiar la carrera, pero que al momento de postular desisten por presión o por prejuicios. No pocos tienen la creencia de que los educadores de párvulos varones pueden abusar de niños.

—Las vulneraciones a los derechos no tienen género. Quizás hay una mayor presencia e incidencia de varones, pero las estadísticas se tienen que mirar con detención, porque cuando se ven las vulneraciones, principalmente se observan en el plano de los miembros de la familia. Ahí, más que sea un hombre o mujer, son personas de las familias las que incurren en vulneración de derechos —enfatiza el académico.

Desirée López, vicepresidenta para Latinoamérica de la Organización para la Educación Preescolar, OMEP, y académica de Pedagogía en Educación Parvularia de la Universidad de La Serena, explica que precisamente los estereotipos y las cegueras epistemológicas generan prejuicios:

—La educación en torno a la inclusión, a la convivencia democrática y al respeto por las diferencias individuales es crucial (…) Creo que generar conocimiento y salir de la ignorancia respecto de los procesos educativos del nivel inicial es un gran aporte para deslegitimar los estereotipos de género que han excluido a las personas, biológicamente no mujeres, de la posibilidad de ser educadores de párvulos.

Miler Catalán, el estudiante de la Universidad Finis Terrae, quien ha hecho ocho prácticas en distintos jardines, privados y públicos, cree que esta sería la razón principal por la que los hombres no se deciden a estudiar Pedagogía en Educación Parvularia, pero también destaca la brecha salarial.

—Está el factor del rol maternal que tiene que ver con la mujer cuidadora y el del hombre que sostiene la familia, pero yo siento que lo económico es más fuerte que el género. Estudiar cuatro o cinco años para ganar 400 mil pesos, no sostiene a nadie —remarca.

El futuro educador de párvulos agrega que en este contexto económico hay ciertos avisos que denigran la profesión.

—He visto anuncios que dicen “busco persona que me cuide dos niños con título de educadora de párvulos”. ¿Es una broma? Yo no estudié cuatro, cinco años para ser niñera, sin desmerecerlas. Hay un conocimiento académico detrás, nosotros educamos, no solo cuidamos. Hay un proceso mezclado con neurociencia, con desarrollo evolutivo —dice Miler Catalán, quien asegura que al titularse le gustaría trabajar en el sector público, pese a que sabe que pagan menos que en un recinto particular:

—Los niños requieren buenos profesionales y en las prácticas vi las brechas que había entre clases sociales. Me tocó ir a jardines donde no había materiales y como estudiante frustrado, sin plata, tenía que ir afuera de los edificios a buscar cartones o cosas que se pudieran reciclar para llevarles el aprendizaje. Esto tiene que cambiar.

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