Domingo 29 de Noviembre de 2020

DEL GRAN ARTISTA Nueva obra en el Panteón de París

Anselm Kiefer: sus estremecedoras obras sobre la guerra y Paul Celan

El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, inauguró un histórico trabajo de Kiefer en el Panteón de París, en honor al primer escritor y soldado francés de la Gran Guerra, Maurice Genevoix. Un tema constante en este influyente artista germano, estrechamente vinculado al poeta Paul Celan, de quien se conmemoran, a su vez, 100 años de su nacimiento.

CECILIA VALDÉS URRUTIA

El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, quiso personalmente escoger al gran artista alemán Anselm Kiefer para conmemorar al escritor y poeta francés y primer soldado de la Guerra Mundial, Maurice Genevoix, Premio Goncourt 1925. Macron y su comité asesor conocían bien la trascendente obra del pintor y escultor, creador de trabajos genuinos e impactantes en pintura y volumen es autor hasta de torres ensambladas que pueblan su villa estudio, ubicada al sur de Francia.

Macron y la ministra de Cultura de Francia inauguraron, hace unos días, seis grandes volúmenes de Kiefer, que constituyen las primeras obras de arte instaladas en forma permanente en el Panteón después de un siglo. Esos trabajos de vidrio y acero, al modo de vitrinas, llevan frases escritas por Genevoix, y Kiefer le agrega vestigios de vestimentas y ruinas. “Quizás hasta recuerden relicarios”, señala. Lo preceden dos pinturas de gran formato del mismo artista, que se exhiben temporalmente en ese monumento neoclásico ubicado en el barrio Latino, que honra a otros grandes de la historia francesa, como Voltaire, Marie Curie y Émile Zola.

Genevoix es conocido por sus escritos y poemas con descripciones de los horrores de la guerra y Kiefer se inspiró para sus obras en la novela “Los del 14”, del autor francés. No obstante, el pintor alemán precisó al curador Jean de Loisy que no quiso hacer allí solo un testimonio de ello, sino que además algo que transforme. “La historia, para mí, implica la guerra y ella no es inevitable por la condición del hombre, aunque sí se pueden hacer cosas para intentar salvarse de ello y, en mi caso, un artista pesimista, puedo impulsar a que se realicen cambios”.

Anselm Kiefer —para muchos el autor vivo más trascendente, creador de uno de los lenguajes pictóricos más sobresalientes en estas últimas cinco décadas— ha venido trabajando una profunda y sobrecogedora obra que alude poéticamente al paisaje y a la historia relacionada con los sufrimientos de la guerra y el Holocausto judío. En ello, reconoce su inspiración y cita al gran poeta rumano judío Paul Celan, considerado por la crítica mundial como “el más grande lírico en idioma alemán de la posguerra”, y de quien se conmemoran los 100 años de su nacimiento.

Densidad y capas de su obra sobre la historia alemana

Los franceses —como en toda Europa y Estados Unidos— conocen y reconocen con especial admiración la obra de Kiefer. Sus exposiciones en los grandes museos marcan hitos, como la retrospectiva del Pompidou en 2016, en la que los franceses, que no se exceden en halagos, llegaron a escribir: “Qué queda después de Kiefer y de sus 150 obras exhibidas...”. “La densidad de esas pinturas con nubes de cenizas quedaron suspendidas en el sexto piso del Pompidou y sobre el cielo de París”, escribió Marina Valcárcel, en el ABC de Madrid.

Kiefer nació en 1945, en Donaueschingen, en el sótano de un hospital, mientras bombardeaban su casa, a fines de la Segunda Guerra Mundial. Este hijo de un oficial alemán creció en medio de las ruinas de su país, que se empeñaba por romper con ese pasado que querían olvidar. Ese paisaje de guerra, de destrucción, de muertes y campos de exterminio es el que Kiefer —a través de su pintura y escultura, poética y dramática— retoma en su particular lenguaje, “que alejo de la clasificación de cualquier estilo”, precisa.

Pinta túneles, humos de chimeneas de Auschwitz, rieles que conducen a campos de concentración. Aparecen también muchas flores, varias mustias y de paja y hay rostros de mujeres en el cielo. Sus paisajes son extraños y evocadores, fuertes y densos. En ellos, el gran poeta rumano judío Paul Celan (1920-1970), sobreviviente del Holocausto, es clave. “Ambos comparten —afirma el curador Germano Celant— el sentimiento de pérdida, la melancolía y la convicción de que la memoria debe preservarse como un modo de asimilar los traumas de la historia”.

El hermoso y desgarrador poema de Celan “Fuga de la muerte” es, por ejemplo, una descripción del campo de exterminio de Auschwitz. Kiefer lo lee y se inspira en pasajes de la poética del rumano para sus pinturas hechas con gruesas capas de empaste (que incluyen tierra, paja y ciertos objetos), y usa una paleta de reducido color.

Los trabajos del artista seducen y exaltan los sentidos, aunque sus cuadros no sean fáciles de entender en una primera mirada. Producen sensaciones, muchas veces incómodas. Muy luego llegan los sentimientos de soledad y tristeza. Sus pinturas contienen muchas capas no solo de materia, sino que también de vivencias y de esa inquietante historia reciente. Su discurso interior, reconoce Kiefer, “es denso”. Y agrega: “Mi biografía es la biografía de mi país, Alemania”.

Pero el discurso plástico y el tema del pintor alemán también remiten al mundo mitológico, a lo cósmico, a los símbolos y a la “alquimia” de los materiales. Y entre sus principales lecturas y fuentes están Heidegger, Bachman y, por cierto, Celan. “El poeta rumano habita muy hondo —desde 1980— en sus pinturas”, añade la historiadora del arte Marina Valcárcel.

Las flores y campos del pintor desde la poesía de Celan

Anselm Kiefer también escribe y muy bien, pero usualmente solo para él. Ha sentido, eso sí, un especial deseo de ser poeta al estar frente a la obra de Celan, “quien decidió escribir la poesía que le quemaba por dentro y en idioma alemán; la lengua de sus perseguidores, la lengua de sus verdugos, y la lengua que aprendió”, añade Celant.

Paul Celan —de quien se conmemoran los 100 años de su nacimiento— escribía en un lenguaje hermético. “Era difícil alejarse del silencio después de vivencias como Auschwitz. Pero si Celan quería seguir denunciando en alemán, tenía que refundar la lengua”, escribió Theodor Adorno. Y Celan lo hizo. De ahí la profunda unión entre poeta y pintor, entre Kiefer y Celan, que denuncian y cuentan los horrores del Holocausto en un lenguaje no evidente, varias veces hermético. Pero con una extraña belleza, contemporánea y estremecedora.

Kiefer toma palabras sueltas del poeta y versos que lleva a sus pinturas. Hay títulos de Celan que cita textuales, muy evocadores; entre ellos el famoso “Flor de ceniza”. Las flores del poeta se trasladan a la mirada plástica del trabajo de Kiefer. Sobresale su pintura “Margarethe”, una de las más impactantes e inquietantes que hizo inspirado en “Fuga de la muerte”. Celan escribió ese poema basado en su vivencia en Auschwitz y compara allí a dos mujeres, Margarethe y Sukamith, que personifican al pueblo alemán y la otra al pueblo judío. Margarethe le escribe cartas de amor a un oficial nazi. Kiefer reproduce en su obra los dos últimos versos del poema: “Tu cabello dorado, Margarethe/ tu cabello ceniciento, Sulamith”. El artista hizo para esa pintura unas flores de paja, puso tierra, y las flores emergen de un suelo negro y terminan en una llama de pintura. “Esas flores, explica Anselm Kiefer, representan al pueblo alemán con sus trenzas doradas de paja, frente a la imagen del pueblo judío con su cabello de cenizas”.

Las flores, los girasoles que pinta o fabrica son símbolos para interpelar la historia. En tanto, contra la idea más reciente de que Alemania pudiera seguir construyendo material pesado de guerra, el artista imaginó campos invadidos de flores, que sugieren paz y citan a Celan y a Van Gogh. Una de esas obras está inundada con flores de amapolas secas. También las lleva a “Pasaje invernal”, en donde sobre un campo devastado se eleva en el cielo el rostro de una mujer, en medio de un humo que evoca los campos de exterminio. Entre sus esculturas recientes sobresalen las flores de metal que simulan caer mustias.

Los conceptos de Celan se transfiguran en la obra plástica del autor alemán en diversas materialidades como la arena, la tierra negra, la paja, el pelo... Las amapolas, los girasoles, el olvido y la memoria vienen del innovador poeta rumano. Ese gran autor de conmovedores y hermosos poemas como “Piedras”, “De viaje” o “Había tierra en ellos”, entre tantos más. Ese sensible y delicado autor a quien, finalmente, su vida en campos de exterminio le pasó la cuenta: se suicidó en 1970, a los 49 años, en el río Sena. Y su cuerpo fue enterrado en Thais, el cementerio de los pobres de París, mientras su lápida se mantiene cubierta por piedras como es la tradición judía. En ese año, 1970, Kiefer empezaba su nuevo lenguaje, en el que ha llegado, incluso, a enterrar gruesas obras matéricas bajo tierra, por años, para sentir el paso del tiempo y tal vez la propia historia de esas tierras. Tierras europeas de la posguerra en las que convivieron estrechamente un genial poeta rumano judío con otro eximio representante del mejor arte alemán y universal.

Desarrolla en sus obras pictóricas y en volumen un lenguaje evocador y hasta hermético.

Kiefer nació en el sótano de un hospital mientras bombardeaban su casa.

En Festival de Cannes

Anselm Kiefer también ha llegado al cine. Y protagonizó, este año, una de las proyecciones especiales del Festival de Cannes, en tiempos de pandemia. Se trata de un cuidadoso filme sobre su biografía y obra, dirigido por la realizadora Sophie Fiennes, en una coproducción del Reino Unido, Francia y de los Países Bajos (del año 2010).

El filme documental —con Kiefer como protagonista— parte en su asombrosa villa taller que compró hace décadas al sur de Francia y en donde ha levantado impactantes obras en medio del bucólico paisaje natural.

El documental se divide en tres capítulos y parte por su vida en Alemania. Luego se interna en su trabajo en la villa francesa: recorre su gran estudio y baja hacia túneles, pasa por bosques y obras del artista. Llega a esa decena de torres de gran tamaño y singular impacto (algunas que ha expuesto), que él construyó y emplazó allí como un ensamblaje de naipes de concreto.

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